La sinización del marxismo
Mientras Europa y Latinoamérica se encuentran en estos momentos históricos en las calles manifestando su repudio por el alza del costo de la vida, la crisis de vivienda, los recortes presupuestales a la educación, la desigualdad económica, la inflación, las guerras, etc., China ha logrado abatir la pobreza, garantizar la educación obligatoria, la salud básica y la vivienda segura; para prevenir la concentración de la riqueza aplica fuertes medidas antimonopolio multando a grandes consorcios tecnológicos, como Alibaba por 18.200 millones de yuanes (aproximadamente 2.800 millones de dólares), solo por mencionar algunas de sus políticas.
En tanto que la derecha occidental se esmera (nuevamente) en satanizar cualquier mención, referencia o evocación al marxismo, socialismo o comunismo, no se enteró que durante más de 70 años el Partido Comunista de China (PCCh) lleva construyendo una modernización no occidental de tipo socialista a la que le ha llegado su momento. Después de ser uno de los países más pobres del mundo, el partido ha posicionado al país asiático con el mayor avance económico del planeta. Desde la primera etapa de transformación la tasa media de crecimiento anual del PIB de China ha tenido un desarrollo tan sostenido y tan vertiginoso que terminó rebasando el PIB total de EEUU hasta en un 128%. En 2025, por ejemplo, el PIB de China ya había ascendido a 140, 19 billones de dólares con un crecimiento anual del 5,0%, mientras el PIB total de EEUU en el mismo año fue de 30,77 billones de dólares con una tasa de crecimiento del 2,1%. Cuando China alcance plena modernización en 2035, pasará del “segundo país más rico y poderoso” al “centro” del sistema económico convirtiéndose en uno de los primeros países del “centro superior” de la economía mundial. Ante este descomunal logro, la derecha argumenta que el fenómeno se debe a que China no es comunista, sino que finalmente se ha entregado al capitalismo.
Autor de más de una quincena de títulos sobre China, el ensayista español Xulio Ríos nos explica en Marx & China, la sinización del marxismo (Ediciones Akal 2025), que la historia de la Nueva China puede dividirse en tres grandes etapas históricas: el periodo anterior a la reforma y apertura, el periodo posterior a la reforma y apertura, y la nueva era posterior al XVIII Congreso del PCCh. En el periodo anterior a la reforma y apertura (1949-1978), el PCCh bajo la dirección de Mao Zedong, puso fin al estado semicolonial y semifeudal de pobreza y debilidad de China, así como a más de 100 años de conflictos bélicos desde la Guerra del Opio sino-británica convirtiéndose en el gran pionero de la sinización del marxismo permitiendo que echara raíces, floreciera y diera frutos específicos en el país; con su reforma agraria de 1953 transformó el campo y quebró el poder de las élites feudales redistribuyendo tierra para aproximadamente 300 millones de campesinas y campesinos. En el periodo posterior a la reforma y apertura (1978-2012) que inició con Deng Xiaoping, el valor de la producción industrial y las reservas de divisas de China basadas en una economía mercantil planificada socialista, saltaron a partir de 2012, al primer lugar en el mundo. Desde entonces la producción económica total ha ocupado de manera constante el segundo lugar en el plano internacional y el desarrollo de la educación, la cultura, la salud y el deporte ha sido notable.
En la nueva era (2012 al presente) Xi Jinping ha colocado a China en una situación estratégica más beneficiosa para su propio desarrollo y en un “cuasi-centro” del sistema económico mundial. Para Xi el control autónomo del desarrollo chino es una premisa indispensable para evitar verse afectados o incluso manipulados por el capital internacional y las demandas políticas de otros países; la modernización de China ha sido una aspiración común de toda la sociedad desde el inicio de los tiempos modernos, pero solo el PCCh ha podido encontrar las claves necesarias para hacerla realidad mediante la construcción del socialismo. El socialismo con características chinas está determinado por la propiedad pública única de todo el pueblo, la distribución de bienes en función de las necesidades y una economía totalmente planificada en contraposición con un sistema capitalista, que tiene la propiedad privada, la distribución en función del capital y la ley de la oferta y la demanda como referentes principales. En China el marxismo no se entiende como una teoría desapegada de la transformación de la realidad, sino como el soporte ideológico estructural que inspira políticas concretas; el marxismo occidental, en cambio, continúa desarrollándose principalmente bajo la tradición ideológica europea que se queda en la crítica filosófica, social o cultural.
En China existe una clase explotadora que inevitablemente persistiría durante largo tiempo, pero dentro de ciertos límites. Sin embargo, esos grupos no controlan el poder estatal y ese límite explica la capacidad y autonomía que ha mantenido el PCCh para orientar la economía. Por su parte, EEUU (léase Trump) carece de fórmulas para lidiar con esa desventaja que desborda todas sus intenciones y proyectos. La diferencia sustancial entre las dos potencias no se encuentra en la personalidad de Trump y Xi Jinping, sino en el manejo de la economía y el Estado.
*Doctor en Estudios Sociales




