Opinión

El último lector | El “asesinado” Kirk: la muerte de un ultraconservador

Por: Rael Salvador

De un disparo certero se ha ultimado a Charlie Kirk: sentado, con una fuente de sangre emanándole del cuello, descargando su ya conocido delirio ultraconservador.

Así, su última palabra fue su último suspiro.

Detractor de los libros de texto —criticando la peligrosidad de su “progresismo”—, el pensamiento de Kirk siempre fue aquel en que las escuelas se abanderaban equívocamente con el discurso Woke, “infectando a la juventud con ideas antiamericanas”.

Hay que señalar que la agenda negra del “asesinado” Kirk —fervoroso paladín de las armas de fuego—, incitaba a los estudiantes a denunciar a docentes que hablaran abiertamente de la defensa de los derechos LGTBI+ y a profesores que insistieran en alusiones de tendencia marxista.

Radicalidad con sentido único: un callejón sin salida para académicos de la sospecha.

Kirk, de 31 años —casado y con dos hijos—, recibió un tiro desde la distancia de 200 metros, cuando intervenía al aire libre en la Universidad del Valle de Utah —la primera de 15, en una gira por todo el país—, ofertando una de sus ya clásicas conferencias de entusiasta corte fascista.

Repartiendo cátedra envenenada, simpatía por el Diablo —el mismísimo Donald Trump—, así como las gorras rojas con el abreviado de MAGA (Make America Great Again / “Hagamos a América grande otra vez”).

Con su Turning Point USA (TPUSA), Charlie Kirk, a corta edad (18 años), logró hacerse de un consorcio redituable —redistribuido en 850 centros académicos, generando cerca de 90 millones de dólares al año—, ubicándolo, según algunos medios de comunicación, como una de las voces más prominentes de la derecha ultra radical. 

Artífice de Trump a la Casa Blanca —a partir de bulos y falsedades, alteraciones a la regla y promesas de sueños no cumplidos (esto los mexicanos en terreno estadunidense bien lo saben)—, Kirk, víctima de fuerzas siniestras, simboliza el orgullo humillado de una administración presidencial que pone a ondear su bandera a media asta.  

Fue el clásico agitador juvenil de los conservadores, del cual se valió la derecha recalcitrante republicana para generar votantes en la generación “Z”, también conocidos como los “Centennials” (nacidos a mediados de los años 90 del siglo XX y principios de 2010).

Empujando con animadversión y saña desmesurada contra políticas de resguardo democrático, Charlie Kirk no tuvo piedad al valorar como bestias desechables a los inmigrantes de cualquier índole.

Y con lo antes dicho, no hay que olvidar —sobre todo por su acercamiento a Benjamín Netanyahu, que en medio del genocidio palestino lo consideró a Kirk el “amigo incondicional de Israel”— aquello que el pensador George Steiner observó del corrupto Estado sionista: “Cada vez que un judío humilla, tortura o deja sin hogar a otro ser humano, Hitler disfruta de una victoria póstuma”.

Tanto de su retórica xenófoba —amalgamada en un hosco racimo de mentiras discursivas— como de sus teorías del complot —basadas en el abismo de la intriga palaciega—, después de su crimen ya sólo queda el asombro de un luto que se irá anestesiando cada vez más en la medida que Norteamérica salga de su vulgar materialismo, abandone el resentimiento comparado y recupere con urgencia su espíritu de dignidad. 

¿Importa el criminal? Una vez más —como sucedió alguna vez en Hollywood— la “Gran Nación” pone sus barbas a remojar.

raelart@hotmail.com

Related Posts