Opinión

Sheinbaum entre dos fuegos: la ventana de oportunidad y el riesgo de un mal cálculo

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

El encuentro de este viernes entre la presidenta Claudia Sheinbaum y sus homólogos Donald Trump y Mark Carney ocurre en un tablero sumamente delicado: hay temas urgentes, expectativas desbordadas y —quizá lo más peligroso— ausencia de una agenda bilateral clara y previamente negociada.

El cambio de última hora de la presidenta Sheinbaum, quien decidió acudir al sorteo de la FIFA en el Centro Kennedy, reduce el margen para encuentros formales y deja en el aire la posibilidad de una reunión bilateral sustantiva con el presidente estadounidense.

Un detalle no menor: Trump ya la dejó plantada una vez, en Alberta, Canadá, cuando ella acudió con un equipo completo y una cartera de asuntos prioritarios. Hoy, el escenario es menos estructurado, más impredecible y políticamente más riesgoso.

La ventana de oportunidad existe, pero también la posibilidad de una emboscada diplomática si el republicano decide capitalizar la falta de preparación mexicana o enviar mensajes internos a su electorado sobre comercio, migración o narcotráfico.

T-MEC en la cuerda floja con un intercambio silencioso de capos

La relación bilateral atraviesa uno de sus periodos más sensibles desde la renegociación del T-MEC. Trump declaró públicamente que permitirá que el tratado expire en un año y que buscará un nuevo acuerdo comercial “si México y Canadá no entienden las nuevas reglas”. En otras palabras: amenaza, presión y un espacio de negociación reducido.

Para México, con siete meses consecutivos de salida de capital extranjero y un clima internacional volátil, la certidumbre del T-MEC no es un lujo: es el pilar que sostiene inversión, cadenas de suministro y empleo.

Cualquier gesto, desplante o ausencia de claridad en un encuentro bilateral podría interpretarse como debilidad negociadora y amplificar riesgos económicos.

A este terreno ya complejo se suma el dato publicado por The Wall Street Journal: México y Estados Unidos negocian una tercera entrega de capos para ser trasladados a territorio estadounidense. No se trata de una operación aislada. En febrero de 2025 se enviaron 29 reos de alto perfil; en agosto, otros 26. En total, 55 criminales en dos operaciones logísticas que incluyeron coordinación militar, inteligencia financiera, protocolos médicos y rutas de traslado desde el Altiplano.

El diario sostiene que esas entregas ayudaron a la mandataria mexicana a evitar una eventual intervención estadounidense. Añade que funcionarios de su gabinete habrían temido que, sin esa cooperación, Washington activaría ataques con drones contra laboratorios de fentanilo en territorio nacional. Es decir: la extradición masiva como escudo para frenar la presión militar estadounidense.

La tercera ronda de entregas —ahora en negociación— revienta la narrativa de “soberanía fortalecida” y coloca la reunión de hoy en un contexto aún más delicado: si Trump quiere exhibir control, presionar más o anunciar una “victoria” en seguridad, éste es el momento. Y si Sheinbaum quiere evitar más tensiones, será difícil hacerlo sin ceder algo adicional.

Una reunión que puede ser oportunidad o un error de cálculo

Para México, la oportunidad está en cuatro ejes:

1.    Reconstruir una relación personal con Trump, después del desplante de Alberta. Una química mínima puede contener riesgos mayores.

2.    Asegurar continuidad del T-MEC, aunque sea mediante compromisos preliminares que eviten su expiración automática.

3.    Fijar parámetros negociados sobre seguridad, evitando que la extradición de capos se convierta en moneda de cambio permanente.

4.    Enviar certidumbre a mercados, mostrando que México no llega improvisado.

Pero cada oportunidad tiene su reverso:

Una reunión improvisada puede amplificar la asimetría, exhibir debilidad o permitir que Trump monopolice la narrativa.

La dependencia en las extradiciones de alto perfil abre un patrón riesgoso: si México no entrega suficientes capos, la amenaza de intervención vuelve a la mesa.

Un mal cálculo comunicacional —una frase, un gesto, una ausencia— puede afectar las negociaciones del tratado y acelerar salidas de capital.

En el caso de Mark Carney, la interacción es menos ríspida: el enfoque será económico y climático, con un tono más institucional. Pero Carney no es el problema; el problema es Trump y la falta de preparación bilateral sólida en el momento más sensible del año.

Diplomacia sin margen de error

El encuentro llega en el peor momento para la improvisación. No hay claridad de agenda, no hay anuncio oficial de bilateralidad y no hay confirmación del tiempo exacto que tendrán Sheinbaum y Trump para hablar.

A eso se suma un dato crucial: el republicano utiliza cada interacción internacional como mensaje interno, en plena narrativa sobre control migratorio, seguridad y poder económico.

Si la presidenta Sheinbaum logra un encuentro serio y productivo, podrá presentar avances en comercio y seguridad que den oxígeno a su administración. Si no, Trump podría usar la ocasión para recordarle a México —y al mundo— quién tiene la mano más fuerte en el orbe.

El riesgo está ahí: ganar una foto sin ganar nada más o, peor, perder terreno sin que nadie lo note hasta que sea demasiado tarde.

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