Cultura

Arturo Herrera, hidalguense excepcional

Por: Elena Poniatowska / La Jornada

Haber conocido a Arturo Herrera es un privilegio que me ha acompañado a lo largo de años y sigue haciéndolo después de su partida, en 1994, cuando tenía apenas 50 años, porque nació en Pachuca, Hidalgo, en 1940. Su pérdida, en un accidente aéreo, es una verdadera tragedia no sólo para sus amigos, sino para todos los mexicanos.

Lo conocí gracias a una invitación que nos hizo a María Luisa Mendoza (La China) y a mí para dar una conferencia en el bellísimo convento de Actopan, antes iglesia y ahora templo cultural. La familia Herrera nos festejó; Irma, la esposa de Arturo; Yuri, su hijo casi niño, y su hermano fotógrafo nos abrazaron a sonrisas y recibieron también a Andrés Casillas, arquitecto, discípulo de Luis Barragán, quien habría de destacar más tarde.

Hoy por hoy, la familia Herrera sigue siendo un faro de cultura en el estado de Hidalgo. Arturo Herrera habría de invitar más tarde a Guillermo Haro, quien quedó muy impresionado con el buen nivel científico de sus jóvenes oyentes.

A Arturo Herrera lo recuerdo generoso, lúcido, apasionado por las causas sociales. Hacía una espléndida pareja con Irma, su mujer, y sus hijos, todavía niños, participaban en todo. Su muerte temprana fue un golpe bajo y nos tiró en la lona. Para el estado de Hidalgo, su desaparición resultó nefasta, porque la inteligencia y la capacidad de entrega perdieron con él un pilar, como habría de decirlo Miguel Ángel Granados Chapa.

Recuerdo a Arturo como a un ser excepcional. Inteligente, apasionado, quería lo mejor para Hidalgo y, sobre todo, para los jóvenes. Irma, su mujer, tenía mucho de venado por su delicadeza y una capacidad de mantenerse atenta a las necesidades de los demás. Más tarde habría yo de querer y de admirar mucho a Yuri Herrera, su hijo, quien fue miembro del taller de Alicia Trueba en Tlacopac, San Ángel. Yuri siempre destacó y siempre se hizo querer por su talento y su capacidad crítica.

Originario de Actopan, Arturo se dedicó en cuerpo y alma a su estado. Hacedor nato, se formó en la Universidad Autónoma de Hidalgo y más tarde en nuestra Universidad Nacional Autónoma de México. Ahí destacó con una tesis original y valiente: Rebeliones campesinas en el estado de Hidalgo, y obtuvo su doctorado en historia en la Universidad Autónoma Metropolitana con una tesis que Miguel Ángel Granados Chapa calificó de excepcional.

Arturo Herrera se empeñó en elevar el nivel cultural de los jóvenes hidalguenses. Hace años, nos invitó al convento de Actopan que hoy figura en todos los manuales de turismo como visita obligatoria. Años después de nuestra plática en Actopan, también Guillermo Haro habría de dar una conferencia sobre astronomía en el mismo sitio. El científico, usualmente crítico y pesimista, regresó eufórico. ¡Cuánta inteligencia en su auditorio! Nada le había causado tan buena impresión como la inteligencia de las preguntas de los muchachos. La familia Herrera es excepcional, me explicó.

La actitud apasionada de Arturo, dispuesto a darlo todo con tal de elevar el nivel de estudios en Pachuca, nos impactó, pero a Guillermo Haro le caló más que a otros. De ningún otro sitio de nuestra República las preguntas al término de la conferencia resultaron tan inteligentes, aseveró entusiasmado.

En esos años, todos los miembros de El Colegio Nacional tenían la obligación de salir a compartir sus conocimientos al interior de la República Mexicana. Tengo la esperanza de que esa regla siga vigente, porque (como me explicó Guillermo Haro) se descubren tesoros insospechados en esas audiencias.

Sigo impactada por el trabajo tan lúcido y comprometido de Arturo Herrera, así como el de Irma, su mujer. Arturo Herrera hizo aportaciones excepcionales a su estado al crear el Sistema Bibliotecario de la Universidad Autónoma de Hidalgo. De todas sus actividades, una de las más exitosas es la organización del Archivo Casasola, actual Fototeca Nacional del INAH a la que acuden sociólogos, historiadores, periodistas y fotógrafos. El Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas es un éxito, así como la Casa de Estudios Antonio Gramsci. Arturo Herrera creó la Comunicad Científica Hidalguense, la Alianza Ecologista del Estado, el diario Crónica de Actopan y levantó el nivel y la calidad académica de la política en Hidalgo, cosa que enorgullecía a Miguel Ángel Granados Chapa. Cada vez que Mariana Yampolsky y yo, su segura servilleta, viajábamos a Pachuca, nos deteníamos para ver desde la carretera el acueducto del padre Tembleque.

Recuerdo la emoción con la que visitamos la barranca del Cobre con Arturo e Irma, grandes amigos de Mariana, quienes me pidieron escribir el texto de un libro sobre la barranca de Meztitlán. Para mi tristeza, Arturo ya no estaba entre nosotros. Arturo también fue coautor del libro Santa Clara del Cobre, fue colaborador en la Enciclopedia de México, miembro de la Asociación Hidalguense de Alpinismo, Excursionismo y Exploración AC, y de la Asociación Cactológica Mexicana. Mariana Yampolsky amaba las plantas y sembró cactáceas en un rincón de su jardín en Tlalpan. Mariana hablaba mucho con las plantas y me pedía que las saludara en la mañana y les diera las buenas noches, así se sienten queridas y crecen mejor.

Entre los grandes logros de Arturo Herrera antes de perder la vida en un accidente aéreo inexplicable, pueden contarse las seis ediciones de una exposición de arte joven, cuatro de fotografía, nueve de un concurso de artes plásticas y visuales y nueve de un certamen de relato oral. Recuerdo que admiré la elocuencia de jóvenes cuentistas cuya voz se oyó fuerte entre los muros de Actopan. Arturo también impulsó cursos de verano para artes y oficios, y algo que me encantó, el alpinismo para niños. Espero que en Pachuca todavía se hagan los cinco cursos anuales de fotografía, ya que en su tiempo se hicieron 80 exposiciones de arte en todo el estado.

Gracias a su dinamismo, se habló en público de cultura y democracia. Arturo también fomentó cinco clínicas de alpinismo, escalada y espeleología. Total, que no puedo dejar de admirar a Arturo y a Irma Herrera y desear que todos fuéramos como ellos, porque ¿quién en México ha hecho tanto en tan poco tiempo? Sólo ellos. Sus esfuerzos fueron reconocidos por instancias culturales de la Secretaría de Educación Pública en 2003. En 2005, Arturo se responsabilizó de familias en zonas de riesgo en las colonias Minerva, Anáhuac y Guadalupe. Le preocupó el alcoholismo y la drogadicción en los barrios altos de Pachuca, el trato a las mujeres y a los niños, los derechos humanos fueron su prioridad, sobre todo los de los indígenas.

Hombres como Arturo son los que más falta hacen en México; nuestra patria bien amada.

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