Opinión

Musa Verde | Especies indicadoras

Por: Horacio de la Cueva

En estos tiempos de preocupación por la salud del ambiente y la propia nos gustaría tener, descubrir o desarrollar herramientas que nos ayudarán a conocer, medir y remediar la salud del ambiente para tener un mundo y una vida mejores. ¿Es posible?

¿Dónde podremos encontrar estas soluciones?¿Existen estas pociones mágicas que resolverán nuestros tan apremiantes problemas? En este caso volveríamos a nuestras pesquisas medioevales por la piedra filosofal, el flogisto y convertir al plomo en oro. Podemos, con nuestra la tecnología, diseñar aparatos que nos ayuden a resolver estos problemas. Si son soluciones naturales sólo las vamos a encontrar en este planeta. El resto es ciencia ficción. Las soluciones naturales pueden tener dos orígenes, geológico o evolutivo. De geología no hablo.

En el segundo caso, soluciones biológicas, tenemos que explorar la biodiversidad mundial. La biodiversidad no sólo son las especies que están en un lugar. La biodiversidad, como la definió EO Wilson, empieza en el DNA que encontramos en el suelo hasta el paisaje, pasando por organismos y ecosistemas. Tal vez en algún lugar del mundo haya secuencias de DNA que codifiquen por proteínas que nos ayuden a medir la salud del ambiente y la propia. Tal vez hay organismos que tengan características únicas que nos permitan medir la salud del ambiente. Una especie así sería una maravilla que nos facilitaría la vigilancia entendimiento de la salud ambiental.

Ninguna especie está diseñada para ser un medidor de la salud ambiental. Ninguna especie está diseñada, todas son producto de la evolución por selección natural. No tienen otro propósito que ser y evolucionar. Si no existen especies que han evolucionado para “ser especies indicadoras” o medir la salud ambiental ¿qué hacemos?

Pese a esta realidad de que las especies no están aquí para servirnos, muchas propuestas de investigación de especies en campo implican lo contrario. Ahora resulta que por razones poco definidas la especie de interés para la investigación es siempre una especie indicadora.

Afirmar que tu especie de estudio es indicadora es tan atrevido como tautológico. Si una especie se encuentra presente en un paisaje, un ecosistema o un paraje de forma permanente o temporal es porque tiene las adaptaciones necesarias para prosperar en el lugar. La excepción son las especies “accidentales” que encontramos en un lugar porque fueron acarreadas por una tormenta o polizontes involuntarios en algún transporte.

Una especie es indicadora de la salud del ecosistema si sabemos que está pasando con su población. Si crece, hay recursos más que suficientes para la especie e indica un ambiente favorable ¿saludable? para la especie. Si se mantiene estable en sus números —los nacimientos son iguales a las muertes— el ambiente es favorable o saludable, pero ya limitado para la especie. Si la especie decrece, hay más muertes que nacimientos, las condiciones no son favorables para la especie ya sea porque excedió el uso de recursos o alguna condición cambió negativamente para la especie. Los cambios en el número de individuos también tienen que ver con la tasa de crecimiento y la tasa de reproducción de la especie.

Las tendencias de las poblaciones no es lo que se promueve como la característica de la especie que la haría una “buena indicadora” de la salud ambiental. Las propuestas de indicadores implican que la especie registra y almacena, de alguna forma, una señal que indica el estado del ambiente. El registro que guarda la especie nos puede ser útil si lo sabemos interpretar y si sabemos algo de cuáles fueron las condiciones ideales anteriores y tenemos forma de comparar con las actuales.

Si estudiamos la proporción de carbón a nitrógeno de los plumones —las plumas que cubren de un ave—de los pollos de albatros de Laysan en isla Guadalupe, podemos determinar dónde se alimentaron los padres; si estudiamos las distorsiones de los anillos de crecimiento de los árboles podemos conocer los vientos dominantes de un año en particular; si analizamos el contenido de compuestos orgánicos de cloro en la grasa subcutánea de delfines podemos saber si han estado expuestos a pesticidas.

Podemos usar características de las especies para registrar con mucha más facilidad los cambios en el ambiente. Todas las especies registran el ambiente al tener que tomar alimentos o nutrientes y metabolizarlos y almacenarlos. Nos queda estudiar cuáles especies registran que. Es presuntuoso que nuestra especie de estudio o favorita sea indicador único.

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