Primarias de 2026: surgen primeras señales de un electorado que empieza a cambiar de humor
Las primeras elecciones primarias del ciclo electoral de 2026 en Estados Unidos, celebradas este martes en Texas, Carolina del Norte y Arkansas, ofrecen el primer indicio político sobre el estado de ánimo del electorado de cara a la renovación de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos en noviembre. Actualmente, los republicanos mantienen una mayoría muy estrecha de 220 escaños frente a 215 demócratas, lo que significa que un pequeño movimiento electoral podría modificar el control legislativo en Washington.
De acuerdo con los reportes de la prensa local, el dato más relevante de esta primera jornada es el cambio en la participación y movilización electoral, especialmente en Texas. En ese estado, tradicional bastión republicano, la participación en las primarias demócratas creció de forma notable respecto a los ciclos anteriores, superando incluso el número de votos anticipados registrados por los republicanos. Este aumento refleja una mayor movilización de votantes que buscan disputar distritos competitivos en la elección general.
En Carolina del Norte, uno de los estados más disputados del mapa político estadounidense, las primarias consolidaron candidaturas con capacidad de competir en noviembre. El exgobernador demócrata Roy Cooper emerge como una figura relevante en el escenario electoral, mientras que el Partido Republicano impulsa a Michael Whatley, cercano al entorno del presidente Donald Trump. Este estado será nuevamente clave para medir el voto moderado y suburbano que suele decidir el resultado de elecciones federales.
El contraste aparece en Arkansas, donde el predominio republicano continúa siendo claro y figuras como el senador Tom Cotton o la gobernadora Sarah Huckabee Sanders enfrentan escasa competencia interna.
Lo que se espera
Aunque las primarias no determinan el resultado final, sí revelan tendencias iniciales. La movilización demócrata en estados competitivos y la estrecha mayoría republicana en la Cámara sugieren que la elección legislativa de noviembre podría ser altamente disputada. Si los demócratas logran mantener el nivel de participación observado en estas primeras primarias, el control de la Cámara de Representantes podría convertirse en uno de los principales puntos de competencia política en el segundo mandato del presidente Trump.
PIEZAS SUELTAS
1. Millones de USD para cerrar Caso Epstein, pero no las preguntas
La aprobación preliminar de un acuerdo por hasta 35 millones de dólares entre el patrimonio de Jeffrey Epstein y mujeres que lo acusaron de explotación sexual muestra hasta qué punto la justicia estadounidense intenta cerrar con compensaciones económicas uno de los escándalos más oscuros de su élite financiera y política. El dinero puede resolver demandas civiles, pero no disipa la sospecha central que persiste desde la muerte del magnate en 2019: durante años operó una red de abuso con múltiples colaboradores y contactos poderosos que, en gran medida, nunca enfrentaron consecuencias judiciales. El acuerdo paga daños, pero deja intacta la pregunta que sigue incomodando a Washington, Nueva York y a varias capitales más: quién más estuvo cerca de Epstein y logró salir indemne.
2. Epstein vuelve a colarse a Washington
Y ya que estamos con los archivos Epstein, ahora fue el ex presidente Bill Clinton quien soltó un detalle que pone nuevamente a Jeffrey Epstein en el centro del murmullo político en Washington: bajo juramento, el expresidente contó que Donald Trump le dijo en un torneo de golf a principios de los años 2000 que había pasado “algunos buenos momentos” con el financiero antes de que su relación se enfriara. Clinton también afirmó que nunca tuvo conocimiento de las actividades criminales de Epstein. El comentario no implica acusaciones legales contra ninguno de los dos, pero recuerda hasta qué punto el multimillonario se movía con soltura entre figuras del poder, la política y el dinero. El testimonio quedó registrado en una declaración grabada presentada ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes y difundida en la señal del Congreso estadounidense, C-SPAN.
3. Venganza presidencial
Según dijo Donald Trump él ordenó atacar al líder iraní Ali Khamenei porque “lo atrapó antes de que él lo atrapara”, deja al descubierto algo que rara vez se admite con tanta crudeza en la política internacional: las guerras también pueden tener un motor personal. En entrevista con ABC News, el presidente vinculó por primera vez la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel con las amenazas iraníes contra su vida, que Washington atribuye a represalias por el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020. El problema es que, aunque fiscales federales han acusado a intermediarios vinculados a Irán de presuntos planes de asesinato, no existen pruebas públicas que conecten directamente a Teherán con los intentos de matar a Trump en 2024. Aun así, el propio presidente convirtió la guerra en una frase de duelo personal. Y cuando la geopolítica empieza a explicarse en términos de “lo atrapé primero”, la línea entre estrategia de Estado y vendetta política se vuelve peligrosamente delgada.




