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Opinión

El Biólogo del futuro | Musa Verde / Horacio de la Cueva

Por: Horacio de la Cueva

¿Cuál es el papel de los ecólogos y los biólogos —sí son diferentes— hoy cuando la realidad es apabullante?

La invasión de Ucrania llena pantallas y primeras planas con su destrucción y sus refugiados. Es una guerra entre imperios a través de terceros que amenaza y preocupa a todos por sus consecuencias sociales y políticas locales e internacionales.

Esta guerra no es razón para ignorar otros problemas globales. El exceso de gases de efecto invernadero en la atmósfera, productos de la quema indiscriminada de combustibles fósiles, los arrozales, las vacas y la comida descomponiéndose en los basureros. Este exceso ha dado lugar al cambio climático, la acidificación de los océanos, el derretimiento de glaciares, icebergs, capas polares y permafrost (suelos permanentemente congelados), los incendios extraordinarios de la taiga, las selvas amazónicas, los bosques australianos y los ecosistemas mediterráneos en Grecia, Italia y California.

Presenciamos la extinción acelerada de especies en aire, mar y tierra atribuibles a la sobrepesca, la tala de bosques y selvas, el uso indiscriminado de insecticidas, la desertificación, el crecimiento de las ciudades, la expansión de los monocultivos por agricultura intensiva y el desplazamiento de los más pobres a ecosistemas sobreexplotados.

No hemos superado la pandemia Covid-19 atribuible cada vez más a la transmisión por murciélagos o pangolines que llegaron a en un mercado de alimentos en Wuhan, China y menos al escape del virus SARS-COV-2 de un laboratorio de alta seguridad en la misma ciudad.

Estas circunstancias, procesos y realidades son consecuencias de los modelos económicos de explotación en los que vivimos. Los vaivenes del mercado “libre” no sólo afectan los mercados y las economías de las personas sino también, utilizando un término decimonónico, la economía de la naturaleza.

Es urgente, imprescindible y obligatorio lograr un mundo sustentable. Debemos pensar y crear una economía de mercado más consciente de su entorno y enfocada al uso sustentable de los recursos vivos y el bienestar de todos. ¿Quién debe estar involucrado en el diseño, la implementación y la evaluación de los resultados de esta futura economía sustentable? Sin duda todos, pero hay dos vocaciones con especial responsabilidad.

Los ecólogos y los biólogos que deberíamos estar liderando este trabajo. ¿Estamos equipados para hacerlo? Hay personas excepcionales y organizaciones internacionales que han dado grandes pasos en la conservación de las especies, como es el caso de la IUCN (unión internacional para la conservación de la naturaleza por sus siglas en Inglés), la Comisión Ballenera Internacional, CITES (el tratado internacional para la comercialización de especies en riesgo) o la convención de Ramsar para humedales. También están las 20 metas de Aichi de la Convención de Diversidad Biológica. Todas estas organizaciones son resultado del esfuerzo de negociación internacional que toma en cuenta los seres vivos y sus procesos pero no son suficientes, ni son quienes rigen nuestra vida o nuestra economía.

¿Por qué no es efectivo el trabajo de los biólogos y ecólogos en la creación e implementación del desarrollo sustentable? ¿Problemas de personalidad, sujeto de estudio o ciencia? Ya a Robert H Peters en A critique for Ecology de 1991 le preocupaba y molestaba el papel tan pequeño de la ecología en la toma de decisiones ambientales. La crítica de Peters no era por la falta de intenciones sino por la falta de rigor en la ciencia. La ecología —y la biología— se inclinan más por la Historia Natural y la descripción (ambas necesarias), que por plantear hipótesis de predicciones exactas y el experimento. La falta de rigor metodológico las convierte en ciencias con bajo poder predictivo, de experimentos pobremente replicables cuyos resultados son poco utilizados y mencionados (citados) por científicos de esas y otras disciplinas. En la biología y la ecología no se ha hecho el esfuerzo por encontrar las características deseables y necesarias que presentan otras ciencias para hacer predicciones confiables del resultado esperado.

Quedan muchos esfuerzos teóricos, metodológicos y experimentales para lograr los conocimientos que nos lleven al desarrollo sustentable. Hemos empezado pero el camino es largo y sinuoso.

Seguiré con los problemas de mis ciencias favoritas no para menospreciarse, sino para mejorarlas.

Esta y otras Musas Verdes se pueden encontrar en https://horaciodelacueva.blogspot.com/ donde aprecio sus comentarios.

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