Hiperimperialismo
El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en las recientes elecciones presidenciales en Brasil es de una enorme relevancia geopolítica. La victoria representa un freno a la ambición de Trump y sus aliados en un momento histórico que está marcado por la pérdida de hegemonía de los Estados Unidos la cual se ubicaría en el período comprendido entre la «gran recesión financiera» de 2008 y el conflicto ucranio en 2022 entre la OTAN y Rusia. Estos dos acontecimientos consolidaron un cambio cuantitativo y cualitativo en la geografía política mundial al grado de transformar el imperialismo en un hiperimperialismo, es decir, un imperialismo ejercido de forma abierta, exagerada y agitada en el que Norteamérica ya no detenta el control económico y político que una vez tuvo, por lo que dicho escenario los ha orillado a concentrarse en lo que aún pueden controlar: la cultura (el control de la verdad) y la guerra.
Diversos análisis dividen al mundo de hoy en dos grupos: el Norte Global y el Sur Global. El primero estaría integrado por 49 países destacando Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Japón y países secundarios de Europa Occidental y Oriental. Este bloque ha sufrido un relativo pero importante declive económico, político, social y moral. El Sur Global representado por antiguas colonias y semicolonias, además de unos pocos Estados independientes no europeos y proyectos socialistas actuales y pasados, han mostrado una trayectoria de mayor crecimiento económico en los últimos 30 años. Se observa que al final de la Guerra Fría, el Norte Global representaba el 57,2% del PIB mundial, mientras que el del Sur Global equivalía solo al 42,8%. Treinta años después, el Sur Global alcanzó el 59,4%, mientras que el Norte Global se mantiene en el 40,6%. Por su parte, el G7 (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón), núcleo económico del Norte Global, representaba en 1993 el 45,4% de la economía mundial, y en el mismo año las economías más importantes del Sur Global, conocidas como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), representaban sólo el 16,7%. Treinta años después, los BRICS representaban el 31,5% de la economía mundial, habiendo superado al G7 (30,3%).
En el Norte Global surgió además un bloque militar dirigido por EU con el propósito evidente de prepararse para una potencial colocación de misiles nucleares de alcance intermedio capaces de arrasar amplias zonas del mapa oriental en minutos. Según la Oficina de Análisis Económico y de la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB), el gasto militar real de Estados Unidos en 2023 fue más del doble del reconocido por el gobierno estadounidense e incluso por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI por sus siglas en inglés); si este órgano hubiese duplicado el gasto militar declarado por China sería aún muy inferior al 6% real del PIB gastado por EEUU e incluso, representaría sólo el 29,8% del de EEUU, en el entendido de que China cuenta tiene una población cuatro veces mayor, y que a diferencia de los estadounidenses, el gigante asiático no tiene 902 bases militares esparcidas entre sus aliados del Norte Global (171 en Alemania, 98 en Japón, 45 en Italia, 25 en Reino Unido, 17 en Australia, 12 en Bélgica, 9 en Portugal, 9 en Rumania, 8 en Noruega, 7 en Israel, 7 en Países Bajos, 5 en Grecia, 5 en Polonia, 4 en Bulgaria, 3 en España, 3 en Islandia, 2 en Canadá, 2 en Eslovaquia, 2 en Georgia, 2 en Hungría, 2 en Letonia, y 1 en Chipre, Dinamarca, Estonia, Groenlandia, Irlanda, Kosovo y Luxemburgo), además de otras 457 bases en el Sur Global.
A través de la OTAN y otras vías Estados Unidos ha logrado controlar el 74,3% de todo el gasto militar mundial y gasta 21 veces más per cápita en sus fuerzas armadas que China; los países del Norte Global comprenden 12 de los 16 mayores presupuestos militares del mundo. Por el contrario, el Sur Global no es un bloque y, ciertamente, no es un bloque militar, por lo que enfrenta a un monopolio extremo del gasto militar liderado por Estados Unidos lo cual implica un peligro inminente, no solo para el mismo Sur Global, sino para la continuidad de la existencia de la humanidad; amenaza que ya sufre Palestina. Por ello, no debe sorprender que en esta etapa hiperimperialista el Norte Global ejerza su dominio militar para compensar su creciente declive económico y político relativo. Hoy con el «poder blando» desplegado mediante redes sociales seguirá presionando sobre gobiernos progresistas latinoamericanos (Brasil, Cuba, Guatemala, México, Nicaragua y Uruguay).
Ante este escenario, lo que destaca es que el líder absoluto del Norte Global ha visto cómo su cuota en la economía mundial ha disminuido lentamente en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA). China, en el Sur Global, ha sido la variable más notable; de representar solo el 5% de la economía mundial en 1993, en 2016 ya había superado a la de Estados Unidos en términos de PPA. Esto significa que es la primera vez en más de 600 años que un país no dominado por el blanco rompe económicamente la hegemonía de los países imperialistas. Es por esa razón que el triunfo de Lula no solo desafía el nuevo orden hiperimperialista, sino que, con todo y trabas, podría marcar una nueva y esperanzadora ruta para los países de la región.
*Doctor en Estudios Sociales




