Opinión

Trump da marcha atrás en la lucha climática: menos regulación y más combustibles fósiles

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

La decisión del presidente Donald Trump de revocar la base jurídica que sustenta la regulación climática federal —incluidos los estándares de emisiones vehiculares y límites a centrales eléctricas— marca uno de los movimientos más trascendentes en política ambiental estadunidense en casi dos décadas. 

Este paso cuestiona la arquitectura legal derivada del histórico fallo de 2007 entre el Tribunal Supremo de EE.UU. en Massachusetts vs. la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) que reconoció que los gases de efecto invernadero pueden regularse bajo la Ley de Aire Limpio.

Desde ese precedente, la EPA construyó un andamiaje normativo que permitió imponer límites a las emisiones de vehículos y a plantas generadoras de electricidad. Las administraciones demócratas ampliaron esas reglas; la primera gestión de Trump intentó debilitarlas; y la de Joe Biden las reforzó. 

Lo tangible de esta decisión es que:

         1.      La medida elimina o desactiva estándares federales de emisiones para automóviles y revisa límites para centrales eléctricas.

         2.      Cuestiona la determinación de peligro y restringe a la EPA en la regulación del dióxido de carbono bajo la Ley de Aire Limpio.

         3.      Abre una batalla judicial casi inmediata, con estados y organizaciones ambientales preparando impugnaciones.

         4.      La industria de combustibles fósiles y parte del sector automotriz celebrarán la flexibilización regulatoria.

El argumento de la Casa Blanca se centra en competitividad, costos para consumidores y “excesos regulatorios”. La crítica —expresada con dureza por Barack Obama— es que sin esa base legal “estaremos menos seguros, menos sanos y menos capaces de combatir el cambio climático, todo para que la industria de los combustibles fósiles pueda obtener aún más beneficios”. 

La frase apunta a la salud pública, por la calidad del aire, a la seguridad climática con eventos extremos y a la coherencia de la política energética en un mercado global que acelera la transición.

El movimiento también reordena incentivos industriales. Al relajar estándares, EE.UU. podría desacelerar la electrificación del parque vehicular justo cuando Europa y China empujan metas más estrictas. Ello implica cadenas de suministro, innovación y acceso a mercados que exigen menores huellas de carbono. En el tablero geopolítico, la señal es ambigua: Washington reduce presión doméstica mientras negocia compromisos internacionales.

Lo cierto es que el frente judicial será determinante. Si tribunales sostienen la autoridad regulatoria de la EPA, la revocación podría frenarse o revertirse. Si no, el péndulo regulatorio quedará atado a ciclos políticos, generando incertidumbre para inversión y planificación empresarial. En el corto plazo, se abaratarían algunos costos de cumplimiento; en el mediano, aumentan riesgos sanitarios y climáticos que suelen trasladarse al gasto público.

No se trata de un ajuste técnico, sino de la redefinición del Estado frente al cambio climático. El debate además de ambiental es económico y estratégico. Trump apuesta por competitividad inmediata, pues que las facturas ambiental, sanitaria y diplomática quedan sujetas a tribunales, mercados y a la próxima elección.

PIEZAS SUELTAS

1.- De narco-dron a globo de fiesta

Según reveló The New York Times, el dramático cierre del espacio aéreo en El Paso —atribuido por funcionarios del gobierno de Donald Trump a un supuesto dron de un cártel mexicano— terminó siendo un globo de fiesta iluminado con láser por autoridades estadounidenses: de amenaza narco-tecnológica a decoración aérea en cuestión de horas. El episodio no cancela el debate real sobre el uso de drones por parte del crimen organizado, pero sí exhibe el reflejo alarmista que convierte cualquier objeto volador en prueba de invasión inminente; cuando el enemigo resulta ser un globo, el problema no es el cielo, sino la narrativa.

2.- Cámara de Representantes reprueba aranceles a Canadá

La decisión de la Cámara de Representantes, controlada por republicanos, de rechazar los aranceles de Donald Trump contra Canadá es, sobre todo, un golpe político-simbólico a una de sus banderas económicas. Como apunta The Wall Street Journal, la medida difícilmente revertirá de inmediato la política comercial, pero sí exhibe fisuras dentro del propio partido ante una estrategia que encarece costos y tensiona la relación con un socio clave. Antes de ser una rebelión abierta, se infiere más como una advertencia interna.

3.- Europa asume que relación con Washington cambió…

En la Conferencia de Seguridad de este viernes en Múnich, los líderes europeos llegan con una certeza incómoda: la relación con Estados Unidos ya cambió estructuralmente. Tras el discurso del vicepresidente JD Vance el año pasado y el regreso de Donald Trump al centro de la política estadounidense, las capitales europeas aceleran planes para reducir su dependencia militar y económica de Washington, aunque mantengan gestos diplomáticos para preservar influencia en asuntos como Ucrania. Como lo advirtió el canciller alemán Friedrich Merz, “la nostalgia no resuelve el nuevo escenario, la alianza atlántica persiste, pero la confianza automática se ha erosionado y Europa comienza a actuar en consecuencia”.

Related Posts