Reseña de Presente oculto, de Leonardo Gutiérrez Arellano
El 5 de septiembre de 2026 las autoridades de Baja California clausuraron la Clínica Jireh en Tijuana, un conocido centro de rehabilitación vinculado con la Patrulla Espiritual, el polémico grupo que “rescata” a “tazos dorados” de las calles para reformarlos en el nombre de Cristo. La razón: días antes asesinaron a un interno dentro de la clínica.
Lo que acabo de describir forma parte del panorama de notas rojas que puebla los medios y es el día a día de la realidad mexicana. Gracias a la literatura, específicamente a la narrativa, podemos observar esos escenarios con ojos distintos, más mordaces y más honestos. Es el caso del libro de relatos Presente oculto de Leonardo Gutiérrez Arellano, publicado por las ediciones de Punto de Partida de la Universidad Nacional Autónoma de México. Las historias del libro no se sitúan en Tijuana, sino en Jalisco. Pese a tal distancia se percibe que los eventos casi siempre trágicos que marcan las tramas pudieran haber ocurrido en cualquier esquina, de cualquier colonia periférica del país.
Aquí hay hermanas que se aprovechan para estafar a un anexo recién abierto mediante un negocio naturista; productores musicales atormentados por su pasado que por encargo convierten a un joven “bajado del Cerro de la Estrella a guitarrazos” en una estrella musical; empleados de un call center que ven cómo su trabajo se convierte en un esquema piramidal para personas con mentalidad de tiburón; médicos legistas que diseccionan los cadáveres que riega el narco y se reclutan a un cártel.
Gutiérrez Arellano sorteó con destreza los sesgos y pendientes sobre los cuales se puede caer fácilmente al tratar temas tan delicados como la pobreza, la precariedad laboral, las desapariciones y asesinatos, y lo hizo al volverlos, no el centro de sus historias, sino el paisaje social en el que se desarrollan.
En el corazón de los relatos palpita el concepto que une todo el compendio. La protagonista del primero recuerda las palabras de Octavio Paz que un profesor de secundaria les leía. “Ni adentro ni afuera, ni antes ni después: el pasado reaparece porque es un presente oculto”. Para reforzar más este concepto, el autor se sirve del símbolo del uróboro, esa serpiente que forma un círculo al morderse la cola. ¿Y acaso esa no es la imagen de la violencia, clasismo, etc, un sistema de opresión que se canibaliza a sí mismo?
Esto se puede apreciar en todos los relatos, en mayor o menor medida. En donde considero que mejor funciona es en el segundo titulado “Kevin no era Kevin”. El productor musical explica que su papá le pagó la entrada a un conservatorio de música tras ganar una demanda luego de sufrir una quemadura de segundo grado en su trabajo en el restaurante de un Club de Golf. “De su palma frita brotó la fracción de la factura que una beca condescendiente no cubría”, afirma al recordar su historia. Más tarde, cuando logra que el artista que manufacturó, tras moldearlo a las exigencias del mercado, toque en el Palacio de Bellas Artes, él sufre un accidente debido a que la infraestructura de iluminación explotó muy cerca de la butaca donde estaba sentado. Con frialdad ominosa, el protagonista expresa: “En silencio, vi mi mano arder”.
Este elemento trasciende las fronteras individuales de cada texto para marcar la lectura completa, ya que la mayoría de las historias tienen una continuación y un cierre en el penúltimo relato, “No fue culpa de México”, en el que a través del trabajo con los cadáveres del médico legista regresamos al anexo y a la masacre de sus internos, al multihomicidio de los raperos, cruz con la que carga el productor musical, o al dueño del call center y cabeza del esquema piramidal que hacía algo más siniestro que vender suplementos. Múltiples líneas argumentales y personajes se dan cita en este cuento, en el que Gutiérrez Arellano explora una narrativa de más largo aliento y de varios puntos de vista, que constituye una suerte de clímax del libro. Mi reparo en este punto es que el autor elige intercalar dos líneas narrativas expresadas con personas gramaticales diferentes, pero los cambios constantes de focalización terminan restando claridad al texto.
Una de las fortalezas a destacar es el humor. Este se manifiesta como una necesaria vía de escape, la catarsis que brinda aire fresco a los personajes en medio de la asfixiante impunidad. Actualmente existen obras que abordan la violencia y la precariedad con mirada solemne. Aquí también se tocan estos tópicos con seriedad, pero el aspecto que se antoja refrescante es la capacidad crítica de diseccionar la actualidad con luminosa ironía. Es a través de este tono satírico que el texto abreva de una tradición nacional marcada sobre todo por autores como Jorge Ibargüengoitia. Conversando con el autor, él confiesa que otros escritores que influenciaron en este libro son Mijaíl Bulgákov y G.K. Chesterton.
No es casual que casi todos los protagonistas estén ligados a la ciencia de una u otra forma. Esto se debe a la formación de divulgador científico de Gutiérrez Arellano, que se puede notar sobre todo en la precisión con la que arma sus oraciones. Sin embargo, por momentos el nivel detalle sacrifica la experiencia del lector, ya que las constantes referencias al mundo médico, científico y químico llevan a pausar la lectura para buscar el significado de palabras como “epigastrio”, “baldado”, “sarín” o “tegumento”.
En cambio, es de reconocer que el estilo cobra una dimensión más poética y bien lograda mediante imágenes como las siguientes: “(…) tenía los ojos sumidos en el pasado. Eran, apenas, un par de cráteres de los que se escapaba un rumor de luz opaca”; “Pienso que el pasado es un signo en busca de interpretación”.
Por su exploración de la crueldad humana con la más cínica de las sonrisas, la obra recuerda a los libros de cuento de Enrique Serna, como Amores de segunda mano o La ternura caníbal. Por su retrato descarnado de la violencia, las anécdotas evocan a las crónicas de Aquí no es Miami o la novela Temporada de huracanes, ambas de Fernanda Melchor. Y por su cuidado estilístico, humor negro y unidad conceptual, se puede afirmar que Presente oculto es un libro capaz de transformar las tribulaciones que azotan al país en una escritura que transgrede, sacude y, ¿por qué no?, arranca un par de carcajadas.
Leonardo Gutiérrez Arellano, Presente oculto, Ediciones de Punto de Partida UNAM, México, 2026, 130 pp.




