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Finanzas, factor decisivo en comicios en EU

Por: Clara Zepeda / La Jornada

¡Es la economía, estúpido! (It’s the economy, stupid!), es una frase contundente sobre el verdadero interés de cualquier ciudadano, no solamente de Estados Unidos, sino de cualquier país, afirmó Carlos Ponce, socio fundador de SNX, Constructores de Patrimonio.

El especialista bursátil, que desde hace años comparte en los procesos electorales de Estados Unidos una nota que reflexiona sobre el famoso eslogan de campaña: It’s the economy, stupid, sin minimizar otros temas importantes (seguridad, salud, educación, etcétera). La estabilidad económica de un país y de un individuo (familia) es, sin duda, el tema de mayor interés y fuerza para todos.

El reto para un candidato a la presidencia es poder convencer de su capacidad para ofrecer dicho bienestar, no sólo con promesas, sino con hechos y con resultados tangibles, aseveró Ponce.

Relató que poco antes de las elecciones de 1992, George H. W. Bush era considerado imbatible por la mayoría de los analistas políticos, debido a sus éxitos en política exterior, como el  fin de la guerra fría y el conflicto en el Golfo Pérsico.

Su popularidad, entonces, había llegado a 90 por ciento de aceptación, un récord histórico. En esas circunstancias, James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, señaló que este debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas.

Con el fin de mantener la campaña enfocada en un mensaje, Carville pegó un cartel en las oficinas centrales con tres puntos escritos: Cambio contra más de lo mismo; ¡Es la economía, estúpido!, y No olvidar el sistema de salud. Aunque el cartel era sólo un recordatorio interno, la frase se convirtió en una especie de eslogan no oficial de la campaña de Clinton, que resultó decisivo para modificar la relación de fuerzas y derrotar a Bush.

Ponce recordó que en los años electorales, el mercado accionario suele ser estadísticamente favorable, entre otras razones, por el ánimo que crean en la sociedad las promesas de bienestar.

Este año, tanto Joe Biden, como Donald Trump, estarán prometiendo grandes beneficios si son electos presidente. 

Biden luce ahora más débil, pues una gran parte de los estadunidenses se queja de un alza fuerte de impuestos bajo su administración, para compensar la enorme deuda que crece en Estados Unidos y la ayuda a otros países, como Israel y Ucrania, con motivo de su guerra. Pero es justo dicha percepción, la que podría favorecer a que se generaran algunas medidas para mejorar la economía de los ciudadanos y así ganar votos (recorte en las tasas de interés).

Trump, por su parte, promete, una vez más, atender prioritariamente la economía de Estados Unidos y a sus ciudadanos, aunque sus propuestas apuntan a guerras comerciales. El punto es, que la competencia electoral propicia la ejecución y compromisos de beneficios económicos como variable fundamental para ganar votos, que deberían favorecer el contexto bursátil.

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