Opinión

Cimarrón: ¿se aprovecha para conservar o se conserva para saquear?

Por: Biol. Sonia Gabriela Ayala Cano

Durante la noche, teniendo por techo las brillantes estrellas en el hermoso cañón La Angostura del ejido Tepentu en Baja California Sur, al intercambiar precisos y concisos puntos de vista con el guía sobre la problemática del borrego cimarrón, la cacería, la conservación y demás cuestiones sociopolíticas en torno al recurso, surgió de nuevo la interrogante respecto al manejo de la especie en la península: ¿se aprovecha para conservar o se conserva para saquear?

El borrego cimarrón de Baja California (bajo protección de la NOM-059-SEMARNAT-2019) es la codiciada joya de la corona, la subespecie más ambicionada por propios y extraños, por nacionales y extranjeros, por legales e ilegales. Sin embargo, el ámbito ambiental, así como tantos otros sectores en México, tiene un grave problema de fondo: la corrupción que impera desde las dependencias de gobierno, las universidades públicas, las políticas ambientales y sus políticos, las UMA, (Unidades de Manejo para la Conservación de Vida Silvestre), etc.

Ante esta situación, y a pesar de que aparentemente el manejo de las dos subespecies peninsulares (Ovis canadensis cremnobates y Ovis canadensis weemsi) es diferente, en el fondo no lo es tanto.

En Baja California no se aprovecha de manera legal, pero sí se saquea ilegalmente por grupos de poder y en aras de una conservación amarillista que disfraza la historia poblacional del cremnobates en una veda fantasma y en una extinción muy lejos de serlo.

En Baja California Sur, además del aprovechamiento legal, también hay saqueo ilegal y una serie de sucesos por demás cuestionables.

Coincidí con el guía en que lo que se necesita en esa región es una mejor organización, para que sean los mismos ejidos los que subasten o vendan sus permisos, sin intermediarios que se quedan con la mayor parte de las ganancias, ya que, como se lleva a cabo actualmente el aprovechamiento, este deja muy poco usufructo para las comunidades rurales y para el mismo ecosistema borreguero.

No solo lo pienso yo, varias personas me han comentado lo mismo respecto a las UMA en Baja California Sur.

Otra de las problemáticas de la península, mayormente evidente en el norte, es respecto al saqueo de ejemplares, dado que no solo cazan ilegalmente al borrego cimarrón, sino que también extraen machos trofeo vivos por vía aérea y marítima, los animales de mejores características físicas y de gran cornamenta.

El negocio consiste en colocarlos del otro lado del golfo de California para hacerlos pasar como subespecie mexicana y ¡pum!, los cazan «legalmente» utilizando los cintillos o guías que se otorgan para esa región. Es un secreto a voces en todos los ejidos a lo largo y ancho de la accidentada orografía de la península de Baja California.

Personalmente me tocó lidiar con uno de estos personajes que dobletean cintillos o los falsifican. El señor pretendía utilizarme como técnico y recurrir a la tasa de aprovechamiento para venado bura que le estaba haciendo y que posteriormente tramitaría ante la dependencia correspondiente. Él intentaba convertir los cintillos que obtendría de venado para sacar borrego, pero me di cuenta de sus pretensiones y lo mandé a bailar a Chihuahua junto con el pseudo técnico que ya tenía, al que además también debía explicarle, según ellos, cómo hacer una tasa de aprovechamiento.

Lo peor de todo ese episodio es que dicho personaje es un guía borreguero que ha trabajado para algunas UMA en Sonora.

Por la gran problemática del borrego cimarrón en Baja California, misma que lleva 35 años, consideramos que la Semarnat y el gobierno del estado deben llegar al fondo del asunto, además de permitir que el aprovechamiento de la especie de mayor importancia cinegética de México sea redituable para sus únicos y legales poseedores: los ejidatarios.

Que la conservación sea realmente protección a través del manejo sustentable y lo que ello implica, y sobre todo, que no se sigan haciendo más ricos los ricos que tienen las manos sumergidas hasta el fondo en el sucio negocio del tráfico del borrego cimarrón con ejemplares que NO son suyos.

Que en lugar de perder el tiempo en leyes y reformas que solo benefician a gente ignorante y de poder, que dicho sea de paso, no tiene la más mínima idea de lo que es un ecosistema, la conservación, el manejo, la función biológica de las especies, etc., pero sí afectan a mucha gente trabajadora, mejor se enfoquen en desmantelar las redes de corrupción en materia ambiental que hay desde el mismo gobierno.

Versiones hay muchas, reportajes o artículos en revistas de prestigio y en papel de gran calidad, pero la verdadera historia del borrego cimarrón es la comprensión empírica, las vivencias que tienen los rancheros, los guías de verdad y honestos, los ejidatarios, sus usos, sus costumbres, sus aciertos, sus fallas; todo aquello que sin ser necesariamente letrados o poseer un título, les hace tener mucho más conocimientos en comparación con los que estudiamos a esta especie, por ejemplo: sus movimientos, por dónde suben o bajan, lo que comen, cuándo lo comen, su comportamiento ante un cazador, cuándo están en celo, sus peleas, cuándo están solos, cuándo están en manada, cuándo los machos más viejos se rezagan, cuándo la hembra preñada se aparta, cómo ventean, sus rinconadas, sus echaderos, sus fuentes de agua y muchas cosas más.

La historia borreguera es grande, confrontante y emocionante; la verídica, la que se basa en los verdaderos actores que la viven día a día, los que la escribieron en décadas pasadas, los que la guiaron y los que lo siguen haciendo en las montañas, en el monte, en la soledad de la nada: los ejidatarios o rancheros propios de cada zona donde se distribuyen las dos subespecies en la península.

Aún queda mucho más por contar, porque varios demonios siguen sueltos en las sierras.

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