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Mitin de Trump en plena feria de armas; se enciende la ira

Por: Jim Cason y David Brooks / La Jornada

Harrisburg y Nueva York, 13 de febrero.- Miles de participantes empezaron a hacer fila más de seis horas antes de aparecer el ex presidente Donald Trump, con amplias sonrisas, tomando selfis, con gorras rojas con el lema Make America Great Again (Haz grande a Estados Unidos de Nuevo, o MAGA), camisetas y cachuchas que anuncian «cazadores por Trump», «Chica Trump», «Alguaciles por Trump», y más que otras, «Trump 2024».

Es una multitud feliz en un ambiente festivo, moviéndose con la música y niños corriendo. El único problema es que el Servicio Secreto ha ordenado prohibir las armas en la arena, y es que este mitin es parte de la gran feria anual de la Asociación Nacional del Rifle, a un lado de extensas exposiciones de todo tipo de artefactos, y mucha de esta gente ha estado portando sus propias armas toda la semana aquí. Aunque hay un lugar para que guarden sus cuchillos fuera de la arena, aquellos que tienen armas de fuego deben regresar a sus autos u hoteles para dejarlas.

Miles de visitantes a la feria de esa organización en Harrisburg, Pensilvania, acudieron al encuentro con el aspirante del Partido Republicano. Foto Jim Cason / La Jornada

Asistir a un mitin de campaña de Trump el sábado pasado deja la impresión de que aun si el ex mandatario no fuese candidato, esta comunidad de sus simpatizantes estaría apoyando a alguien más que se le parezca, o sea, esto no es exclusivamente un fenómeno Trump, sino un segmento de la población que existía antes de su aparición en el escenario político, y que estará aquí después de que él desaparezca.

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La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) dice tener 5 millones de miembros, pero hay evidencia de que ese número se ha desplomado un millón como resultado de escándalos internos entre el liderazgo de esta aún poderosa organización civil. Unos 70 millones votaron por Trump en la última elección, y decenas de miles de ellos siguen llegando a sus mítines de campaña por todo el país.

Después de tres horas de espera, las puertas de la arena se abren y ahí los fans esperarán otras tres horas antes de que llegue su líder. Buscan sus asientos y proceden a buscar hot dogs mientras escuchan música grabada que incluye Pinball Wizard, de The Who; Ring of Fire, de Johnny Cash, pero sorprende que justo antes del ingreso de Trump a la arena, se escucha a Pavarotti cantando Nessun dorma, de Puccini.

La multitud es abrumadoramente blanca, está generalmente vestida en pantalones de mezclilla, camisetas y botas de trabajo o tenis, y por supuesto –a pesar de que el presidente Joe Biden y otros han buscado caracterizarlo como algo negativo– muchos llevan artículos que orgullosamente los definen como MAGA; una mujer hasta lleva joyería de diamantes con ese logo.

“Este es el verdadero Estados Unidos. Si ven a su izquierda, a su derecha, detrás, verán a estadunidenses NRA, y verán a la gente que hace grande a America”, declara el vocero de la NRA Billy McLaughlin ante el público, provocando una ruidosa ovación«Nunca entregaremos nuestras armas«, proclama. Pide a la multitud voltear a ver hacia la parte de en medio de la arena, donde está la sección para los medios, y sus cámaras y reporteros, y declara: «verán a los medios establecidos» mientras todos empiezan a abuchear, algo que continúa cuando menciona a CNN, MSNBC, el New York Times y más (La Jornada agradece que la oficina de prensa de la NRA haya colocado a su enviado en otra parte, alejada de la sección de medios).

Poco después de las 6 de la tarde, una luz spot apunta a una esquina de la arena y aparece caminando Trump al ritmo de la canción country Proud to be an American Hero (Orgulloso de ser un héroe estadunidense). Pero Trump suele avanzar lentamente, con pausas cada par de metros y espera hasta que la multitud se pone de pie coreando «U-S-A» y «Trump, Trump, Trump«.

Tarda 5 minutos antes de empezar su discurso con el público de pie, un hombre vestido con una enorme bandera estadunidense desfila de un lado al otro debajo del escenario, a un par de metros de los agentes del Servicio Secreto. Una alguacil a un lado de este reportero está preocupada porque su celular no tendrá suficiente batería para capturar todo… y del otro lado un taxidermista, con una cola de algún animal colgando desde su cinturón, trata de tomar videos de la multitud.

«Durante cuatro años increíbles fue mi honor ser el mejor amigo que los dueños de armas que jamás han tenido en la Casa Blanca», inicia Trump. «Cuando regrese a la Casa Blanca, nadie pondrá un solo dedo sobre sus armas de fuego, eso no sucederá». El público levanta brazos hacia el orador y una mujer grita «te amamos». El ex mandatario procede: «hace cuatro años les dije qué iba a pasar si Joe Biden llegaba al puesto: les dije que abriría nuestras fronteras, destruiría nuestra clase media, aplastaría la energía… éramos independientes en energía hace tres años, hoy le pedimos a Venezuela si podemos, por favor, tener un poco de su petróleo», y recibe la reacción deseada, los abucheos. Locura y caos en casa y en el exterior.

Un enfoque principal del discurso son las «fronteras abiertas«. «Construimos 561 millas de muro fronterizo. Logramos que México enviara 28 mil soldados a nuestra frontera gratuitamente», y dedica más de 10 minutos a explicar cómo fue que, a pesar de que «todos» dijeron que no sería posible convencerlo, logró que el presidente de México enviara esos militares. “Les dije que ellos tendrían que darnos los 28 mil soldados. Y una cosa llamada ‘permanece en México’. ¿A poco no es buena idea?”, y la multitud aplaude.

El presidente de México me agrada

«Me agrada el presidente de México, el ex presidente supongo que pronto será, alguien más estará tomando su lugar, y estoy seguro que me agradará la persona que tomará su lugar«, afirma. Repite entonces lo que se ha convertido en parte permanente de sus discursos, afirmando que amenazó a México con aranceles de 25 por ciento si no acordaba desplegar las 28 mil tropas a la frontera y establecer el programa Permanece en México, entre otras medidas.

Aunque el hilo principal del discurso fue sobre protección del derecho a las armas y el control de la frontera, muchos se levantaron para aplaudir a Trump cuando prometió que reducirá el financiamiento a escuelas que se atrevan a enseñar la historia del racismo en Estados Unidos o que apoyen a los derechos transgénero. «No permitiré a hombres en deportes femeniles«, aclaró.

Trump ofreció su lista de males desde que Biden llegó a la Casa Blanca: los «ilegales» siguen invadiendo, 300 mil personas mueren por fentanilo (insistió en que las cifras oficiales son mentira), los sindicatos y trabajadores se están quedando atrás y, subrayó ominosamente, que existe gran probabilidad de que estalle una tercera guerra mundial si Biden es relegido.

Es visible la habilidad y talento de Trump para nutrir la ira colectiva, y qué peligroso es eso, sobre todo si se combina con armas de fuego. Hora y media después, Trump concluye su performance.

El público se pone de pie y suelta gritos de apoyo mientras Trump poco a poco, sin prisa, sale del escenario. El festejo continúa, algunos bailan, y la gente va hacia las salidas de la arena al ritmo de la famosa canción de Village People, YMCA, aparentemente sin saber que esa rola es una especie de himno gay.

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