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El machismo y la homosexualidad no siempre están separados: David Pablos

Por: Mireya Cuéllar

Tijuana, 4 de junio.– En la víspera del recorrido por las salas comerciales de su película En el camino—que se estrenó en ese circuito—, el director David Pablos compartió con La Jornada Baja California el proceso de filmación, sus motivaciones, el casting y sus hallazgos .

Se dice entusiasmado del estreno comercial “porque por un lado ya es una forma de soltar la película, de ya liberarme de ella”, y recuerda la trayectoria que hizo su filme en los festivales de Venecia, Morelia, Guadalajara, Tijuana, Monterrey —en la Muestra Cine Queer—, cuyas funciones califica como “muy poderosas porque sí veo que la película conecta de una manera distinta en México”, tanto por el lenguaje, como porque retrata un país colapsado por la violencia y planteado desde la visión de los traileros.

El proyecto enfrentó prejuicios por tratarse de un tema gay —de hecho, eso mismo dificultó encontrar al protagonista—, sumado a que se desarrolla en el mundo trailero, de las adicciones y la violencia, lo que le complicó reunir los 20 millones de pesos que requería para la filmación.

De sus hallazgos, detalló cómo trabajar con actores «naturales» —personas elegidas entre una población que nunca se ha parado frente a una cámara— ha sido en sus obras una experiencia satisfactoria, como en En el camino, precisamente, cuyo protagonista «Veneno» —Víctor Prieto Simental— dio el perfil aunque iba como acompañante de su novio, quien pretendía el papel; antes Leidi Gutiérrez, de Las elegidas, quien ya ha participado en otros rodajes al quedarse en el mundo del cine tras su experiencia hace ya 11 años.

En entrevista con La Jornada Baja California, David Pablos consideró que el tema del machismo y la homosexualidad no necesariamente están separados. “De hecho van más de la mano de lo que uno creería, y el tema es que, hablando concretamente el contexto de mi película —que es el mundo trailero—, no existe tampoco una identificación de muchos de estos hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres; ellos no se identifican como homosexuales. No hay una definición.

“También está la idea muy machista de que solamente el penetrado es el homosexual y no el que penetra. Hay toda una serie de dinámicas que de alguna manera justifican o minimizan este tipo de encuentros sexuales: el que estén demasiado tiempo conviviendo con la soledad y que entonces la soledad es lo que justifica que exista este desahogo, o hay algo que a mí me llama mucho la atención, que es cómo el deseo masculino suele expresarse, y no solamente cuando es con otros hombres de esa manera velada, sino que tiene que haber algún tipo de sustancia también para que el acto pueda suceder”.

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Así se refiere al tema de las adicciones que aparentemente influyen en la relación entre “Veneno” y “Muñeco” —Osvaldo Sánchez, el único actor de carrera que participa en la película desarrollada en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde ambos se conocen en las llamadas “cachimbas”, esos espacios donde los traileros se detienen a descansar y comer en sus largos trayectos—.

“Tiene que estar de alguna manera adormecida la persona, ya sea a través del alcohol o de alguna droga, pero me es fascinante este tipo de interacciones y cómo es —vuelvo al tema de los contrastes— el machismo”.

—¿Pero será adormecida o desinhibida? —se le cuestiona.

—De las dos. Sí, es decir, muchas veces para que pueda ser desinhibida tiene que haber algo que permita esa liberación; por eso mencionaba el alcohol, por eso mencionaba las drogas.

Explorar el deseo masculino

“Acá en realidad es el deseo. Vaya, muchas veces ni siquiera se da una relación afectiva, sino el encuentro sexual como tal. A mí lo que me parecía interesante antes que la posibilidad de una relación de intimidad, la de una relación afectiva —eso que digamos no es la norma— es precisamente lo que yo quería abordar en la película En el camino”, explica el cineasta mexicano.

“Un encuentro que se da a partir de la soledad y, a partir de esa soledad, digamos, estas dos personas pueden ver sus heridas, pueden ver sus cicatrices, y eso es lo que los hace conectar.

“A mí lo que me interesaba era explorar el deseo masculino y cómo suceden estos encuentros, pero sobre todo explorar la posibilidad de una intimidad de dos hombres que intiman en un contexto en donde difícilmente puede suceder. También porque hay un tema —volviendo al machismo— en donde el hombre no es capaz o no se le permite expresar la vulnerabilidad, la debilidad”.

—¿Tú estás en una corriente de pensamiento, de ideas y social que está abordando este tipo de temas? ¿O todavía para hacer tu película lo viviste como algo disruptivo?

