Las páginas de Joaquín Bohigas son el telón de fondo de una escenografía de estrellas donde la astronomía sustituye sombras inherentes al Universo con la brillantez certificada de las palabras
Y dentro de un manto de cristal se exhibía —urna o burbuja de resguardo—, con los remordidos flecos de su falda de algodón, además de una cinta que ajustaba la cabellera ya domada con elegancia pueril por su creador
Con las manos en la cabeza, visiblemente conmocionado, Alexander Dugin intenta reunir —en el lugar de los hechos— los restos esparcidos de su hija, Daria Dugina, de 30 años, asesinada en un atentado terrorista en Moscú
Al abrir las páginas del libro “Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo”, una vez más, la apuesta está ofrecida en no dejar una sola reflexión fuera de alcance de la lucidez, esa especie de impiedad licenciada en honestidad, vitalizando las personalidades de Natalia Ginzburg, Albert Camus y Thomas Mann
Espejos. Una historia casi universal” (Siglo XXI editores), del escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), maestro de los mil y un estilos del lenguaje, nos refleja los pensamientos de su propio libro: “Los espejos están llenos de gente. Los invisibles nos ven. Los olvidados nos recuerdan. Cuando nos vemos, los vemos. Cuando nos vamos, ¿se van?
Padre, tendría mucho que decirle. Pero ya es demasiado tarde, el ocaso es un puerto de partida —y no deseo entretenerle—, por lo que sólo agregaré lo siguiente: “Jamás aprendí de un hombre más que a usted”
Normal en el Reino Unido sepultar a los soldados muertos: “Al ser un país con colonias, tenemos cementerios por todo el mundo”.
En el parto de los sentidos, operado por Sócrates, Platón (el “místico” de espaldas anchas) encuentra la alegoría de la iluminación occidental: escapar de la cueva, salir, ver el Sol, abandonar, nacer… Bufonesco, el filósofo ágrafo (por decisión) solía enfatizar sobre Platón: “Si yo sólo sé que no sé nada, qué sabiduría puede escribir ese necio muchachito de mí”
El poeta Marcos Ana, se preguntaba “¿cómo es el beso de una mujer?”. Él, que había escrito: “Mi pecado es terrible; quise llenar de estrellas el corazón del hombre”
Cada uno de nosotros somos parte de un gran vocabulario que recoge las maravillas de la convivencia y del pensamiento. ¿Cuántos amorosos Sócrates hay desvariando ante nuestros jóvenes distraídos?