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Opinión

Musa Verde | Siglo xxi: Drones y Clones

Por: Horacio de la Cueva

Hemos vivido ya una quinta parte del siglo xxi, podemos diferenciar la tecnología y los descubrimientos que se quedaron en el siglo xx de aquellos que aún nos acompañan o se han desarrollado en este siglo. Hablemos de drones y clones, de percepción remota y biotecnología, de calentamiento global y sustentabilidad.

La conversación tiene un gran comienzo. Naief Yehya (NY) abre con Mundo Dron, Breve historia ciberpunk de las máquinas asesinas de la colección Debate de Penguin Random House. Yeyha construye a través de su trabajo de crítico e historiador del cine, investigación literaria y una gran perspectiva una narrativa de cómo llegamos al mundo de hoy.

Para concordar con la tesis de NY debemos suponer que los drones de uso militar son aceptados por la sociedad —occidental y judeo-cristiana— gracias a la aparición en el cine de las películas de Blade Runner, Alien y Terminator. La tesis se sostiene, el cine forma y define realidades. Sin embargo, NY nos deja entre espejos confrontados, se reflejan al infinito, pero no analizan el dilema de creación de la realidad: Somos, en parte, las películas que vemos, pero la realidad es más rica que sus películas. ¿Qué realidad debemos crear y aceptar?

Así como podemos crear un Mundo Dron, también podemos asomarnos a Hasta el fin del mundo (1991) de Wim Wenders, donde la percepción remota es vigilante ambiental. Vivimos el contraste de una cultura de vida y una de muerte. Construir cualquiera de las dos realidades es posible. ¿Cuál es la deseable y para quién?

A finales del siglo xx la biotecnología empezó a producir clones, organismos que son copias genéticas idénticas a su madre. La industria quería utilizar a los clones como fábricas vivas de medicamentos y vacunas. Dolly, la oveja clonada murió y con ella esa industria. En lugar de clones tenemos fábricas que con  bacterias, hongos y virus producen medicamentos y vacunas, con ganancias gigantescas.

Nuestra imaginación, inspirada por el Frankenstein de Mary Shelley —citado diestramente por NY en su libro—, dio rienda suelta a clones en la literatura y el cine. Los clones, seres extraños pero jamás únicos.

La historia natural del siglo xix que contemplaba, amaba y describía a la naturaleza se convirtió en las ciencias de ecología, fisiología y evolución en el siglo xx, en donde el organismo y su entorno son sujetos experimentales. En el siglo xxi la biología es una empresa reduccionista argumentado que la explicación a nivel molecular es suficiente para entender procesos desde  intracelulares hasta las adaptaciones de los organismos al cambio climático. Esta respuesta se queda corta.

La civilización occidental ha desarrollado herramientas y técnicas que pueden usarse para crear o para destruir; para privilegiar a pocos o beneficiar a muchos, siempre acompañadas de una religión o filosofía que las cree y justifique.

Los clones y los drones, nuestras herramientas y tecnologías son espadas de dos filos. El filo utilizado depende de quién sostiene la espada;  quien sostiene la espada ha llegado hasta allí no sólo por sus genes, también por el ambiente que lo formó.

En la educación occidental mantenemos —apenas— el espíritu jónico de Parménides donde la mejor alabanza es la crítica y la realidad se sobrepone a la percepción. Esta actitud nos ha permitido condenar el uso abusivo de herramientas y tecnologías y desarrollarlas.

También creamos arte, literatura y cine (ficticio o documental) que, como lo demuestra NY, juegan un papel importante en nuestro entendimiento y expectativa de lo que puede y debe ser. ¿Queremos un mundo verde y  sustentable con tecnologías apropiadas o uno apocalíptico de replicantes, tecnologías opresivas y  sin democracia?

Cada vez hay menos razones para un mundo centralizado. Tenemos tecnologías para generar energía en casa, capturar agua de lluvia y tratar nuestras aguas residuales. La pandemia liberó tráfico al forzarnos a trabajar desde casa, reduciendo la contaminación. Sin embargo, trabajadores esenciales y los que viven al día no pudieron escapar de la pandemia.

Escapar del Mundo Dron no será fácil, pero debemos evitar que la muerte caiga del cielo en cualquier momento, la realidad de que tu vida está en manos de alguien a miles de kilómetros cuya salud mental nadie puede garantizar. Si permitimos ese mundo, todo el planeta está condenado.

Mis pocos lectores sabrán que no soy pesimista, planteo soluciones, idealistas tal vez, pero soluciones que nos lleven a un mundo sustentable y abierto. El Mundo Dron es sólo otro reto.

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