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Opinión

Economía moral / Julio Boltvinik

Por: Julio Boltvinik

  • Elementos introductorios para interpretar la Enigh 2020 y entender el impacto de la pandemia y la política pública en nuestros bolsillos

El 28 de julio el Inegi hizo públicos los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2020 (Enigh 2020).

En la entrevista con Clara Zepeda señalé, pero no se recogió en su nota, que la Enigh es la primera fuente de información fidedigna sobre los programas sociales en lo que va del gobierno de AMLO, dada la opacidad casi total que ha prevalecido en materia de información sobre programas gubernamentales.

En reunión reciente de Remipso (Red Mexicana de Investigación sobre Política Social) los participantes coincidimos sobre esta opacidad y el obstáculo que representa para la investigación y, por tanto, para que la nación sepa la verdad de lo que está pasando.

La Enigh es una encuesta y está sujeta a errores de muestreo y a subreportes de la población. Habría sido muy útil contrastar esta fuente con lo informado por los ejecutores de los programas.

Algunos datos de la Enigh (ingresos y gastos de los hogares) pueden contrastarse con la cuenta de los hogares que forma parte de las cuentas por sectores institucionales (CSI) de las cuentas nacionales.

En este caso el dato más duro (por estar basado en mucha más información) es el de las CSI y por ello algunos ajustamos los ingresos de las Enigh, para fines de medición de la desigualdad y de la pobreza, a las CSI por representar éstas el universo, así como las encuestas expanden la población muestral al universo dado por censos de población y proyecciones demográficas.

La Enigh es muy importante porque es la base para calcular los ponderadores de los precios (según el peso del gasto de los hogares en cada rubro) y calcular el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), conocer la distribución del ingreso y medir la pobreza.

En algunos países del primer mundo los investigadores tienen acceso a las declaraciones (anónimas) del ISR (impuesto sobre la renta) que permite conocer el ingreso de las personas y que, en el caso de los altos ingresos, es la única fuente confiable.

Pero en México el SAT no ha abierto esta valiosa información. De las fuentes de ingreso de los hogares, las Enigh captan muy bien los salarios netos percibidos: en 2018 según el Evalúa CDMX –que ajusta los ingresos y los gastos a las CSI para calcular la pobreza con el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP) y la desigualdad– captó 97 por ciento de lo reportado por las CSI; 75 por ciento de la renta imputada de la vivienda propia (RIVP, ingreso virtual o en especie), pero sólo 42 por ciento de las transferencias (jubilaciones y pensiones, beneficios de programas gubernamentales, remesas, transferencias de otros hogares); 19 por ciento de los ingresos del capital y mixtos (que forman parte del excedente bruto de explotación, EBO, de cuentas nacionales), y 2.3 por ciento de las rentas de la propiedad (dividendos, intereses, alquileres de inmuebles).

Como se aprecia, los ingresos que menos captan las Enigh son los derivados del capital, muy concentrados en los hogares más ricos, por lo cual la subestimación de los ingresos en las Enigh se concentra en los deciles superiores, lo que afecta más el cálculo de la desigualdad que el de la pobreza.

El coeficiente Gini reportado por el Inegi en 2018 fue de 0.417 para el ingreso per cápita ajustado por economías de escala, el más cercano a la forma como calcula el Gini fue el Evalúa CDMX, que obtuvo 0.629, una diferencia de 51 por ciento.

En cambio, la pobreza por ingresos (tal como se calcula como parte del MMIP) pasó en 2018 de 68.7 por ciento sin ajuste a CSI, a 59 por ciento con ajuste, una baja de 14 por ciento. La pobreza MMIP completa baja de 79.5 por ciento sin ajuste a 73.2 por ciento con ajuste, una diferencia de 8 por ciento.

Dejo para próximas entregas: a) explicar con más detalle el ajuste a CSI; b) analizar comparativamente los resultados de pobreza del Coneval y de Evalúa CDMX; c) el análisis de a cuántos y a quiénes están llegando los programas sociales y su impacto en la desigualdad y la pobreza, así como la comparación con los escasos datos oficiales disponibles.

Enumero algunos resultados de la Enigh 2020 en comparación con anteriores:

1) El tamaño medio de los hogares continúa bajando (de 3.66 personas en 2016, a 3.6 en 2018 y a 3.55 en 2020) lo cual encarece el costo de la vida al disminuir las economías de escala del consumo. Esto se refleja en un crecimiento muy rápido del número de hogares (3.9 por ciento) entre 2018 y 2020 con una población que sólo creció 2.4 por ciento.

2) Hogares con más personas adultas mayores, menos menores de 15 años y constancia en las personas de 15 a 64 años.

3) Leve baja en el número de personas económicamente activas (1.75 a 1.73); baja en los ocupados (de 1.70 a 1.64) y fuerte baja en los perceptores de ingresos (de 2.38 a 2.25), lo que sube las tasas de dependencia de 2.12 a 2.16 por ocupado y de 1.51 a 1.57 por perceptor. Ésta es, principalmente, una consecuencia de la pandemia.

4) El ingreso de los hogares (YH) captado en 2020 fue de 1.80 billones (B), contra 1.84 B en 2018, lo que en términos per cápita (pc) significa una caída de 4.5 por ciento. La estructura del YH se modificó: cayó la participación de los ingresos del trabajo (en 3 puntos porcentuales, pp), y subió la de transferencias (2.3 pp) y la RIVP (1.7 pp).

5) El ingreso promedio por hogar (YPH) cayó en 5.8 por ciento (por arriba de la caída del per cápita); sin considerar la RIVP la caída fue de 7.6 por ciento y sin RIVP ni transferencias (T), 10.9 por ciento; el ingreso del trabajo promedio por hogar cayó en 10.7 por ciento.

6) Por fuentes de ingreso, cayó el YPH en todas las fuentes con la excepción de dos rubros de transferencias (jubilaciones y pensiones que aumentó 15.1 por ciento y 562 pesos por trimestre, y beneficios de programas gubernamentales, que aumentó 50.4 por ciento y 391 pesos) y la RIVP que aumentó 8 por ciento y 487 pesos. Sin estos aumentos, la caída en el YPH habría sido estrepitosa.

7) La concentración del ingreso (con y sin T) disminuyó entre 2016 y 2018 y también entre 2018 y 2020, en este segundo caso porque cayó más el YPH en los deciles superiores que en los inferiores y el del primer decil aumentó ligeramente; el coeficiente de Gini (G) del Y sin T y sin ajustar a CSI, bajó de 2016 a 2018 y a 2020, de 0.499 a 0.475 y a 0.468; el G con T bajó de 0.449 a 0.426 y a 0.415. El primer juego mide la desigualdad de mercado; el segundo mide la desigualdad de mercado modificada por reglas sociales (seguridad social, programas de política social, solidaridad intrafamiliar). Nótese que la baja en G es el doble (0.023 vs. 0.011) de 2016 a 2018 que de 2018 a 2020.

8) El comportamiento es muy diferente entre los medios urbano y rural de 2018 a 2020. El YPH del medio urbano disminuye 8 por ciento; el del rural crece 3.6 por ciento. En el medio urbano decrecen ingresos del trabajo y renta de la propiedad; en el rural aumentan todos. 9) Lo mismo pasa por deciles: en el medio rural crece el YPH en todos los deciles; en el urbano decrece en todos. La pandemia y el confinamiento afectaron la economía del medio urbano, pero no la del rural.

www.julioboltvinik.org

julio.boltvinik@gmail.comSubir al inicio del texto

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