Opinión

El silencio de Ismael “el Mayo” Zambada también habla…

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

Lo sorprendente de la noticia de este lunes no es que el líder del crimen organizado Ismael “El Mayo” Zambada aceptara la cadena perpetua en Estados Unidos. Ese desenlace era previsible desde que se declaró culpable. Lo verdaderamente relevante es que renunció a un juicio público que habría exhibido durante meses testimonios, documentos y nuevas líneas de investigación sobre el funcionamiento del Cártel de Sinaloa.

Con una carta, el abogado del “Mayo”, Frank A. Perez, informó al juez que Zambada acepta que morirá en prisión. Es un cierre procesal. Pero no necesariamente el final del expediente político y criminal que representa.

Conviene distinguir entre hechos y lecturas. No existe información pública que confirme un acuerdo de cooperación entre Zambada y el Departamento de Justicia. Sin embargo, la experiencia demuestra que las autoridades estadounidenses suelen mantener bajo reserva información relacionada con investigaciones en curso. La ausencia de un juicio no significa, por sí misma, ausencia de información.

Y ahí está el verdadero punto.

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Washington ha endurecido su estrategia contra las redes financieras, logísticas y políticas que sostienen a los cárteles. Ya no se trata sólo de capturar capos; el objetivo declarado es desmantelar las estructuras que les permiten operar.

Por eso, más que preguntarnos qué ganó “El Mayo”, quizá debamos preguntarnos qué considera suficientemente valioso el gobierno estadounidense para cerrar el capítulo judicial sin abrir todas sus cartas ante una corte.

En política, como en el póker, el jugador que guarda silencio no siempre es el que perdió. A veces es el que ya hizo su apuesta y espera el momento de voltear las cartas. Si ese es el caso, la sentencia de Ismael Zambada no sería el final de la historia. Podría ser apenas el prólogo de los expedientes que aún están por escribirse.

PIEZAS SUELTAS

Toyota reubica miles de millones de dólares y cambia el juego

Cuando una empresa anuncia una inversión de 3 mil 600 millones de dólares, no está dando una conferencia de prensa. Está tomando una decisión. Y esas decisiones casi siempre dicen más que los comunicados.

Toyota no anunció que abandona México. Tampoco dijo que cerrará su planta de Tijuana, Baja California. Eso sería exagerar los hechos. Lo que sí confirmó es que moverá gradualmente la producción de la Tacoma de Baja California a una nueva línea de ensamblaje en San Antonio, Texas, mientras la planta de Guanajuato seguirá fabricando ese modelo.

Con eso basta para entender el mensaje.

Desde hace semanas hemos insistido en que el T-MEC dejó de ser un simple acuerdo comercial. Hoy las inversiones también pasan por la política, la seguridad, los aranceles y la presión de Washington para recuperar empleos industriales.

Toyota no culpó a México. Ni tenía por qué hacerlo.

Las empresas no suelen discutir con los gobiernos. Simplemente cambian sus planes.

Lo que está ocurriendo es un reacomodo de la manufactura en Norteamérica. Donald Trump lleva meses diciendo que quiere producir más dentro de Estados Unidos. Muchos lo tomaron como discurso de campaña. Hoy empiezan a verse decisiones de inversión que apuntan en esa dirección.

La pregunta ya no es qué hará Toyota.

La pregunta es qué hará México para seguir siendo competitivo cuando las grandes automotrices empiecen a revisar dónde les conviene fabricar la siguiente generación de vehículos.

Porque las inversiones no votan. No hacen declaraciones políticas. No conceden entrevistas.

Simplemente cambian de domicilio.

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