Opinión

Musa Verde | Numeromanía

Por: Horacio de la Cueva

Una característica importante, pero no única, de los trabajos en ciencias es su capacidad de cuantificar los eventos naturales para la comprensión y predicción de eventos futuros.

En esta época de huracanes y un El Niño que se predice que será el más grande en mucho tiempo, podemos predecir la intensidad de ambos porque medimos la temperatura de la superficie del océano. Los océanos más calientes de lo normal dan energía a los huracanes, haciéndolos más devastadores. La predicción de un El Niño intenso está basada en la tendencia al calentamiento de las temperaturas superficiales de la costa del Pacífico del Ecuador hacia los polos.

Predecimos las consecuencias del cambio climático en proporción al exceso de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Sabemos con certeza cuántos huracanes de grado superlativo tendremos esta temporada. ¿Tenemos campañas de prevención contra los efectos de los huracanes? ¿Hemos tomado las medidas necesarias para un El Niño extraordinario, dada nuestra experiencia anterior? ¿Hemos regulado los asentamientos humanos para asegurar que se alejen de los sitios de inundaciones súbitas?

La cuantificación es una característica sin la cual los artículos científicos de física y química no pueden existir. La vemos en otras ciencias naturales y exactas, aunque en muchas de ellas, como en geografía, geología y las ciencias biológicas, una descripción de un evento o un fenómeno garantiza la publicación de un artículo.

Describir una nueva especie, el proceso del piquete o mordida de un insecto o el desarrollo de un tumor o una crisálida son temas de publicación en las ciencias biológicas. Hay un problema: las ciencias, para ser ciencias, no solo deben describir y cuantificar, también deben predecir.

En farmacología, una medicina que no especifique una dosis no sirve, no se puede vender en el mercado. Hay modelos y predicciones cuantitativas de sus efectos benéficos y secundarios, aunque no se entiendan del todo los mecanismos. No hay casa, edificio o puente que se construya sin los cálculos para que la construcción resista tormentas, huracanes o temblores. No abordaríamos un camión, auto o avión si no confiáramos en los cálculos y pruebas que se hicieron.

A la vida, nadie ni nada la midió o la predijo, pero ha evolucionado. No evolucionará hacia la perfección —no existe, y si existiera, sería temporal—. El mundo cambia y las especies siguen los cambios o se extinguen.

Para convivir con la vida y sus procesos, nos hemos visto obligados a describirla y cuantificarla; hacemos predicciones de qué pasa cuando interferimos con los procesos naturales. Hemos desarrollado formas de cuantificar la vida. Los procesos demográficos —crecimiento de poblaciones— son bien conocidos. Los actuarios los usan para predecir cuántas camas de hospital se necesitarán o cuánto debe cobrar una aseguradora y a quién para maximizar sus ganancias y disminuir su riesgo. También usamos esos modelos de poblaciones para determinar qué es una pesquería sustentable.

Hemos desarrollado índices para medir diversidad y riqueza de especies: cuántas hay y qué tanto varían en número entre una y otra. Podemos comparar ecosistemas y evaluar su estado de conservación. Usando estos índices y estimando cuántos organismos hay por especie, podemos predecir, en buena medida, cuál será el impacto de un desarrollo y qué se debe hacer para minimizar y remediar los daños.

Cuantificar la naturaleza no sirve para predecirla si no entendemos los procesos que en ella se dan. He arbitrado artículos en revistas científicas que presentan datos numéricos y cualitativos para su uso en programas de computación que calculan estos y otros índices, cuantifican y clasifican el número de estudios: miden la relación entre edad de personas y uso de parques, las interacciones entre insectos y granjas, la distribución de aves en un gradiente de altura, el uso de áreas protegidas por vertebrados, el desarrollo histórico de la conservación y sus efectos en reservas y humanos, el efecto de la introducción de agua a una región y más. Usan programas analíticos, pero pocos entienden qué hacen estos programas y cómo pueden usar los análisis para entender cómo se han modificado los procesos, cuáles son los efectos naturales, los antrópicos o los resultados espurios de un mal análisis. Un número no es la verdad; es otra herramienta que nos lleva a entender y conservar o destruir la naturaleza. Sin amor por la vida, sin biofilia, estos números no son solo abstracciones; son inútiles y hasta peligrosos.

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