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En BC el sistema escolar se ajusta para atender a niños migrantes de 73 países

Por: Mireya Cuéllar

Tijuana, 2 de mayo. En la cancha de la escuela “Embajadores de Jesús” los niños están listos para el festival, pero antes hay que hacer “los honores” a la bandera y cantar el Himno Nacional. Atrás del “lábaro patrio” ondean también las banderas de Honduras, El Salvador y Guatemala; se canta el Himno Nacional Mexicano y se escuchan algunas estrofas de los himnos de los países centroamericanos. Es una ceremonia del Día del niño… migrante.  Algunos acaban de cruzar, a veces caminando, más de un país.

Aunque la escuela -recién inaugurada al lado del albergue del mismo nombre- está bajo la tutela del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) y opera con 656 alumnos de preescolar, primaria y secundaria, todos desplazados -el 60 por ciento de otros estados del país, Michoacán, principalmente- es un botón de muestra de lo que está ocurriendo en esta frontera.

En el sistema escolarizado de Baja California hay 44 mil 630 niños extranjeros provenientes de 73 países. En los preescolares los pequeños vienen de 35; las primarias estatales dan cabida a niños de 73 y las secundarias reciben de 57 nacionalidades. Venezolanos, cubanos, chinos, ucranios, haitianos, chilenos, brasileños, filipinos, rusos … y estadunidenses, estos últimos son mayoría. Los niños migrantes registrados en el sistema escolar se concentran en Tijuana; 26 mil 956.

De Little Haiti a Ciudad de Dios

Las estadísticas hablan de un buen número de estudiantes con acta de nacimiento en Chile y Brasil, hijos de parejas haitianas, nacidos durante el éxodo por esos países. La primera caravana de haitianos que llegó a Baja California en 2018 venía del cono sur, expulsados por la crisis económica brasileña y atraídos por una legislación estadunidense que les ofrecía facilidades para entrar, después del terremoto de 2010 que devastó el país caribeño.

“Embajadores de Jesús” fue el albergue que concentró al mayor número de ellos en la ciudad. En el cañón del Alacrán, el pastor Gustavo Banda abrió las puertas de su templo y lo hizo refugio. Hoy no queda un solo haitiano en la comunidad. Una manta recuerda que fue “Little Haití”. La mayoría de quienes estuvieron aquí fueron admitidos en Estados Unidos y los que esperan rentan vivienda cerca de las maquiladoras donde trabajan. El año pasado llegaron a ocupar el 4 por ciento de los empleos del sector.  

 Hoy es la “Ciudad de Dios”, como se lee en la parte más alta de la escuela recién construida con la donación del estadunidense Stewart Taylor Paxton Ginn Junior. De hecho la celebración es el primer acto oficial de la escuela, y durante ella las autoridades educativas de Baja California le entregaron un reconocimiento. Es atendida por maestros del Conafe y normalistas que llegaron al albergue como desplazados de distintos estados de la República.

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El delegado en Tijuana de la Secretaría de Educación del estado, Miguel Alfredo Nuño les dio la bienvenida; “están en el país que los ha adoptado…” y señaló que un trato marcado por la tolerancia para todos los niños migrantes es la indicación de la gobernadora. El albergue Carmen Serdán -del gobierno federal- es el otro que cuenta con personal de Conafe, sin llegar a tener una escuela. Hay mil 570 menores extranjeros en los albergues de Tijuana.

Yara Amparo López, titular del Programa Binacional de Educación Migrante  del estado (Probem), dice que hay niños en el sistema escolarizado que cada tres meses cambian de escuela, en función de la ubicación del albergue donde sus padres encuentran refugio. 

Probem, un programa que originalmente nació para atender a menores repatriados y/o deportados de Estados Unidos, hoy tiene otras dos vertientes más; las  necesidades educativas de los menores migrantes hijos de jornaleros agrícolas (que viven al sur del estado) y los niños de los albergues que llegan desde distintos países (en el norte).

Aquí nadie se queda

En el albergue y la escuela “Embajadores de Jesús” hay niños de seis países, todos hablan español y el idioma no es un obstáculo en su educación. Es una escuela que tiene reconocimiento oficial hace un mes y las banderas que ondean en el patio son a petición de padres y estudiantes de esos países.
Aquí nadie se queda. Todo mundo se va año con año. La migración es un fenómeno que nadie va a detener”, dice el pastor Banda. El 90 por ciento de los haitianos que estuvieron aquí cruzó a Estados Unidos y a muy pocos los han devuelto a su país convulsionado por la pobreza y las bandas criminales. .

El cambio climático, la violencia y la pobreza de nuestro propio país, apunta el pastor, seguirán obligando a la gente a migrar.  El grupo de maestros que viene del Conafe y el Instituto Pedagógico  de Los Ángeles (PILA), son la base del equipo docente. Muchos de los niños no traen documentos, pero no es obligatorio presentarlos.«El siguiente albergue será en EU»El ratón samaritano es la primera ronda que ejecutan los más pequeños este Día del niño migrante. La moraleja es de un ratón que practica “lo que en la iglesia aprendió… y se comporta como  el samaritano que a su prójimo ayudó”. Después las niñas bailan Flor de Piña, sus atuendos de papel china y crepé son suficientes. Quienes van de “ratón vaquero” tampoco tienen uniforme, usan camisas a cuadros y pantalón de mezclilla.

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Esa cancha es un ejemplo de tolerancia; quienes desean tomarse una foto con la bandera de su país lo hacen. Los que tienen mucho que sentir prefieren que sus símbolos patrios no aparezcan. “Nunca voy a dejar de ser hondureña”, dice una joven que quiere compartir con sus amigos y familiares el paso por este albergue porque el siguiente “será en Estados Unidos”.

El pastor les dice a los asistentes que quienes lo conozcan, canten el himno nacional mexicano, y llama a los extranjeros a repetir las estrofas del suyo. A Liseth, la Mara 18 le dio 24 horas para dejar su casa en Honduras; a Guadalupe el crimen organizado le dio el mismo lapso para abandonar su casa en Michoacán. Cuando suena el himno nacional de una y de otra, una lágrima asomó en sus ojos.

¿Cuántos de estos niños se integrarán al sistema escolarizado? No se sabe, uno de los padres platicó que tener la escuela en el albergue es muy buena opción “porque estamos de paso”. En Tijuana se vive durante mucho tiempo con la sensación de estar de paso, pero los niños no lo saben, bailan y juegan en el patio al ritmo de Cri Cri.

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