Trump militariza la economía; México sigue negociando comercio
Hay decisiones que parecen administrativas hasta que se observan completas. Facilitar licencias comerciales para veteranos del Ejército, anunciar casi 10 mil millones de dólares en inversiones para la industria de defensa y reunir a gigantes empresariales como General Dynamics, Lockheed Martin, Boeing, Palantir y Gecko Robotics en una misma cumbre no son hechos aislados…
Son piezas de un mismo proyecto. Donald Trump está reorganizando la economía estadounidense bajo un principio muy claro: todo lo que considere estratégico debe producirse, transportarse y protegerse dentro de Estados Unidos.
La Cumbre de Defensa e Innovación celebrada esta semana en Pensilvania dejó ver hacia dónde se mueve Washington. Acompañado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el senador republicano Dave McCormick, Trump respaldó inversiones millonarias para fortalecer la construcción naval, la inteligencia artificial, la robótica, la manufactura avanzada y la industria militar.
Al mismo tiempo anunció que los veteranos que condujeron camiones pesados durante su servicio podrán obtener con mayor facilidad una Licencia de Conductor Comercial. Parece una medida laboral. En realidad, forma parte de la misma lógica.
No es casual que esa decisión llegue mientras el secretario de Transporte, Sean Duffy, endurece las reglas para el autotransporte, impulsa mayores controles regulatorios y mantiene un discurso especialmente crítico hacia las políticas públicas mexicanas en materia de transporte, comercio y seguridad fronteriza. El mensaje es inequívoco: si un empleo resulta estratégico para la economía estadounidense, la prioridad será que lo ocupe un ciudadano estadounidense.
Ese cambio de paradigma debería llamar la atención en México.
Porque cuando inicie la revisión del T-MEC, Estados Unidos no llegará únicamente con una lista de exigencias comerciales. Llegará con una visión donde el transporte, la logística, la industria, la tecnología, la inteligencia artificial y las cadenas de suministro forman parte de un mismo concepto de seguridad nacional.
Durante décadas, el libre comercio buscó mover mercancías con mayor eficiencia. La estrategia de Trump persigue algo distinto: producir más dentro de casa, depender menos del exterior y reducir cualquier vulnerabilidad económica que pueda convertirse en un problema de seguridad.
Quizá esa sea la principal lección de Pensilvania.
Mientras México sigue preparando argumentos para una negociación comercial, Washington ya cambió el tablero. La economía dejó de ser solamente un asunto de competitividad. Ahora también es una herramienta de poder. Y quien no entienda ese cambio llegará tarde a la próxima negociación bilateral.




