Cultura

Un texto solo para los conocedores del Ulises, de Joyce

Por: Alondra Flores Soto / La Jornada

El escritor irlandés James Joyce edificó una fuga (forma musical del barroco), pero literaria, en el capítulo de las Sirenas de su novela Ulises, explicó la catedrática Luz Aurora Pimentel. «El lector, confrontado con el sinsentido, se ve obligado a volcarse en el oído, en la pura sonoridad de la lengua, y es ahí donde la estructura de la fuga se hace visible, o más bien audible».

En la novela son las cuatro de la tarde en un día en la vida de Leopoldo Bloom, protagonista de las 700 páginas que narran el transcurso de un 16 de junio en la ciudad de Dublín. Al pasar frente al hotel Ormond, ante las aguas del río Liffey, huye del canto de zozobra de las sirenas.

El episodio es «un verdadero acto de virtuosismo literario, musical y cartográfico, porque la fuga se escribe no sólo sobre las palabras que pueden representar a la música, sino con la proyección de las calles sobre un mapa virtual de Dublín, como si fueran las calles un pentagrama sobre el que se va a escribir esta fuga«.

Publicada en 1922 en París, «es acaso la novela más compleja y experimental del siglo XX; al ser un compendio vasto de técnicas narrativas escritas en inglés bajo los personalísimos parámetros estéticos de su autor«, con diferentes correspondencias al poema épico del griego Homero, consideró la profesora emérita de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien dictó la conferencia Las sirenas de James Joyce: Una cartografía musical.

Durante hora y media analizó minuciosamente el capítulo 11, que corresponde con el de Ulises cuando es tentado por el canto de las sirenas. La sesión de corte académico se transmitió en las redes sociales de la institución de educación superior.

Andamiaje de símbolos

En el Ulises de Joyce se retrata un día en la vida de Bloom, un hombre que recorre la ciudad buscando espacios publicitarios en los periódicos. De ahí el Bloomsday que se revive cada 16 de junio en la capital irlandesa.

Luz Aurora Pimentel señaló que «es en torno a esta historia tan banal que Joyce monta un formidable andamiaje de símbolos, redes intertextuales, correspondencias místicas y literarias; en pocas palabras, una urdimbre tan intrincada que la sencilla anécdota se convierte en uno de los más grandes retos de lectura que haya construido artista alguno«.

La imagen surge de una partitura de Bach, desplegada sobre el mapa de Dublín, sirvió para ilustrar esta interposición entre el sonido de las palabras y el recorrido por las calles en un juego literario que busca atraer al oído más allá del significado de los vocablos. La lectura de fragmentos en inglés permitió sucumbir ante la sonoridad, sin la necesidad de reconocer el lenguaje ajeno del inglés que suena desde la isla europea.

En reverberación al poema homérico, en el capítulo 11, las sirenas hacen un llamado a la perdición y desesperación. «Uno de los andamiajes más complejos es el de la música, traspuesta a la técnica y estructura narrativas que subyacen«, que el escritor irlandés definió como fuga per canonem. A la fuga se añade el modo complementario del canon, en el que hay varias voces y éstas tienden a relevarse y a superponerse.

Lo interesante, dice la doctora en literatura comparada por la Universidad Harvard, es que Joyce construye un espacio narrativo que se superpone al espacio mítico de la Odisea, tanto Ulises como Bloom pueden oír el canto de las sirenas sin sucumbir a ellas; el héroe griego lo hace atado al mástil de su barco, mientras el irlandés anclado a su silla en el hotel Ormond.

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