Rompecabezas | Washington sacude la bóveda del mundo
Aún no concluye la primera quincena de 2026 y el presidente Donald Trump ya ha abierto una multiagenda que trasciende la política doméstica y se instala de lleno en el corazón de la arquitectura financiera global.
La revelación de que fiscales estadunidenses investigan penalmente al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, no es un episodio técnico ni un diferendo administrativo: es un choque de poderes con efectos sistémicos inmediatos y con implicaciones profundas para la credibilidad del dólar, la autonomía de los bancos centrales y la estabilidad financiera del orbe.
El impacto fue instantáneo. El dólar, que apenas mostraba señales de recuperación tras episodios previos de tensión geopolítica, se debilitó frente a una canasta de divisas; el oro, activo refugio por excelencia, alcanzó máximos históricos, y los mercados financieros reaccionaron con cautela ante un escenario que introduce un riesgo inusual: la politización explícita de la política monetaria estadounidense. Los inversionistas no reaccionaron a un rumor, sino a una señal institucional de alto voltaje.
El detonante formal de la investigación es el testimonio del propio Powell ante el Congreso sobre un proyecto de renovación del banco central. Sin embargo, se dice en Washington que el trasfondo es más profundo y delicado: Powell acusó al Departamento de Justicia de utilizar la amenaza de un proceso penal como mecanismo de presión para forzar a la Fed a reducir las tasas de interés, alineándolas con las preferencias políticas del Ejecutivo.
La acusación no es menor, pues implica que una de las instituciones diseñadas precisamente para operar al margen de los ciclos electorales estaría siendo empujada a subordinarse a ellos.
Aquí radica la primera gran inquietud global. La independencia de la Fed no es un principio abstracto ni una cortesía institucional; es uno de los pilares que sostienen la confianza en el sistema financiero internacional. Desde hace décadas, los mercados asumen que las decisiones sobre tasas de interés en Estados Unidos responden a diagnósticos técnicos sobre inflación, empleo y estabilidad financiera, no a cálculos políticos de corto plazo. Cuando esa premisa se tambalea, el sistema entero ajusta expectativas.
La reacción del mercado del oro y del dólar es reveladora. No se trata de un voto de castigo ideológico, sino de una cobertura racional ante la incertidumbre. Si la política monetaria se percibe vulnerable a presiones políticas, el valor futuro del dinero se vuelve menos predecible. En ese contexto, los inversionistas buscan refugio en activos que no dependen de la credibilidad de una sola institución o gobierno. El oro sube no porque el mundo espere un colapso inmediato, sino porque el riesgo sistémico ha aumentado.
El conflicto también abre un segundo frente de preocupación: el precedente. La Fed es el banco central más influyente del planeta. Si su presidente, en este caso, Jerome Powell, puede ser sometido a una investigación penal en medio de desacuerdos sobre la política de tasas, el mensaje hacia otros reguladores y autoridades independientes es inquietante.
La línea entre la supervisión legítima y la intimidación política se vuelve difusa. Y cuando esa línea se cruza, la arquitectura institucional que sostiene la estabilidad financiera global comienza a erosionarse.
Las consecuencias no se limitan a Estados Unidos. El dólar sigue siendo la principal moneda de reserva, de comercio y de endeudamiento. De acuerdo con The Wall Street Journal, millones de contratos financieros, desde deuda soberana hasta derivados complejos, están denominados en dólares. Una pérdida de confianza, incluso gradual, en la autonomía de la Fed se traduce en mayor volatilidad cambiaria, en primas de riesgo más altas y en ajustes defensivos por parte de bancos centrales de todo el mundo. Economías emergentes, particularmente aquellas con alta exposición a deuda en dólares, son las primeras en resentir estos movimientos.
Además, este episodio obliga a otros bancos centrales a recalibrar sus estrategias. Cuando la Fed pierde previsibilidad, el resto del sistema pierde anclaje. Autoridades monetarias en Europa, Asia y América Latina deben decidir si priorizan la defensa de sus monedas, el control inflacionario o el crecimiento, en un entorno donde la referencia tradicional —la política monetaria estadounidense— se vuelve políticamente incierta. El resultado es un mundo con políticas menos coordinadas y más defensivas.
En el plano político, el choque Trump–Fed también define el tono del segundo mandato del republicano, a decir del senador republicano Thom Tillis, miembro del Comité Bancario del Senado que examina a los candidatos presidenciales a la Reserva Federal. No se trata de una agenda dispersa, sino de una acumulación de frentes de poder: comercio, seguridad, política exterior y ahora política monetaria.
La Fed aparece como un obstáculo a una estrategia que busca tasas más bajas para estimular la economía y reforzar el atractivo político interno. El costo potencial de esa estrategia, sin embargo, es global.
Powell concluirá formalmente su mandato el 15 de mayo, aunque no está obligado a dejar el cargo de inmediato. Paradójicamente, la presión política podría aumentar las probabilidades de que permanezca, como una forma de resistencia institucional. Pero más allá de los nombres, lo que está en juego es la credibilidad de un sistema que ha funcionado, con tensiones y ajustes, durante décadas.
El conflicto aún está en desarrollo y no hay cargos formales. Sin embargo, el daño reputacional y la inquietud ya están sembrados. Los mercados no esperan sentencias judiciales para ajustar posiciones; reaccionan a señales. Y la señal que emerge de Washington en este inicio de 2026 es clara y preocupante: la política está tocando la puerta del banco central.
No es un escándalo pasajero ni un ruido más del ciclo político estadounidense. Es una advertencia sobre la fragilidad de la arquitectura que sostiene la estabilidad financiera global. Cuando la independencia del banco central más poderoso del mundo se pone en duda, el temblor no se queda en Washington: recorre mercados, monedas y decisiones de política en todo el planeta.
Lo cierto es que el choque entre Donald Trump y la Reserva Federal, detonada por la investigación penal contra Jerome Powell, introduce dudas profundas sobre la independencia monetaria de EE. UU. Esto debilita al dólar, impulsa al oro y genera inquietud global porque pone en riesgo uno de los pilares de la estabilidad financiera internacional… Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro y quien sentó las bases del sistema financiero moderno y la Reserva Federal al proponer y crear First Bank of the United States en 1791, debe estar inquieto en su tumba…
No es un conflicto local: es una señal de riesgo sistémico.