—Hay varias respuestas. Primero, hablar de lo que fue el proceso de hacer esta película. Ya lo he comprobado porque es la segunda película con temática LGBT; la anterior que hice es El baile de los 41, y ambas, aunque de distintas formas, fueron más difíciles de producir, de levantar y de financiar.

Es totalmente cierto, y eso me consta por experiencia propia, cómo hay muchos obstáculos. No necesariamente con las instituciones cinematográficas, sino con los contribuyentes: a la hora de buscar a la persona que te va a dar el dinero, ahí es donde mucha gente dice que no. Y simplemente porque es un tema gay —ya ni siquiera es una cuestión de ahondar en lo que plantea la historia, es nada más que es una temática gay—.

Ahora imagínate: con En el camino le agregas a eso traileros, adicciones, la violencia del país… estuvo muy difícil conseguir los contribuyentes, y tuvimos que hacerlo además en dos ventanas distintas para completar en ese momento los 20 millones.

Cine queer

Respecto a proyectos LGBT, cree que cada vez estas historias se van volviendo más específicas y cada vez además se van encontrando distintos temas que se desarrollan. Explica y señala que Pablo Cortés, director del Premio Maguey en Guadalajara, afirma que claramente hay tendencias y hay una evolución dentro del contenido del cine queer.

“Él mencionaba que en un inicio eran todo historias de hombres gays; eventualmente evolucionó a historias de lesbianas, ahora historias de personas trans, y dentro de ser trans hay muchísimas cosas que se están contando: la paternidad trans, las infancias trans».

“Entonces, creo que hay muchas historias que apenas empiezan a salir a la luz, y por otro lado, hablando específicamente también de mi proceso, creo que a mí me era muy importante con esta película no nada más contar historias del norte, sino contar historias de la diversidad en contextos que son pocas veces retratados, al menos en este país”.

David Pablos considera que las historias se han centralizado demasiado y se han acotado a cierto contexto —clase media en la Ciudad de México—, “y me parecía muy interesante voltear a ver la diversidad donde normalmente no es retratada, y además en contextos en donde todavía hay muchísima homofobia y muchísima violencia; genuinamente me parecía muy interesante entender cómo viven las personas en estos contextos”.

—Y el norte es una sociedad con mayores rasgos de machismo, por ejemplo.

—“Y en Ciudad Juárez, además. Yo esta película la casteé enteramente en Ciudad Juárez, y una de las cosas más complicadas fue llegar al perfil del personaje de ‘Veneno’. En la película es un joven de 20 años que se acuesta con traileros en las cachimbas y que además anda en malos pasos y está metido con gente que, digamos, tiene mucho poder”.

Ser gay abiertamente

Pablos recuerda las complicaciones para encontrar un perfil como el de “Veneno”, que viene de un barrio violento de Ciudad Juárez, porque se trataba de que se declarara abiertamente gay, lo que no es fácil en un lugar como esa frontera de Chihuahua.

“Realmente nos metimos a estos barrios de Juárez, a la periferia de Juárez, a castear, y era muy complicado encontrar un joven abiertamente gay. Muy difícil, precisamente por esto: porque en esos contextos sigue siendo bastante peligroso. Nadie lo es abiertamente porque están expuestos a muchísima violencia, e incluso aunque pudieran abrirse con nosotros, a la hora de pensar en la posibilidad de aparecer en la pantalla interpretando un personaje gay, eso los paralizaba y los aterrorizaba, y entonces muchos fueron desistiendo. Así que fue muy complicado encontrar este perfil, y eso habla precisamente de lo que te comento”.

“Actores naturales”, un hallazgo

—¿Qué pasa con estos experimentos de un director que va y trae personas de la sociedad que no son actores, como “Veneno”? ¿Se vuelven actores? ¿Se quedan con el personaje?

El director comparte que, además del elenco de En el camino —todo integrado por actores naturales salvo Osvaldo Sánchez (“El Muñeco” en la película)—, tiene la experiencia de la filmación de Las elegidas en Tijuana, en la que “toda la gente joven era primeriza, hombres y mujeres”.

“Cuando estamos haciendo Las elegidas, mi productor insistía mucho —y esto es algo que le agradezco que haya hecho, él habiendo tenido experiencia previa también de trabajar con actores naturales—; les decía mucho a mis niños, niñas de la película Las elegidas: ‘Disfruten la experiencia, lo que les va a dar va a ser muy enriquecedor; pueden pasar muchas cosas con la película’”.

