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Tras protestas en Jalisco, ciudadanos fueron golpeados y humillados en casa del gobernador

Por: uan Carlos G. Partida / La Jornada

Un cuarto en Casa Jalisco, residencia oficial del gobernador emecista Pablo Lemus, fue escenario de torturas, golpes, vejaciones y amenazas por parte de policías estatales contra ciudadanos que se manifestaron el domingo pasado por la crisis hídrica en la zona metropolitana de Guadalajara, relata Alejandra Rivas, una de las afectadas, quien está dispuesta a presentar una denuncia ante la FGR.

Luego de que ayer, por segundo día consecutivo, la presidenta Claudia Sheinbaum condenara y calificara de inadmisibles los hechos ocurridos el pasado 11 de octubre en la capital jalisciense, y demandara a la CNDH investigar a fondo las acusaciones de tortura policial, Rivas manifestó su disposición a presentar su denuncia para propiciar la intervención de las autoridades federales, ante su desconfianza en las instancias locales.

En entrevista, narró que, tras ser detenida en la calle Ontario, las agentes la sujetaron de la mochila, la tiraron al suelo y la arrastraron por el pavimento. También destruyeron su teléfono. Ingresó a Casa Jalisco sin zapatos, con el pantalón abajo y heridas en la cabeza.

“Esto querías, ¿no?”

Una vez dentro del inmueble, fue conducida a un cuarto donde había más personas lesionadas. Al principio pudo ver poco, pues varias policías continuaron golpeándola. Algunas de las uniformadas le pisaron los tobillos mientras la insultaban y le decían frases como “esto es lo que querías ¿no?

“Me tocó ver cómo una compa se convulsionó”, cuenta Rivas, integrante del centro cultural Casa Quinqué, un espacio autogestivo y comunitario comprometido, entre otras causas, con el arte popular y los movimientos sociales locales.

La mujer considera que las autoridades estatales deben asumir la responsabilidad por lo ocurrido.

En el suelo de ese cuarto, cuyas paredes eran de cristal y que carecía de mobiliario, había gasas ensangrentadas. También se escuchaban quejidos y llantos de mujeres y hombres, mientras policías se burlaban y los amenazaban. A tres días de lo ocurrido, señala entre lágrimas, todavía no comprende los motivos de la violencia que sufrió.

La agresión le dejó secuelas físicas y emocionales. Asegura experimentar un estado de choque y desesperación por el trato recibido.

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