Apuntes de Guerra | ¿Y cuándo renuncian los libreros?
La renuncia de Illya Haro a la Secretaría de Cultura municipal parece haberle puesto un punto final a la discusión sobre la Feria Internacional del Libro de Tijuana (FILT), con lo que inevitablemente parece un lavado de manos de las autoridades y, en especial, de los libreros. Pero considero importante entender que la problemática de la FILT no empezó con Illya ni tampoco terminó con ella
La FLT lleva años languideciendo en un limbo atorado en 1995, en parte debido a la naturaleza corrosiva de la escena cultural de la ciudad y, en parte, debido a la indiscutible falta de interés por innovar. Desde hace tiempo parece que la feria del libro está diseñada solo para cumplir con la fecha, tomarse la foto, invitar a los escritores amigos y dar por hecho que eso es suficiente.
La FLT 2025 (el 40.º aniversario de la Feria) cristalizó las problemáticas. En una feria que uno pensaría estaba diseñada para celebrar su historia y supervivencia, la organización pareció darle más importancia a que hubiera muchas hojas en el programa, aunque hubieran tres actividades. Para «apaciguar» a los autores locales se hicieron conversatorios muegano (hasta cinco autores en una misma mesa), todos en un mismo día, siguiendo con la verdadera temática de la feria: cumplir, no más.
Cuando las críticas a la feria empezaron a llegar en los círculos culturosos de la ciudad, el comentario de libreros y entendidos en el tema fue el mismo: «Esto siempre ocurre, todo mundo habla entre ellos de lo mal que va, critican pero no dan la cara». Pero cuando hubo quienes dieron la cara para plantear inconformidades, las respuestas fueron viscerales o desproporcionadas, respondiendo a publicaciones de blogs en internet con páginas completas en medios de circulación estatal.
Ese artículo, donde se nos llama a no pedirle peras al olmo, termina por puntualizar la problemática de la FLT.
Los libreros anunciaron el 5 de mayo mediante sus redes sociales la cancelación de la Feria del Libro, argumentando una falta de los aspectos más básicos para la realización de la misma, lo que no explica la seguridad de los libreros para abrir convocatorias para talleres, actividades y el llamado a «creadores de contenido independiente» para colaborar con la feria hace dos meses.
Si lo que publicaron en redes sociales al anunciar la cancelación es completamente cierto, entonces cuando dieron a conocer esa convocatoria sabían que no tenían nada confirmado, pues el recurso que iban a utilizar para ello estaba fuera de su alcance. ¿Dónde quedó la plana completa para alertar meses atrás de la situación?
Mi crítica principal es que los libreros llevan años culpando a otros de los errores y fallos de la feria. Los responsables de que no haya un proyecto, de que se hagan las ferias con tres meses de anticipación: siempre hay alguien a quien culpar.
No dudo que ellos han mantenido viva la tradición y que una versión actualizada de la feria necesitará de su experiencia, pero es claro que es hora de que la batuta sea pasada a alguien más, o a un grupo de personas de diversos sectores de la ciudad, incluidos ellos.
Después de 40 años, agradecemos su servicio a la comunidad y se los reconocemos, pero ya no están dando el ancho. La ciudad exige algo más, algo para lo que no han dado señales de poder aventarse la chamba.
El problema no empezó con Illya y no termina con su renuncia. Podrán venir otras veinte secretarias de Cultura, pero todas estarán destinadas al fracaso sin una estructura de apoyo, materializada en una organización digna de la ciudad y sus lectores.




