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Opinión

Monsiváis, el musical / Carlos Martínez García

Por: Carlos Martínez García

En sus 15 años El Estanquillo baila el vals Monsiváis, el musical. El museo, cuyo acervo está conformado por miles de objetos coleccionados por Carlos Monsiváis, se ha posicionado en década y media como referente cultural de la Ciudad de México y celebra el cumpleaños con una espléndida muestra sobre los gustos musicales del gran cronista.

En su precoz autobiografía, publicada en 1966, Monsiváis refiere un hecho fundamental en la formación de su identidad y posterior identificación con las causas en favor de los derechos humanos: haber nacido «del lado de las minorías» religiosas; particularmente de formarse en el seno de una familia «esencial, total, férvidamente protestante». Por lo anterior su desarrollo fue excepcional en un contexto cultural y religioso dominado por el imaginario católico. El infante Monsiváis tuvo plena conciencia del significado de pertenecer a una minoría religiosa, ya que, rememoraba, “en el contacto semanal con quienes aceptaban y compartían mis creencias, me dispuse a resistir el escarnio de una primaria oficial donde los niños católicos denostaban a la evidente minoría protestante siempre representada por mí” (cursivas CMG).

Además de la cotidiana lectura de la Biblia en la versión traducida por Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, el infante Monsiváis asimiló bien la tradición protestante de cantar himnos

En distintos momentos dejó constancia de ello, por ejemplo, en la citada autobiografía cuando menciona el éxodo familiar: “Muy niño fui llevado en una emigración terrible, de La Merced a la colonia Portales, por la calzada de Tlalpan. Imagino esa diáspora a la luz de John Steinbeck, John Ford y Las viñas de la ira. Un carromato polvoso, una familia apiñada que entretiene la odisea cantando himnos [protestantes], pruebas del cielo bajo la forma de agentes de tránsito y al final Canaán-Portales, la tierra prometida donde los hijos crecerán en paz, sin el espectro del hambre y la intolerancia”.

Otra vez evoco su autobiografía, la cual inicia con el título Firmes y adelante, huestes de la fe. Quienes desconocen la himnología protestante podrían pensar que se trata de una ironía de Carlos, pero no, es la primera línea de un himno muy popular en las comunidades protestantes hispanohablantes. La pieza original en inglés (Onward, Christian Soldiers) la compuso en 1864 el pastor anglicano y literato Sabine Baring-Gould. La tonada es autoría de Arthur S. Sullivan, la versión en español la hizo Juan Bautista Cabrera, converso al protestantismo en 1863 y en 1880 elegido primer obispo de la Iglesia Reformada Española.

Quien esto escribe le preguntó a Monsiváis sobre algún recuerdo que le trajese el himno Castillo fuerte es nuestro Dios, de Martín Lutero. A lo que respondió: “Bueno, me gusta mucho, mucho menos que Firmes y adelante. Para mi generación Firmes y adelante era el himno de batalla, no Castillo fuerte, éste tenía una resonancia de otro tipo, sin el despliegue de Sullivan, que convierte a Firmes y adelante en pieza de resistencia de los sentimientos épicos del protestantismo”.

Monsiváis hablaba con gran entusiasmo y admiración de Mahalia Jackson, de su estremecedora voz e insuperable interpretación de Amazing Grace. Cuando un tanto ruborizado le dije que no conocía el himno en la voz de Mahalia, me invitó a su casa para ver un concierto en video de la magnífica cantante. En otra ocasión le comenté que en Radio Educación estaban transmitiendo un programa con muy buena selección de música gospel, estuvo de acuerdo y agregó que él había prestado los discos y seleccionado los cantos.

Pavel Granados, director de la Fonoteca Nacional, es el curador de la exposición que incluye la relación entre Carlos Monsiváis y el gospel, el género ranchero, la música clásica, los villancicos, el jazz, la trova yucateca y el bolero. Pavel acierta al considerar que “la música ocupó un papel central en el pensamiento de Carlos […]. La iglesia protestante le da un lugar primordial a la educación musical, de tal manera que Monsiváis aprendió a cantar de niño y fue un gran conocedor de los himnos protestantes […]; la formación musical de Monsiváis, que tiene que ver con su tradición religiosa, estructura su pensamiento: la belleza literaria de la Biblia Reina-Valera, la música como educación primordial y la formación política en defensa de las minorías” (https://www.jornada.com.mx/notas/2021/11/22/cultura/museo-del-estanquillo-celebra-15-anos-con-la-muestra-monsivais-el-musical/).

En la temporada de Navidad era infaltable en casa de Carlos el magistral oratorio de Georg Händel, El Mesías. Finalmente, hace tres días, en el primer Domingo de Adviento, ocurrió el deceso de un gran amigo desde la adolescencia, y también de larga amistad con Monsiváis: Esteban Cortés Solís. Con ambos me levanto y, en memoria de ellos, canto emocionado Firmes y adelante, huestes de la fe. «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1 Cor. 15:55).

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