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Cultura

Herencia de Kafka crece porque cada vez más vivimos en su universo: Černý

Por: Alondra Flores Soto / La Jornada

«Desgraciadamente, la herencia de Franz Kafka está creciendo debido a que vivimos cada vez más en su universo, en el sentido de que estamos usando el término kafkiano como la forma de describir lo absurdo del mundo en el que estamos», opina el escultor checo David Černý en entrevista.

Este año se cumple el centenario luctuoso del autor de La metamorfosis, lo cual brinda la oportunidad de conversar con el famoso y polémico artista que le rindió un homenaje con una enorme cabeza giratoria instalada hace una década en el centro de Praga.

Al salir de la estación Národní třída del Metro los transeúntes encaran los reflejos plateados de la escultura mecánica de acero inoxidable de 11 metros de altura y 39 toneladas. El rostro del autor se transfigura y las 42 capas que lo conforman cumplen un ciclo de movimiento hasta volver nuevamente a su forma humana.

Es una de las atracciones más buscadas en la urbe, donde hay recorridos turísticos para presenciar las obras de arte público que Černý ha esparcido por la ciudad, como los bebés gigantes que escalan la Torre de Televisión, Sigmund Freud colgando del exterior de un edificio o los dos hombres de bronce que orinan sobre un estanque con la forma de la República Checa.

Aunque David vive a una caminata de dos minutos de la escultura cinética de espíritu literario, evita pasar por ese punto, pues, si se acerca, usualmente la gente la pide selfis y autógrafos. Pero recientemente se desmontó la cabeza para remplazar por completo el mecanismo interno; entonces se harán actos de reapertura el 28 y 29 de febrero.

«Los movimientos fueron reprogramados; cambió en una nueva forma. Así que será perfectamente silencioso, fantástico, suave. Sobre lo cual, desafortunadamente, no puedo decir cómo se construyó antes, pero no fue mi culpa. Y, por supuesto, estamos planificando un par de cosas más por el aniversario del centenario de Kafka».

El escritor es recordado en el mundo un siglo después de su muerte. En Praga persevera su huella con un museo con su nombre, en el cementerio Olsany, el callejón del Oro, el café Louvre y un par de estatuas. Es célebre el personaje de la capital checa, a pesar de la petición del propio autor de que su obra fuera destruida por el fuego, orden que fue pasada por alto por su amigo Max Brod. Quien legó la novela El proceso murió a los 40 años el 3 de junio de 1924, casi desconocido.

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La estatua de Černý «es un símbolo de las tres lenguas en las que está basada la ciudad, pues, antes de la Segunda Guerra Mundial, se hablaba alemán, checo y por supuesto, yiddish. Somos una mezcla cultural de una comunidad judío-germano-bohemia. Además, escogí el lugar donde se ubica porque él era empleado en la oficina de al lado, como a 50 metros. La calle Národní es una especie de frontera entre lo checo y lo alemán, eso explica por qué está ahí la escultura. También usé la metamorfosis».

Humor y controversia

El rostro diseccionado encara asimismo la parte trasera del ayuntamiento, «el ejemplo típico más kafkiano«, dice durante la conversación con La Jornada. «Simplemente, imagina la oficina que tiene gran poder sobre nosotros. A veces caminas por los pasillos y no hay forma de hallar solución, así que vas de una puerta a otra y te envían de un empleado a otro. Eso simboliza el mundo de Kafka«.

Al igual que Franz Kafka, David Černý nació en Praga, en 1967, 84 años después que el hombre dedicado a las letras. «Domina como ningún otro el arte de equilibrar la controversia y el humor», se describe a quien también ha trazado huella en la capital checa, y más allá de las fronteras. El inicio de su notoriedad fue en 1991, cuando pintó un tanque soviético de color rosa, una de las primeras intervenciones públicas del artista calificado de «controversial«, lo que incluso le costó pasar un breve tiempo en la cárcel.

En el Musoleum, espacio que abrió en 2023 el famoso escultor en una antigua destilería en Praga, exhibe una escultura de Kafka, junto con otros modelos a menor escala de algunas de sus piezas más representativas, como el autobús con brazos que se exhibe en Londres y el auto Trabant de bronce.

El nombre de este espacio de cinco pisos, en el humor irónico de Černý, combina las palabras para museo y mausoleo, «pero el arte está muy vivo», recalca con voz grave y de buen ánimo.

En cierto modo, su trabajo es kafkiano: «probablemente, uso algo así como el humor de Kafka. Algo importante es que la gente piensa que su escritura es depresiva, pero prefiero decir que es profundamente irónica, con un humor especial. Bueno, es lo que llamo el tipo de humor checo, muy oscuro, a veces inapropiado, pero, ya sabes, aún tenemos agallas para sobrevivir eso».

Lo más cerca que los mexicanos se podrán acercar a la cabeza, sugiere el artista, es la nueva escultura en Santa Mónica, en California, ligeramente basada en la de Kafka en Praga. Para este sitio, modeló el rostro de David Lynch, quien además es su cineasta favorito. «Él dijo alguna vez que si pudiera escoger un hermano, éste sería Franz Kafka».

Aunque la pieza ubicada en un complejo de departamentos fue terminada hace dos años, no está disponible al público, porque el edificio aún no tiene permiso para abrir, así que continúa envuelta. En su cuenta de Instagram, Černý publicó una foto posando sobre la cabeza gigante.

Adelantó que trabaja en una gran escultura que estará enfrente de la casa checa en París este verano, como parte de los Juegos Olímpicos.

El año pasado, el escultor, arquitecto, cineasta y piloto aviador mostró su trabajo por primera vez en México en la exhibición Rebelión, en el Centro Cultural Tijuana.

«Me han llamado provocador. Usualmente digo que no lo soy, pero el mundo que me rodea es aburrido. Entonces, estoy tratando de relativizar, hacer algo excepcional».

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