Los de abajo | La protesta que el Mundial no pudo apagar
La contención y el encapsulamiento policiaco fueron la estrategia durante los días previos y la fecha inaugural del Mundial en México. Los enemigos a vencer: maestros disidentes, familias buscadoras y estudiantes normalistas, estigmatizados como parte de la ultraderecha que, esa sí, ocupaba un estadio que lo que menos quería era enterarse de que a su alrededor, otro México era replegado por miles de policías para que no les estorbaran con su legítima protesta.
“Que no se acerquen. Ustedes allá y nosotros acá”, declaró el secretario de Gobierno local, César Cravioto. Jamás se trató de responder a sus demandas, sino de que no se vieran las madres con los retratos de sus hijos e hijas desaparecidos cargando una veladora, una flor y un dolor infinito. Ni los maestros exigiendo una jubilación digna. A ellos los contuvieron más atrás. Primero, como a las buscadoras, con trabajadores del gobierno ataviados con chaleco blanco, un nuevo bando de seguridad que funcionó como primer bloqueo, para luego pasar a los “inexistentes” granaderos y a la policía montada en los alrededores del estadio.
En Toluca, Puebla y la Ciudad de México se repitió el patrón de hostigamiento y paralización de la movilidad, que con los normalistas de Ayotzinapa tuvo su máxima expresión. La policía retuvo 17 autobuses que trasladaban a madres, padres y estudiantes de Ayotzinapa rumbo a la Ciudad de México. No los dejaron ni asomarse durante cuatro días. Su sola presencia es símbolo de un cúmulo de injusticias, inoperancias, impunidades y complicidades que no debían verse.
Personas vestidas de civil, como en los viejos tiempos, quitaron fichas de búsqueda en avenida Tlalpan, al igual que el antimural colocado en el bajo puente del estadio, pese a que había un acuerdo para mantenerlo. Y agentes de chaleco guinda hostigaron a la Red Regional de Familias Migrantes y a Casa Tochan, que realizaron un acto cultural en el antimonumento +72, en avenida Reforma.
Dos periodistas fueron detenidos por la mañana del día inaugural, y estudiantes de la UNAM y de la UAM por la tarde. Y más. Pero, a pesar de todo, los abajos se movilizaron y, por supuesto, no se rindieron, ni lo harán.




