Opinión

¿Quién está hablando con Washington? Ese es el verdadero mensaje

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

La exclusiva mensual del The New York Times hizo algo más que sacudir a al partido en el poder en México, Morena. Sembró una duda. Y, en política, pocas cosas pesan tanto como la duda.

El periódico estadunidense afirma que una decena de funcionarios y políticos morenistas se acercaron discretamente a autoridades de la administración Trump para entregar información sobre otros integrantes de su propio movimiento. No publica nombres. Tampoco presenta expedientes judiciales. Pero, a estas alturas, quizá eso sea lo menos importante.

El mensaje que recibe la clase política mexicana es otro: Washington ya no parece depender únicamente de expedientes, escuchas o investigaciones financieras. Ahora también apuesta por quienes conocen el sistema desde adentro. Por quienes estuvieron en la mesa donde se repartían y tomaban decisiones.

Si esa estrategia es correcta o no, el tiempo lo dirá. Lo que ya produjo fue un efecto inmediato: nadie sabe quién habla con quién. Aunque digan a los medios lo contrario…

Y cuando la desconfianza entra al cuarto, la política cambia de reglas. Gobernadores, legisladores y operadores empiezan a mirar por encima del hombro. Cada reunión privada adquiere otro significado. Cada llamada puede interpretarse de otra manera.

El reportaje llega, además, después de semanas marcadas por investigaciones contra funcionarios mexicanos, entregas de presuntos implicados a Estados Unidos y una presión creciente sobre figuras de alto nivel. Vista en conjunto, la secuencia parece menos un hecho aislado y más una nueva forma de operar.

Y es que el poder no siempre está en lo que se muestra, sino en lo que los demás creen que existe.

PIEZAS SUELTAS

Jamieson Greer, el hombre que está redibujando el mapa comercial de Trump

Mientras Donald Trump ocupa los reflectores, hay otro hombre reordenando el tablero económico. Se llama Jamieson Greer y, poco a poco, está reconstruyendo la política arancelaria global de Estados Unidos. Después de los tropiezos judiciales sufridos por la Casa Blanca, el peso de las negociaciones comenzó a desplazarse hacia su oficina.

Tras los reveses judiciales a la estrategia arancelaria de la Casa Blanca, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, comenzó a ocupar el centro de las negociaciones económicas y comerciales… Y en repetidas ocasiones ha asegurado que trabaja “de forma muy estrecha y constructiva” con el secretario de Comercio, Howard Lutnick. El propio Departamento de Comercio respalda esa versión. El mensaje es sencillo: la agenda comercial ya no depende de un solo jugador.

Quienes lo conocen lo describen como un abogado rígido, metódico y negociador implacable, formado bajo Robert Lighthizer, el arquitecto de la guerra comercial del primer mandato de Trump. Y ese dato importa. Porque si alguien va a redibujar el mapa de los aranceles y conducir la revisión del T-MEC, probablemente no será quien habla más fuerte desde la Casa Blanca. Será quien, con pocas palabras y muchos expedientes, está repartiendo las cartas.

Durante meses, todas las miradas estuvieron puestas en Donald Trump. Pero un artículo del Wall Street Journal advierte de la presencia de Greer acumulando poder silenciosamente.

No es un cambio menor. Significa que la política comercial de Washington dependerá menos de anuncios espectaculares y más de una estrategia jurídica y negociadora. Para México, el mensaje es claro. Si la revisión del T-MEC entra en una etapa decisiva, buena parte de las cartas pasarán por el escritorio de Greer. Conocer sus prioridades y su margen de maniobra será tan importante como seguir las declaraciones de Trump.

La frontera también divide conciencias

Mientras Washington endurece su política migratoria, una parte de la Iglesia católica decidió enviar un mensaje distinto: ni de protesta estridente ni de confrontación, sino de humanidad.

Una procesión encabezada por el obispo James Misko entre Arizona y Sonora recordó el pasado sábado que el debate migratorio ya no se libra sólo en los tribunales o en el Congreso; también se disputa en el terreno moral.

El contraste es inevitable. Mientras obispos y religiosos cruzaban la frontera con un rosario en las manos para pedir dignidad para los migrantes, Washington celebraba el respaldo de la Corte Suprema a su política restrictiva y el asesor presidencial Stephen Miller sentenciaba que las puertas del asilo en Estados Unidos están, sencillamente, cerradas.

La seguridad fronteriza seguirá siendo una prioridad para Estados Unidos, pero esa estrategia no elimina una pregunta incómoda: ¿cómo proteger la frontera sin perder de vista la dignidad de quienes, aun con temperaturas mortales, siguen apostándolo todo por cruzarla?

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