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Opinión

México-EU: encuentro auspicioso

Por: La Jornada

En su visita a la Casa Blanca, el presidente Andrés Manuel López Obrador urgió ayer a su homólogo estadunidense, Joe Biden, a “ordenar el flujo migratorio y permitir la llegada de obreros, técnicos y profesionales de distintas disciplinas, mexicanos y centroamericanos, con visas temporales de trabajo”, a fin de impedir que la economía de la superpotencia se paralice por falta de mano de obra, y en particular para asegurar que se cuente con los trabajadores necesarios para llevar adelante el plan masivo de infraestructura impulsado por el demócrata.

Asimismo, le recordó “de manera respetuosa” que es indispensable “regularizar y dar certidumbre a migrantes que desde hace varios años trabajan honradamente y contribuyen al desarrollo de esta gran nación”. Además, le propuso trabajar en conjunto para reducir los precios de los combustibles en Estados Unidos y fortalecer el comercio mediante la reducción de aranceles no contemplados en el T-MEC. En respuesta, Biden confió en que es posible resolver la situación de ambas economías trabajando con su interlocutor, y se dijo “ansioso” por abordar los puntos presentados por López Obrador.

El encuentro tiene importancia por su propio contenido, pero también por producirse en medio de una profunda crisis multidimensional que somete a ambos países y al resto del mundo a grandes presiones y peligros: hay problemas globales de gran calado en los frentes económico, migratorio, sanitario e incluso bélico, y es de celebrarse que en semejante contexto se dé un espacio para el diálogo y el entendimiento. En este sentido, son destacables las expresiones de confianza mutua entre los gobernantes y la voluntad manifestada para trabajar en la resolución de los desafíos comunes. Especialmente caluroso fue el intercambio de elogios entre López Obrador y la vicepresidenta Kamala Harris, quien calificó de “enorme placer” recibir a su “amigo”, y fue descrita por su invitado como “una mujer con principios, inteligente, honesta, partidaria de la igualdad”.

En un contexto de respeto a la soberanía nacional como el que se ha construido en los años recientes, la buena relación con el gobierno del país vecino resulta positiva para México, pues está claro que nuestro país no puede deslindarse de los vínculos geográficos, políticos, económicos, culturales, demográficos y de toda índole con la superpotencia, por más que la historia compartida esté marcada por una inocultable asimetría, así como por las agresiones y las injerencias de Washington.

Ante semejante desarrollo de los acontecimientos, cabe festejar el fracaso de las voces de la oposición mediática y política que durante años han augurado (y buscado) un choque entre la Casa Blanca y el gobierno de la Cuarta Transformación.

Como si respondiera a quienes, un día sí y otro también, tratan de presentar a sus audiencias y a la ciudadanía cualquier diferendo como rompimiento definitivo entre las partes, Biden dijo al Ejecutivo mexicano que “a pesar de los titulares exagerados que a veces vemos, tú y yo tenemos una relación sólida y productiva”.

Como se había anticipado, el tema central del encuentro fue la migración, asunto urgentísimo que ninguno de los involucrados puede resolver de manera unilateral. Así lo reconoció el demócrata al hablar de esta problemática como desafío hemisférico. En la resolución de este como otros retos, es necesario recordar que, más allá de las buenas intenciones y las actitudes cordiales, la administración Biden se encuentra constreñida por un Poder Judicial sumamente hostil, un Congreso cuyo control probablemente pierda en noviembre y no pocos gobernadores republicanos dispuestos a complicar cada paso de su gestión, incluidas, desde luego, las medidas de colaboración con México.

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