Aquí no sentimos que somos parte del mundo, sino como si fuéramos ajenos a él, como si sólo existiéramos porque nuestro sudor riega las plantas. Foto Edgar Lima Garrido
Aquí no sentimos que somos parte del mundo, sino como si fuéramos ajenos a él, como si sólo existiéramos porque nuestro sudor riega las plantas cuyos productos son sólo para mesas del Primer Mundo