Les decía que podrían continuar en la carrera o ser la única experiencia frente a la cámara, y debían considerar que aunque tuvieran un papel protagónico no significaba que “les fueran a abrir todas las puertas”.

En el caso de Las elegidas, “corrimos con mucha suerte: estrenamos en Festival de Cannes, hubo un recorrido muy largo en festivales; las niñas viajaron conmigo a festivales. De alguna manera se les abrió el mundo, lo mismo que ahora pasó con Víctor Prieto, que nunca había salido de Ciudad Juárez”, recuerda y se refiere a Leidi Gutiérrez.

“A Víctor [Prieto] me lo llevé a Venecia, a Italia. Lo que más le sorprendió fue ver el mar por primera vez: nunca había visto el mar siendo de Juárez. Y pienso en la gran experiencia de vida, la gran oportunidad que les brinda no solo de conocer el mundo, sino de llevar un proceso creativo”.

Todo mundo debería actuar alguna vez

“Yo creo que hay algo muy terapéutico en la actuación. Yo creo que la actuación es algo que todo el mundo debería hacer en algún momento de su vida por lo que representa, y algo que a mí me llena de orgullo es ver los procesos que estas personas tienen cuando hacen la película».

“Todos ellos y ellas eran una persona muy distinta al empezar el proceso de ensayos, a quienes eran cuando terminamos la película. Yo veía cómo había una manera distinta de plantarse en el día a día. Había una manera distinta de expresarse, de hablar, de observar incluso. Empezaban a conocer cosas de sí mismos que no sabían que estaban ahí, latentes, y hay algo que a mí me maravilla y también me llena de orgullo: ver sus procesos y ver cómo ese diamante en bruto de repente empieza a brillar y sale todo eso que de alguna manera yo identifico y sé que ellos o ellas tienen”.

Proceso para un actor nuevo

—¿Por qué crees que es mejor trabajar con personas que nunca han actuado en lugar de hacerlo con alguien que ha tenido una formación para desarrollar un papel?

—Depende del tipo de película que quieres hacer; eso es lo que para mí determina el que trabaje o no con actores naturales.

“En el caso, por ejemplo, de Las elegidas, al decidir filmar en Tijuana, eso ya para mí marcaba de inmediato el hecho de que ‘voy a trabajar con actores naturales’, porque acá en Tijuana no hay —o al menos en ese entonces no había— realmente escuelas de actuación para gente tan joven. Así que decidí encontrar jóvenes en las secundarias, en las preparatorias, porque además me interesaba retratar una forma de hablar, una forma de habitar la ciudad; me interesaba retratar la ciudad a través de su gente, y hacer eso si trabajas con alguien que no pertenece —en este caso Tijuana o el norte— implica mucho trabajo».

“En el caso de En el camino, la razón por la que decido trabajar con actores naturales, casi en su totalidad, es porque yo visité los espacios que se retratan en la película: visité las cachimbas, las carreteras, y yo veía un cierto tipo de rostros y un cierto tipo de personalidades y de interacciones que me parecían fascinantes, y yo quería tratar de eso que estaba viendo, replicarlo de la manera más fiel posible en la pantalla”.

Otro elemento para elegir a actores naturales es el acento: “muy difícilmente un actor, aunque sea un buen actor, puede hacer un buen acento del norte… es muy fácil caer en clichés o en obviedades, y honestamente creo que la mayoría de las películas mexicanas retratan una manera muy caricaturesca al norte y los acentos terribles”, refiere el director de cine.

“Quería que se sintiera un tono casi documental respecto a la gente que vemos en pantalla; hay unas caras que son tan duras, que son tan fuertes, que son tan contundentes… hay caras que cuentan una historia y de inmediato te contextualizan, te sitúan en un lugar, que hacen toda una diferencia, que traen un peso muy grande, y esas son las caras que yo quería tener para la película”.

David Pablos aclara que “no digo que un actor no pueda hacer muchas cosas, pero requiere mucho trabajo, y de nuevo, por el tono de la película, yo preferí buscar esa gente que ya es, que solo hay que ponerla frente a cámara. Que aunque diga ‘ya es’ [el personaje], eso no significa que no se necesite un trabajo, porque hay que hacer mucho trabajo para prepararlos y para que puedan plantarse frente a cámara y estar cómodos.

“Creo que uno de los grandes errores con los actores naturales es que se les encuentra y no hay procesos; de inmediato ya se les pone frente a la cámara y les dicen ‘¡acción!’, y esta gente no tiene idea de lo que está haciendo, y creo que eso se nota. Para mí eso es importante: el mundo interno y cómo se va abordando un personaje y la verosimilitud”.

