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Osmar Olvera: tengo capacidad para conquistar dos metales

Por: Adriana Díaz Reyes / La Jornada

Saltar, girar, caer; 10 y 100 veces al día. Volver a subir al trampolín, mirar la piscina e intentarlo otra vez hasta lograr el clavado perfecto. Así vive Osmar Olvera las últimas semanas previas a su segunda participación olímpica.

Con los medios de comunicación, marcas y autoridades deportivas observando su preparación, el seleccionado pule milimétricamente cada uno de sus saltos, escucha atento las indicaciones de su entrenadora Majin y realiza una autocrítica que le ayuda a no repetir sus errores.

«Cualquier detalle te eleva del 8 al 10 o te hunde del 9 al 7; a estas alturas ya sólo queda pulir mi lista y tratar de buscar la perfección siempre», comparte Olvera a La Jornada en un día típico de entrenamiento.

Llevar a cuestas las esperanzas de millones de personas no es una losa demasiado pesada para el clavadista, quien con 19 años de edad está listo para hacer historia por partida doble en París: conseguir la primera medalla en trampolín de tres metros tras la cosechada por Fernando Platas en Sidney 2000 y alcanzar el primer metal en la modalidad sincronizada para México.

«Me emociona volver al podio en el trampolín, una prueba en la que éramos potencia. Sería un logro histórico conseguir dos metales y creo que tengo la capacidad de hacerlo», agrega Olvera con un brillo especial en los ojos.

Si quisiera, podría dedicarse a recorrer yardas en un campo de futbol americano o a impartir clases de educación física. Cualquiera de los dos caminos habría significado un futuro sin complicaciones para el capitalino, quien decidió no ir a lo seguro y dedicarse a los clavados.

“Sí llegué a ir con mi papá a jugar, pero no es la misma adrenalina, nunca sentí tanta pasión por ese deporte. Con los saltos fue diferente, fue como un chispazo inmediato; ese momento de ir cayendo en el aire, dar vueltas y sentir el agua…no puedo explicar con palabras lo que significa para mí”, relata uno de los deportistas en los que más fe tienen los mexicanos.

El deportista es hijo de Sergio Olvera, uno de los mejores corredores de la historia de las Águilas Blancas y actualmente head coach. Su hermana practica tocho bandera mientras su madre, abuela y tío son profesores de educación física.

«Soy el único que se salió un poco del guion familiar, pero están muy contentos. La idea es que mis papás vayan a la alberca en París. Se vivirá una vibra diferente por el público; creo que experimentaré un sueño», agregó el clavadista, quien disfruta pasar tiempo preparando deliciosos postres a su familia o descubriendo una nueva serie o película.

Al clavadista le toma un par de minutos llegar hasta el trampolín. Ya colocado, visualiza, cuenta y ejecuta. Nada distrae su atención. Es un deporte de alta precisión y elegancia, sin espacio para titubeos.

«Es un momento tuyo, de nadie más. No observas ni escuchas nada. Todo sucede muy rápido y es muy importante saber que estás ahí porque te lo ganaste, que mereces esa oportunidad de pasar a la historia».

Osmar Olvera creció cobijado por una generación encabezada por la doble medallista olímpica Paola Espinosa y los medallistas mundiales Rommel Pacheco y Jahir Ocampo.

«Todos me dieron excelentes consejos, aprendí viéndolos entrenar porque siempre hay alguien que hace las cosas mejor que tú. Soy como una esponja que absorbe todo lo que pueda aportar a su carrera».

En la cima, el clavadista no olvida a quienes formaron sus cimientos.

«Tengo mucho qué agradecer a varias personas, como mi primer entrenador Adair Mata, quien me enseñó lo que sé de clavados, a ser competitivo y tener carácter. Con Majin aprendí la técnica de los chinos, los detalles que hacen la diferencia».

El joven viajó el sábado a China, donde participará en la Final de Copa del Mundo, última competencia previa a París 2024.

«Quiero sacarme la espina de Tokio, cuando no pasé a la final. Tengo mundiales, panamericanos; he crecido mental y físicamente. Estoy listo para vencer a chinos e ingleses».

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