Al iniciar su gira por BC dio las primeras señales, pero los políticos locales no supieron leerlas
Tijuana, 1 de febrero. El regaño fue para todos, «hay que trabajar más con la gente; todos ustedes (les decía mientras los señalaba con la mano… eran los diputados locales, servidores públicos y un senador), ¡hay que trabajar más con la gente!, no se queden allá, en el Congreso, acá en la ciudad nada más, vayan a territorio«.
El escenario fue la Universidad Intercultural de San Quintín -un pueblo con calles de tierra suelta que con cualquier ráfaga de viento o vehículo que circule levanta olas de polvo-, el acto público había terminado y la Presidenta se quedó para escuchar de cerca a la gente con saludos, peticiones de apoyo, y recibir documentos.
Ocurrió en cuestión de minutos, quizá segundos. La Presidenta dio unos pasos después de atender con mucho empeño a los ciudadanos que se le acercaron al final de la presentación del Plan de Justicia para San Quintín. Los miembros de la clase política local querían que les firmara libros o simplemente que se tomara una foto con ellos (que después pudieran subir a sus redes). Y fue cuando los increpó.
No quería a los mismos de siempre cerca
Si bien en la mañanera de hoy lunes dio una explicación de lo ocurrido, de lo incongruente que resulta solo preocuparse por la selfie en medio del polvo y las carencias, desde el viernes llamó la atención la manera como Presidencia organizó la logística de la visita del fin de semana a Baja California. Ella intentó desde el principio que entendieran un mensaje; no quería a los mismos de siempre cerca, quería saludar a otros sectores.
Y es que desde siempre, en las giras presidenciales, la clase política -diputados locales y federales, senadores, funcionarios de la administración estatal- tienen un área VIP, perfectamente sentados en alguna zona de las primeras filas. También fue siempre así con López Obrador.
Parece que ella quería que fuera un poco distinto. Para después de la mañanera del viernes en esta frontera, la mandataria planeó con su equipo un acercamiento con los medios de comunicación de la localidad, al final de la inauguración de la primera etapa del viaducto elevado que conduce a Playas de Tijuana.
Directores de medios de comunicación de Tijuana y Mexicali debían estar en la primera fila (detrás de la valla que siempre separa el templete del público). Habría un saludo y un pequeño intercambio. No pudo ser. La mandataria decidió no acercarse a ese lado de la barrera copada por servidores públicos que se levantaron de los asientos y se colocaron en posición de tomarse la selfie. La gobernadora Marina del Pilar Avila se acercó a saludar a algunos amigos que tuvo a la vista, mientras la jefa del Ejecutivo federal siguió con las señoras y los adultos mayores. Terminó con ellos y se dio la vuelta.
Motivos para recelar de políticos
La Presidenta parece tener muchas razones para recelar de algunos políticos locales. En la medida que a la gobernadora se le fue complicando el panorama del estado, todos se sintieron en libertad para ir a la Ciudad de México a buscar el padrinazgo político mejor ubicado. Algunos incluso se sumaron al golpeteo contra Marina del Pilar Avila, mostrando que cuando no hay oposición enfrente hay que pelearse con los de casa.
Seguros de que la posición de la gobernadora a la hora de decidir quién será su sucesor será quizá marginal, le perdieron el respeto. Solo el grupo más compacto, quienes saben que su futuro como alcaldes o diputados depende de ella, cerraron filas. La Presidenta le vino a dar un estate quieto a todos. Les dijo en distintos tonos que Marina del Pilar va a concluir su periodo como gobernadora, que no está sola, y que si quieren cargos públicos se pongan a trabajar con la gente, es decir, se construyan una carrera política desde abajo.
Les dijo también, lo que se promete se cumple. Por eso, también en San Quintín hizo al gabinete social ponerse de pie y comprometerse con el brazo en alto a que se hará realidad todo lo ofrecido a los trabajadores del campo. Y nombró una coordinadora, sus ojos y oídos en el lugar, Carmen Antuna Cruz. De paso borró del mapa a Miriam Cano, la presidenta municipal que no puede gobernar ni a su hijo. Pero fue un mensaje más allá de Baja California.
Cuando en 2018 López Obrador ganó la Presidencia, arrastró a mucha gente hacia la cúpula del poder. Muchos de ellos no habían hecho nada más que estar en el lugar indicado –la diosa fortuna, diría Maquiavelo- y en la medida que Morena se convirtió en un partido hegemónico, en muy poco tiempo se fue pareciendo cada vez más al PRI. Hay que ser el amigo, el que habla al oído… para obtener una candidatura, que en la ecuación actual es casi garantía de triunfo.
Porfirio Muñoz Ledo dijo en alguna ocasión que si el PRI “presentaba como candidato a una vaca, la vaca ganaba”, seguramente alguien inteligente como la Presidenta no quiere eso, por ello los conmina a trabajar. La historia muestra que los partidos y las siglas no son eternos y, si no, pregúntenle al PRI.




