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Opinión

El último lector | Tras los pasos de Fernando del Paso  / Rael Salvador

Por: Rael Salvador

Fernando del Paso Morante (1935-2018), poeta y narrador, dibujante y diplomático, supo hacer de su patria chica –amo y señor de sus palabras– una patria grande. Autor del imprescindible “Palinuro de México”, cursó Economía y amplió sus estudios de literatura comparada en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Palabras de plata refulgente –con las cuales se fundan o destruyen emporios en la literatura–, Fernando del Paso fue un hombre de letras que, en un orden de aleatoriedad perfecta y perversa, reconstruyó el alfabeto para bien de quienes buscan en las páginas del libro tesoros por desengarzar de las garras del tedio y la banalidad, de las raíces oscuras del tráfico seudoliterario, sesudoliterario o sueldoliteario.  

Así, uno a veces desea que sus autores favoritos permanezcan por siempre y continuar observando su fulgurante gracia intelectual desplegarse, no sólo en sus ediciones publicadas, sino por los medios de comunicación: prensa, televisión, radio, internet… que les ofrecen cuerpo, les dan sonrisa y les colocan el alma más allá de los escondrijos psicológicos de sus propios personajes; benevolentes o desgraciados, poco importa.

Leí a temprana edad “Palinuro de México”, un poco después de entretenerme con Henry Miller y Jorge Ibargüengoitia, y encontré en sus páginas la ironía que, justa en sus gotas de poción y pasión, se precisa para realizar tajantes episodios de borrasca y llamarada, lidiando con las reservas de maledicencia que aún contábamos en aquellos gloriosos años en la literatura mexicana.

Su generosa presencia, pretenciosa en belleza cultural, insobornable y por momentos inabarcable, obliga a referir que su legado es una confección de exquisitas alusiones históricas y cotidianas y, a su vez, una suma de facturas identitarias que potencializan la intelectualidad literaria de su obra, y que junto a Juan José Arreola y Juan Rulfo, Carlos Fuentes y Octavio Paz, se instituye como otro gran pilar del Partenón Nacional.

La por momentos dolorosa hilaridad con la que teje sus parrafadas, esa sinuosa manera de ensortijar la colorida piola de sus versos, o cuando el cruce de tintas –al abandonar la pluma y retomarla para dibujar– se vuelve un cordial trazo de infernales cielos mutilados o monárquicos jardines de ajedrez. Tras el imperante discurso de páginas a la medida, sin dejar por ello de desbordarse, una revolución glamurosa de estallidos y fulguraciones poéticas invaden la realidad y entonces uno quisiera obtener de la tapizada el flujo electrocántico de sus indagaciones y averiguaciones de espía literario e investigador plástico, pertrechado en los meandros del ingenioso cerebro poseído por los fantasmas de lo imaginativo.

No diré que me conmovió la partida de Fernando del Paso, pues resulta evidente que su escritura cava hondo en la carne del ojo y sólo el limpio corte del cristal vuelve transparente lo que en otros momentos sería sangre densa, coagulaciones que pasan del lento brillo a la dulzura de la costra… Amo y señor de sus palabras, sí, emperador de sus identidades, loco que se ordena en ideas sueltas, como los perros o los lagartos o los pajarracos, también su legado es una redirección a la formal y, como quien se para a contemplar la biblioteca y curiosea el palpitar de sus libros, su memoria rigurosa obliga a reajustar las emociones y encaminarlas –dar paso, a Fernando del Paso– a lo que es puntual en lo referente a su perfil.  

Del Paso radicó en Inglaterra de 1970 a 1985, donde trabajó como redactor, locutor y publicista en la British Broadcasting Company, la emblemática BBC de Londres. Como parte del equipo diplomático de México –como en su momento lo fue Paz y Fuentes–, desempeñó los cargos de Consejero Cultural en Francia, de 1985 a 1988, y como Cónsul de México en París de 1988 a 1991. Experiencias que le permitieron obtener una visión clara y precisa del valor de la cultura internacional y universal.

Un editor cabal, fue director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara y becario del Centro Mexicano de Escritores de 1964 a 1965 y de la Fundación Guggenheim, en 1970 y 1981. Destacan entre sus premios y reconocimientos el Xavier Villaurrutia en 1966, de Novela México 1975, Rómulo Gallegos en 1982, Casa de las Américas en 1985. “Palinuro de México” fue el Mejor Libro Extranjero Publicado en Francia: obtuvo el Premio Mazatlán en 1987, también el Nacional de Letras y Artes en 1991, el Internacional Madrid de Radiodifusión en 1986 y fue nombrado creador emérito en 1993. Doctor honoris causa por la Universidad de Guadalajara (2013), se le otorgaron también los premios “Alfonso Reyes” y “José Emilio Pacheco”, así como el prestigioso Premio Cervantes en 2015; su trabajo plástico se exhibe actualmente en New York, París y en importantes galerías de México.

Entre los libros más apreciados por sus lectores se encuentra la novela histórica “Noticias del Imperio” (1987) y esa especie de autobiografía ficcionada que es “Palinuro de México” (1977). El Fondo de Cultura Económica se ha encargado de reunir y publicar las siguientes ediciones: “Obras I. José Trigo, Palinuro de México” (2000), “Obras II. Noticias del Imperio, Linda 67. Historia de un crimen” (2000), “Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola, 1920-1947” (2003), “Ripios y adivinanzas del mar” (con ilustraciones de Jonathan Farr, 2004), “Bajo la sombra de la historia. Ensayos sobre el islam y el judaísmo. Vol. I” (2011) y “El va y ven de las Malvinas” (2012). 

Consideraría injusto cerrar mis comentarios sin mencionar “De la A a la Z por un poeta” (1988), que fue un librito donde mis hijas abreviaron del más elevado abecedario ilustrado que haya constituido, para la poesía y el goce de lectores en ciernes, un autor mexicano. Patrimonio de la narrativa moderna, Fernando del Paso, después de su partida, abre paso a su fantasma de tinta.

raelart@hotmail.com

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