Opinión

Ejes de una agenda de gobierno para Baja California

Por: José Zavala Álvarez*

Cambiaremos de gobernantes y representantes políticos en el Estado y los municipios en 2027. Aunque aún no sabemos cuántos de quienes ocupan los cargos reelegibles insistan en quedarse aprovechando el último periodo electoral que la ley permite.

En estos días que transcurren, quienes buscan la gubernatura tienen ya tiempo publicitándose, pero ahora con herramientas informáticas modernas que muestran producciones «cinematográficas» apantallantes. El tecnobombardeo es abrumador; más lo será cuando llegue la hora de las candidaturas para diputados federales, estatales, presidentes municipales y regidores.

La atención pública de la «precontienda» por la postulación a la gubernatura está centrada en Morena, por su preferencia electoral mayoritaria. Quienes se anotaron en este proceso están metidos en una batalla sin cuartel. Quien tiene acceso a más dinero tiene más propaganda. Esta frenética carrera está perturbada por el método de selección a través de una oscura encuesta; este mecanismo los obliga a «conseguir» fondos, de donde sea. Ello rompe con el derecho de cualquier persona sobre el acceso a los cargos públicos: el dinero lo impide; la ley es deliberadamente laxa.

La propaganda electoral por plataformas informáticas para la distribución masiva y viral domina las campañas y la contemporánea actividad política. «Andar en la política» o «hacer política» es, hoy, andar en el TikTok, el YouTube, el Instagram, el Facebook y demás. Los Modelos de Lenguaje y las plataformas de Inteligencia Artificial pueden generar materiales propagandísticos literalmente alucinantes. Estamos ante una plena adicción por una realidad virtual, ficticia, que se resbala peligrosamente hacia la banalidad y la superficialidad, y que daña la capacidad de atención sostenida, de concentración prolongada, que son requisitos intelectuales necesarios para entender y construir soluciones a problemas sociales y públicos.

Para efectos de promoción electoral, lo de hoy es la defensa de la soberanía; es la causa más rentable para ganar adeptos. Es usada, sin excepción, por quienes buscan «la grande». La causa está alimentada por un contexto internacional amenazado por el enfermizo expansionismo del régimen trumpista, que atropella todo derecho y soberanía de naciones con su arrogante complejo de etnosupremacismo y militarismo.

Pero ¿dónde queda la atención lúcida, seria, sobre el cúmulo de asuntos públicos prioritarios del Estado y sus relaciones causa-efecto? ¿Dónde queda la identificación y distinción nítida de síntomas y patologías públicas? ¿Cómo tenemos la certeza de que quienes ocuparán los cargos gubernamentales tienen un entendimiento claro de los problemas sociales y del diseño de estrategias de intervención gubernamental para resolverlos? La inseguridad, señalada socialmente como el principal problema del Estado, es el síntoma, pero ¿cuál es la enfermedad? ¿El grave desempleo de jóvenes profesionistas? ¿Los exiguos salarios? ¿La precariedad de los empleos? ¿Una atmósfera institucional de ventajas deshonestas para grupos sociales privilegiados? ¿Desempeño público gubernamental inconfiable? ¿Tráfico con la necesidad humana?

Las campañas políticas han respondido, y responden, a la lógica de la propaganda, de técnicas de mercadeo, de tácticas de venta. Se trata de «reunir personas para hablarles», presencial o virtualmente, fotografiar y «subir a redes». El modernizado y a la vez ancestral «mitin», unidireccional, monólogo. ¿Y la demanda social? ¿Y la identificación de prioridades sociales para la atención gubernamental? ¿Y la identificación de estrategias para soluciones? Las campañas políticas deberían ser reuniones de trabajo, diálogo directo, bidireccional, obtención de demanda y compromiso de atención auditable y sancionable.

Es hora de ponernos serios: proscribir la teatralidad infantiloide que hoy predomina en el desempeño de cargos en el Gobierno del Estado, que ni es gobierno. Superar la superficialidad. Se trata de construir no una «Agenda Pública» en el sentido de una simple lista de todos los asuntos que conciernen a «lo público», sino una Agenda de Gobierno: una agenda obligada para las personas que gobiernen, no infiltrada por las deudas personales de campaña, sino establecida con transparencia por la genuina demanda social. Una agenda de gobierno abierta, pública, conocida, obligada, sujeta a sanciones efectivas de destitución ante incumplimientos.

Aquí hay una relación de quince ejes que buscan ayudar a organizar una Agenda de Gobierno. Se trata del fortalecimiento desde la institucionalidad gubernamental en materia de:

  • Economía social, empleo juvenil y autoempleo.
  • Educación pública básica y universitaria.
  • Desarrollo tecnológico y científico.
  • Fortalecimiento fiscal y operativo de municipios, Estado, reducción de centralismo federal.
  • Infraestructura estatal y base productiva.
  • Emprendimiento y economía de escala.
  • Ciudadanización gubernamental y lucha contra corrupción.
  • Campo, producción agropecuaria y seguridad alimentaria.
  • Atribuciones estatales sobre pesca y acuicultura.
  • Protección de niñas, niños, mujeres, personas mayores y grupos vulnerables.
  • Inclusión y desarrollo efectivo de mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, género, grupos étnicos.
  • Derechos de los trabajadores, salud y seguridad social.
  • Paz y seguridad.
  • Protección del medio natural y ambiente urbano.
  • Deportes, artes y culturas populares.

La actitud y aptitud, constructivas, integradoras, equitativas, son cualidades indispensables para un desempeño gubernamental comprometido socialmente. No hay espacio para la superficialidad y la falta de madurez emocional. Pongámonos serios. Todos.

*El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Mexicali
jza61@colef.mx

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