Rompecabezas | ¿Soberanía hipotecada?: México actúa cuando Washington ordena
El “nuevo rey de la droga” creció a la sombra de un Estado mexicano ausente, que solo reacciona cuando la Casa Blanca presiona. Entre el amor por la cocaína en Estados Unidos y la política errática de la 4T, la ecuación es clara: México cedió su libre decisión.
Este es el preámbulo del reportaje que publicó el Wall Street Journal es demoledor: Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, encabeza hoy el cártel más poderoso del mundo, beneficiado por el resurgimiento del consumo de cocaína en Estados Unidos y por la ofensiva de Donald Trump contra el fentanilo que debilitó al Cártel de Sinaloa.
La narrativa es clara: mientras los Chapitos se desgarran en guerras internas y El Mayo Zambada enfrenta la cárcel, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tomó la delantera con toneladas de cocaína y metanfetaminas que fluyen al norte. El resultado: cocaína más pura, más barata y más disponible en EE.UU., con un mercado que crece 154% en la costa oeste desde 2019.
El ascenso de El Mencho no es un accidente. Es el producto de un Estado mexicano incapaz de frenar al crimen organizado y, peor aún, subordinado a los vaivenes de la política antidrogas de Washington.
Desde que Andrés Manuel López Obrador llegó al poder, la política de seguridad fue un híbrido entre abrazos y militarización. Ni pacificación ni guerra frontal: un limbo que permitió a los cárteles fortalecerse y expandir sus negocios en combustibles, migración y hasta fraudes financieros.
Ese modelo errático dejó un vacío que CJNG supo aprovechar. Hoy actúa como gobierno paralelo: cobra impuestos, administra servicios, reparte despensas y construye infraestructura.
Claudia Sheinbaum, heredera de esa estrategia fallida, enfrenta la misma disyuntiva: cada operativo de alto impacto en México ocurre cuando Estados Unidos aprieta el puño. No porque exista un plan propio, sino porque Washington marca la agenda.
El Wall Street Journal no solo expone al “Mencho” como nuevo emperador del narco. También exhibe la hipocresía estadounidense:
• Mientras la DEA ofrece 15 millones de dólares de recompensa, en las calles de Los Ángeles o Chicago el consumo de cocaína se dispara.
• El propio gobierno de Trump, en su cruzada contra el fentanilo, abrió el camino para que el CJNG llenara el mercado con cocaína.
• Y, como siempre, cuando el problema se desborda, la presión recae en México: más tropas, más capturas, más operativos para salvar la cara de Washington.
La historia es vieja: EEUU exporta consumo y armas, e importa violencia y cadáveres desde el sur. México, mientras tanto, juega el papel de subordinado, respondiendo con operativos reactivos que no resuelven de fondo el problema.
La soberanía en papel
Cada comunicado oficial que emite el gobierno de Donald Trump desde sus diferentes departamentos, del Tesoro, de Estado, de Guerra, de Transportes, de Seguridad Nacional habla de “respeto mutuo” y de “socios soberanos”. Pero la realidad es otra: México actúa porque Estados Unidos lo exige.
• La extradición de capos ocurre cuando la Casa Blanca la necesita.
• Los despliegues militares en estados como Sinaloa o Jalisco coinciden con elecciones o con negociaciones bilaterales.
• La narrativa oficial mexicana siempre llega después de que Washington ya dictó sentencia.
El caso del Mencho lo confirma: su ascenso se consolidó mientras el gobierno mexicano repetía el mantra de “abrazos, no balazos”. Solo ahora, con el reflector del Wall Street Journal y la presión estadounidense, se coloca en el centro de la agenda.
El error de fondo es creer que la política antidrogas puede definirse a partir de lo que exige Estados Unidos. La 4T hipotecó la soberanía mexicana en materia de seguridad. Y la continuidad de Sheinbaum parece mantener esa inercia:
No existe un plan integral de prevención, desarrollo económico y reconstrucción institucional. Las Fuerzas Armadas acumulan poder, pero sin resultados sostenibles. La dependencia del visto bueno de Washington debilita cualquier narrativa de autonomía.
En el lenguaje llano: México no decide, obedece.
El espejismo de los abrazos
La promesa de López Obrador de transformar la estrategia falló. Los abrazos no desmantelaron al narco, los balazos nunca cesaron y la militarización solo institucionalizó la violencia. El resultado es una mezcla de caos interno y subordinación externa.
El CJNG se convirtió en un Estado dentro del Estado, con capacidad armamentística para desafiar a gobiernos y con estructuras económicas diversificadas. Y frente a eso, la respuesta oficial depende de lo que Washington dicte en cada momento.
México celebra cada septiembre su independencia, pero en materia de seguridad actúa bajo condicionalidades impuestas por el norte. El ascenso del Mencho es síntoma de un doble fracaso:
1. El fracaso interno de un régimen errático que heredó la violencia y la multiplicó.
2. El fracaso externo de un socio que nunca asume su responsabilidad en el consumo, pero que dicta la política en el patio trasero.
El mensaje del Wall Street Journal es un espejo incómodo: el “nuevo rey de la droga” reina porque México no supo —ni quiso— enfrentarlo a tiempo, y porque Estados Unidos solo mira cuando su mercado lo exige.
La independencia, en este terreno, sigue siendo un grito pendiente.
monique.duran@outlook.com




