Opinión

Washington endurece el cerco: Trump gobierna con todo el aparato del Estado

Por: Rompecabezas | Mónica García-Durán

Antes de las sanciones vinieron los discursos. Después llegaron las designaciones como organizaciones terroristas. Ahora aparecen las listas de personas, empresas y cuentas. Viéndolas por separado parecen decisiones administrativas. Juntas cuentan otra historia.

Lo ocurrido este jueves confirma que la administración de Donald Trump no está reaccionando caso por caso frente al narcotráfico. Está ejecutando una estrategia en la que prácticamente todo el gobierno federal participa al mismo tiempo. Cada dependencia tiene una tarea y todas apuntan al mismo objetivo: elevar la presión sobre las organizaciones criminales y, de paso, medir el nivel de cooperación de México.

La decisión de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro, de sancionar a 39 personas y 16 empresas mexicanas presuntamente vinculadas con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es una muestra clara. No se trata únicamente de congelar activos o impedir operaciones financieras. El golpe busca romper la estructura económica que mantiene vivo al cártel.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue directo. Dijo que el presidente Donald Trump dejó claro que los cárteles catalogados por Washington como organizaciones terroristas serán desmantelados y que la ofensiva de este jueves golpea a los líderes, a quienes financian sus operaciones y a las redes empresariales que les permiten mover dinero y sostener sus actividades. El mensaje tiene destinatarios en ambos lados de la frontera.

La respuesta mexicana tampoco pasó inadvertida. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), encabezada por Pablo Gómez, ordenó bloquear las cuentas de los señalados e incorporó a otras ocho personas relacionadas con la misma red. La coordinación fue prácticamente simultánea. En otro momento habría parecido excepcional. Hoy parece formar parte de una dinámica que Washington quiere convertir en la nueva normalidad.

Eso ayuda a entender por qué las acciones de este jueves no deben verse de manera aislada. El Departamento del Tesoro, la OFAC, el Departamento de Justicia, las agencias de inteligencia financiera y las instituciones encargadas de perseguir el lavado de dinero están actuando como piezas de una misma estrategia. La prioridad ya no es únicamente decomisar droga o detener operadores. También consiste en cerrar empresas, congelar cuentas, rastrear recursos y cortar las rutas por donde circula el dinero.

Ese cambio importa porque revela cómo entiende Trump la relación con México. La cooperación en seguridad dejó de ser un asunto exclusivamente policial. Hoy también pasa por bancos, empresas, sistemas financieros, intercambio de inteligencia y resultados concretos. No basta con los compromisos políticos; Washington quiere ver estructuras criminales debilitadas y redes económicas desmanteladas.

Todo esto ocurre mientras la revisión del T-MEC avanza bajo un ambiente de creciente presión. En Washington, comercio, migración, seguridad y combate al fentanilo ya forman parte de la misma conversación. Las distintas agencias del gobierno estadounidense parecen trabajar bajo esa lógica.

La señal de este jueves va más allá del CJNG. La administración Trump está utilizando todas las herramientas disponibles para ejercer presión de manera simultánea. No es una suma de decisiones dispersas. Es una estrategia integral en la que el poder financiero, el jurídico, el diplomático y el comercial actúan como un solo frente.

Eso también cambia la forma en que México será evaluado. Ya no bastarán los anuncios ni las reuniones bilaterales. La vara estará puesta en las cuentas congeladas, las empresas intervenidas, las redes financieras desmanteladas y la capacidad real para golpear el patrimonio de los grupos criminales.

Washington dejó de mover una pieza a la vez. Hoy juega toda la mesa. Y México está sentado frente a ella.

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