Elegir a los actores naturales es todo un proceso que para En el camino y Las elegidas requirió alrededor de dos meses. “Cuando uno castea ya sabe que esa persona va a ser capaz de lograr hacer ese personaje e ir a todas esas capas y lograr esa profundidad. Por eso me gusta pasar tanto tiempo en el proceso de casting”, afirma y explica que para muchos directores la selección del elenco es la mitad del trabajo.

Como referencia, recuerda que en la película McCabe & Mrs. Miller, del estadounidense Robert Altman, “el gran villano” era un banquero amigo del director, quien destacaba por su presencia.

—¿Dónde buscas a los actores naturales? ¿Vas haciendo casting por la ciudad?

—“Donde sea. Sí, en el caso de Las elegidas, el casting lo hizo Luis Rosales, que ahora se volvió un director de casting muy cotizado. Y en el caso de En el camino es un amigo fixer venezolano que se llama Eduardo Giralt, y es eso: salir a la calle y buscar gente. Claro, por los perfiles de cada película entendemos los lugares a los que hay que ir a buscar estos perfiles”.

Para En el camino se visitaron bares gays del centro de Juárez, se recorrieron “ciertas zonas de la periferia”, y para encontrar los perfiles de jóvenes gays se contactó gente. “Es como una cadenita: una persona te va llevando a la otra hasta que aparece la gente indicada».

“En el caso de Víctor, por ejemplo, él llegó azarosamente. Pusimos carteles en bares gays del centro de Juárez en donde se decía que buscábamos gente sin experiencia actoral de tales edades, con tales perfiles, y el novio de Víctor es quien ve la publicidad y él quiere hacer el casting. Víctor lo acompaña, y pues en cuanto mi director de casting ve a Víctor, le dice: ‘Ven, tú también’. Víctor no quería hacer casting, y es el que se quedó”.

Para hacer la elección se preguntan las historias de vida, quiénes son; se les hacen cuestionamientos muy puntuales “que me hacen ver, por un lado, el mundo interno de esta persona, el bagaje que tiene, qué cosas lo han marcado, y le hago preguntas que se relacionan con el personaje y con la historia que voy a tratar”.

Parte importante es alguna pequeña improvisación, y aunque cometan errores se ve la disposición, cómo juegan, su potencial y cómo están abiertos a jugar.

Resultado de su paso por la pantalla sin haber cursado carrera actoral, hay casos como el de Leidi Gutiérrez, integrante del reparto de Las elegidas. A decir de David Pablos, es una carrera, una trayectoria exitosa en la que ha hecho varias series de televisión, películas y la serie Señorita 89.

A Víctor Prieto también “le salió” una película que está a punto de empezar a filmar. “¿Y sabes lo que es muy fuerte? Que aunque estén muy verdes en el momento, que estén llenos de imprecisiones y de torpezas, pero tú sabes qué es esa persona, y siempre me ha pasado con Víctor, con Nancy, con Leidi”.

Con el pie derecho; “soltar la película”

—¿Cuál ha sido el proceso o el camino de tu película? ¿Cómo le ha ido?

—Muy bien. Estrenamos en el Festival de Cine de Venecia con el pie derecho. Nos dieron dos premios: Mejor Película en la sección de Horizontes, que es donde competíamos, y el premio Queer Lion. Esto en septiembre de 2025.

“Desde Venecia para acá llevamos como 40 festivales alrededor del mundo, y 10 premios”, incluye también el del Festival de Cine de Miami a Mejor Película.

David Pablos aclara que el hecho de considerar que la película “conecta” de una forma especial en México no significa que no ocurra en otros países, pero “hay algo que percibo aquí en México que es mucho más visceral y que es mucho más profundo”, y puede estar relacionado con el lenguaje, que se entiende mejor, y “por otro lado, creo que la película, más allá del tema LGBT, retrata la realidad de un país colapsado por la violencia, y lo retrata desde la visión de los traileros.

“Y yo creo que hay algo ahí en donde se tocan fibras muy sensibles, porque es un tema que a mí me importa mucho: la cotidianidad de la violencia, la normalización de la violencia. Entonces, sí creo que todos estos aspectos que te digo hacen que aquí la película se perciba con una densidad y con una profundidad que me sorprenden, y que sí veo cómo la conexión es otra aquí en México. Entonces, estoy muy entusiasmado”.

Vamos a ver qué pasa…

David Pablos (Tijuana, 1983). Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica y cursó una maestría en Dirección y Guionismo en la Universidad de Columbia.

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