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Opinión

El último lector | El indiscreto encanto de la frivolidad

Por: Rael Salvador

Nos enardece que la bella Olena Zelenska —esposa de Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania— acepte el pago de la revista Vogue y pose, no sin evidente frivolidad, en su número digital de agosto. 

Más allá del atrevimiento algo locuaz, la modelo muestra simétrica tensión que —en el espectáculo de un rostro que contiene sus lágrimas ante el dique de las anfetaminas— aporta cierto glamour obsceno a las imágenes; no por lo que la belleza trágica pueda decir o reafirmar, sino porque algunas de ellas están registradas en frescas locaciones de guerra y sangre.

La fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz —profesional de escenarios excéntricos, retratista del “Star” hollywoodense, perseguidora de una patética luz imperial y pareja de quien fuera Susan Sontag (autora de “Sobre la fotografía”)— es la encargada del portafolio y, complicidad nada encubierta, se entiende hasta cierto punto la felonía y el eco de la afrenta.

La elocuente resonancia de las fotografías no escapa al escarnio público: carnicería verbal, en un imparable fraseo mediático que, en medio de las bombas y las fumarolas de muerte, reaviva el infierno de quienes, categóricamente y en extremo, padecieron ya el cruento conflicto bélico —ultimados, desaparecidos o desintegrados (30 mil de ellos, según el mismo mando ucraniano)— y que no están más para señalarlo. 

En este conflicto ruso-ucraniano, ¿qué dicen los muertos en la voz de los vivos? Olena Zelenska y Volodimir Zelenski “hacen de la guerra un frívolo espectáculo de obscenidad”.

Parece que la mercantil humanidad olvidó que —por un ramillete de mentiras con sabor a patria y ocre perfume a heroicidad— se lanza a morir a las guerras por cientos de millares; persuadidos por el dulce humor a dignidad, que los magos de los negocios hacen que huela a bebé y no a carne en llamas (de esos mismos bebés incinerados), las hordas de la obediencia “nacionalista” —sin importar el bando— mantienen la sanguinaria belicosidad en punto de ebullición y calvario.

Porque otra cosa es el ramillete de imágenes escamoteadas —que se continúan produciendo a estallido por segundo— sobre los mutilados de los mil demonios: cojos en diferente orden métrico, mancos y bimancos, ciegos a toda sombra y a toda luz, destripados, despechados, desexualizados; vidas aún latentes que, en la gravedad oscura y psicótica de los hospitales, recogen sus miembros mutilados en el más fantasmagórico carrusel de la mente. 

En este conflicto ruso-ucraniano, ¿qué dicen los muertos en la voz de los vivos? Olena Zelenska y Volodimir Zelenski “trivializan la crueldad de la guerra en moda”.

La pareja ucraniana, literalmente manejada a todas luces por Leibovitz —no ajena a la visibilidad de lo que significa ser portada de la afamada revista Vogue, sumando los intereses de la simpatía bélica (cifrada en la petición de armas inteligentes de última generación), la solidaridad taimada de Occidente (y su palafrenero la OTAN) y, sobre todo, la captación de más dinero multimillonario que sostenga la “mampara” romántica de un posible triunfo sobre Rusia—, se deja llevar de un dorado palacio residencial a metálicos muros ametrallados (los restos emblemáticos de un avión y una herida nacional), posando con la guardia femenil —menos equipada que la Primera Dama, vestida por diversos diseñadores: Bettter, Six, The Coat, Kachorovska y Proustovit—, para que el mundo mire y lea y al leer y mirar entienda: “Portrait of bravery. UKRAINE´S. First Lady OLENA SELENKA”. 

¡Vaya valentía! El indiscreto encanto de una frivolidad aquilatada en miserias. Lejos quedaron ya —no sólo para Leibovitz— las palabras de la escritora Susan Sontag: “La guerra rasga, desgarra. La guerra rompe, destripa. La guerra abrasa. La guerra desmiembra. La guerra arruina”.

raelart@hotmail.com

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