Opinión

Rompecabezas | Trump toca fondo: precios altos, caso Epstein y un discurso migratorio que ya no convence

Por: Mónica García-Durán

La aprobación del presidente Donald Trump cayó al 38%, su nivel más bajo en este segundo mandato, según la encuesta más reciente de Reuters/Ipsos. El dato no es menor: representa una caída de nueve puntos desde enero y coloca su popularidad cerca de los peores niveles de su presidencia previa. 

Dos factores explican esta caída: el persistente malestar por el costo de vida —especialmente alimentos y carne de res— y el manejo político del caso Epstein, que volvió a erosionar la confianza dentro y fuera de su propio partido.

Para un presidente que regresó al poder argumentando que podía controlar la economía y “limpiar la casa”, el golpe de percepción es serio. Y llega justo cuando la disciplina interna en el Partido Republicano también se fractura.

Costo de vida, talón de Aquiles que derriba cualquier narrativa

Trump puede hablar de crecimiento, de patriotismo económico o de aranceles estratégicos, pero en la encuesta emerge una realidad sencilla: la gente está molesta porque pagar la vida diaria es cada vez más caro.

Apenas el 26% de los estadounidenses cree que Trump está manejando bien la crisis del costo de vida. Incluso entre los republicanos, uno de cada tres desaprueba su gestión. La inflación, aunque moderada respecto a periodos anteriores, sigue alta para el estándar histórico: 3% anual con un mercado laboral debilitado. Los precios de alimentos y energía son lo que más golpea a los hogares, pero hay un símbolo que amplifica el enojo: la carne de res.

En Estados Unidos, la carne no es solo un producto: es parte de la cultura cotidiana. Por eso, cuando su precio se acercó a 10 dólares por libra, la explicación oficial se volvió crucial. Y aquí el gobierno falló con claridad.

Apenas este martes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, intentó dar una explicación que buscaba dos objetivos: defender al presidente y responsabilizar a otros. Pero terminó generando un boomerang político.

Bessent afirmó en Fox News que los precios altos se deben a que migrantes indocumentados estarían cruzando la frontera con “vacas enfermas”, introduciendo desde Sudamérica un parásito del que EE.UU. ya se había librado. Según esa versión, la administración de Trump tuvo que detener importaciones de carne mexicana para frenar el riesgo.

El problema es que la explicación se cayó prácticamente sola, porque no existe evidencia de que migrantes crucen ganado por la frontera; es logística y legalmente inviable. Además, el propio Departamento del Tesoro evitó respaldar la afirmación, toda vez que, México y EE.UU. llevan décadas trabajando conjuntamente en la erradicación del gusano barrenador y, lo más importante: la gente no se creyó la historia.

Los estadounidenses ya no aceptan culpas heredadas ni señalamientos automáticos al gobierno anterior. Especialmente no cuando la inflación alimentaria se ha mantenido alta durante los años de Trump en el poder.

Incluso entre votantes republicanos, la narrativa migratoria parece estar llegando a un límite. El desgaste se nota: la encuesta reporta que la aprobación de Trump dentro de su propio partido cayó del 87% al 82% en menos de un mes.

El caso Epstein: un golpe político en un flanco vulnerable

Si el tema económico desgasta, el caso Epstein erosiona un punto más delicado: el carácter presidencial y la transparencia. La Cámara de Representantes —controlada por republicanos— aprobó obligar al Departamento de Justicia a publicar los archivos sobre Epstein. El movimiento es significativo porque ocurrió a pesar de la oposición inicial de Trump, quien bloqueó durante meses la divulgación.

La ruptura vino del propio corazón del trumpismo: Marjorie Taylor Greene, hasta hace poco una de sus defensoras más combativas, se convirtió en una crítica frontal.

El tema cae en un terreno emocional de altísimo riesgo político. Y la encuesta de Reuters/Ipsos lo refleja.

El republicano llegó a este segundo mandato con un 47% de aprobación. Hoy está a nueve puntos de distancia y cada semana pierde terreno. A diferencia de crisis anteriores —procesos judiciales, escándalos, conflictos con el Congreso—, esta vez el desgaste ocurre por dos factores que no son manipulables por discurso: primero, La vida cotidiana de los estadounidenses es cada vez más cara y no está mejorando y, segundo, el caso Epstein revive dudas profundas sobre integridad y transparencia presidencial.

Los estrategas republicanos lo reconocen con claridad. Doug Heye, estratega político y exdirector de comunicaciones del Comité Nacional Republicano, en una entrevista para CBS lo resumió así: “Todo se reduce a los precios. No importa lo que digas: si la gente va al supermercado y sale furiosa, estás perdiendo.”

Y ahora, con el tema Epstein en la mesa, la narrativa presidencial enfrenta un desafío doble. Las fisuras internas entre republicanos ya no son pequeñas. La votación para liberar los archivos de Epstein demostró que el Congreso republicano ya no sigue a Trump con obediencia automática; las voces disidentes pueden crecer mientras la aprobación siga cayendo;  y los legisladores sienten presión electoral al ver que el costo de vida erosiona al presidente.

Si Trump no corrige pronto la percepción económica, es probable que más figuras republicanas busquen desmarcarse antes de que el desgaste presidencial arrastre al partido completo.

El mandatario republicano enfrenta su momento más frágil desde que regresó al poder. La economía cotidiana está lastimando su credibilidad, la explicación migratoria ya no convence a nadie, y el caso Epstein reabre un flanco que incluso aliados están dispuestos a explorar. Su aprobación del 38% es una señal clara: el terreno político dejó de ser sólido.

Si no logra cambiar la conversación —y, más importante, mejorar los precios— podría entrar en una fase de desgaste acelerado que complique su agenda, su liderazgo partidista y sus posibilidades de sostener el control político en la segunda mitad del mandato.

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