Pese a la derrota, Messi bailó su último tango y Buenos Aires no dejó de festejar
Buenos Aires, 21 de julio.- “Messi es Maradona, es tango, es rock and roll; Messi es todo lo bueno para nosotros”, dijo Eduardo, uno de los miles de argentinos que, pese a la derrota de su selección, decidió salir el domingo al Obelisco para acompañarla.
Argentina perdió 1-0 la final contra España, resultado que le arrebató el tan anhelado bicampeonato, pero no la necesidad de celebrar en las calles para “bancar” a un equipo que volvió a ilusionar a todo un país.

Alrededor de las 9:00 de la noche, en el metro de Buenos Aires la gente se trasladaba para demostrarle a la Selección que está ahí en las buenas y en las malas. Nadie parecía regresar a casa; todos iban hacia el mismo sitio, como si el fútbol todavía tuviera algo pendiente por decir. Al arribar al Obelisco, una marea Albiceleste brincaba, cantaba y gritaba.
“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Diego, Argentina quiero verte bicampeón”, se escuchaba corear al ritmo de la canción que se convirtió en el leitmotiv de este Mundial. Aunque la Copa ya tenía otro dueño, el canto seguía vivo, como si pudiera cambiar el desenlace.

En el Obelisco se proyectaban imágenes de la Selección, así como mensajes de agradecimiento. En el cielo, fuegos artificiales brillaban sobre una multitud que sostenía jarras de fernet y cervezas. La derrota había llegado unas horas antes, pero la ciudad parecía empeñada en no dejar que la tristeza ocupara todo el espacio.
El orgullo pesaba más que el marcador. “Pasó lo que pasó, pero no pasa nada. Somos los campeones del mundo, pase lo que pase”, dijeron Valeria y Linda, quienes aseguraron que el equipo de Lionel Scaloni “estaba para ganarla”.
Para Eduardo, otro de los hinchas presentes, el fútbol trasciende cualquier marcador. “Tenemos el fútbol en la sangre. Mirá toda la gente disfrutando por más que hayamos perdido. En las buenas y en las malas, más que nunca”, afirmó, antes de enviar un mensaje al plantel: “Los amamos. Son un orgullo nacional”.
Los hinchas, como ya es tradición, se trepaban en estructuras, mientras parejas se besaban frente a una multitud que les aplaudía.

Sin embargo, avanzada la noche, la Policía de la Ciudad comenzó a despejar violentamente a las personas e incluso lanzó gas lacrimógeno, lo que provocó molestia entre los asistentes y algunos respondieron arrojando botellas.
Pilar, vecina de Lanús, lamentó que la jornada terminara de esa manera. “Vinimos a bancar a la Selección y nos reprimieron. Había familias, chicos, gente con bombos. Igual mañana los vamos a ir a bancar”, expresó, convencida de que, para ella, la Albiceleste “sigue siendo campeona”.
Pero la fiesta no terminó, solamente se trasladó unas cuadras más allá. Frente al Teatro Colón, personas improvisaron un partido de fútbol, mientras otro grupo entonó el himno nacional argentino y canciones de cancha. Como tantas veces en Buenos Aires, la pelota volvió a aparecer incluso cuando ya no había nada en juego.
En la icónica avenida 9 de Julio, un letrero gigante decía: “Gracias por todo, y por el fútbol también”, mientras que, justo enfrente, un espectacular mostraba el rostro de Lionel Messi.

Entre quienes seguían cantando estaba Nacho, quien resumió el ánimo de la noche. “No pasa nada. Ya fuimos campeones y Messi pudo levantar la Copa. Después de ver llorar a Scaloni se te parte el corazón, pero a esta Selección no hay nada que reprocharle. Nos trajeron una Copa a casa y eso está perfecto”.
Así, entre cánticos, banderas, fernet y un Obelisco que volvió a convertirse en el corazón del país, Buenos Aires convirtió la derrota en un acto de gratitud a su amada selección, pero sobre todo a su querido Lionel Andrés Messi en su último tango…





