Opinión

Rompecabezas | México otra vez en la mira: nuevo golpe económico con aranceles de Trump

Por: Mónica García Durán

Las ocurrencias de Donald J. Trump nunca son inocentes. Sus nuevos aranceles —100 por ciento a medicamentos de marca producidos fuera de EEUU y 25 por ciento a camiones pesados importados, incluidos los fabricados en México— llegan justo en la antesala de la renegociación del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). El calendario no es casual: con los plazos de revisión del acuerdo comercial más importante de la región acercándose, Trump coloca a México en una posición vulnerable desde el inicio.

Los camiones pesados: un golpe al corazón del T-MEC

El arancel del 25 por ciento a los vehículos de carga amenaza directamente a la industria automotriz mexicana, uno de los sectores más integrados en la cadena de valor regional. Plantas de Daimler Truck (Freightliner) y Grupo Traton International en México producen miles de unidades para el mercado estadounidense, donde Freightliner controla casi el 40 por ciento del segmento de camiones pesados.

El mensaje es inequívoco: Trump busca que esas inversiones y empleos se trasladen a Estados Unidos. Al encarecer artificialmente la exportación desde México, presiona a las armadoras para reconsiderar su modelo de producción regional, debilitando uno de los pilares que dio origen al TLCAN en 1994 y que el T-MEC intentó actualizar bajo reglas de integración más estrictas.

Mientras tanto, en lo que se infiere como tinte electoral neto, el arancel del 100 por ciento a los medicamentos de marca fabricados fuera de EEUU tiene, en principio, un blanco europeo y asiático. Sin embargo, sus efectos alcanzan también a México, que importa una parte significativa de fármacos especializados. El encarecimiento en la cadena de suministro se traducirá en mayores costos para hospitales y pacientes en nuestro país.

Más allá del impacto económico directo, Trump convierte a la industria farmacéutica en símbolo electoral: promete traer producción a suelo estadounidense, aunque el costo lo paguen aliados y vecinos. En este sentido, los fármacos se convierten en una nueva ficha de negociación comercial, una herramienta de presión en la mesa del T-MEC.

El tratado trilateral fue concebido como un escudo frente a medidas unilaterales y como un marco de certidumbre para inversionistas. Pero Trump, fiel a su estilo, utiliza los aranceles como instrumentos de chantaje político. Ya lo hizo en 2019 cuando amagó con gravar todas las exportaciones mexicanas si no se endurecían las medidas migratorias. Hoy, el guion se repite, pero con los camiones y los medicamentos como protagonistas.

Esto coloca a México en una posición incómoda: cualquier intento de defender el espíritu del T-MEC puede ser respondido con amenazas arancelarias. El riesgo es que la renegociación del acuerdo se desarrolle bajo un clima de presión constante, donde los temas de competitividad y certidumbre jurídica pasen a segundo plano frente a la lógica del “toma y daca” electoral de Washington.

En lo económico, los aranceles se traducen en pérdidas de competitividad y riesgos laborales. Miles de empleos en el sector automotriz, particularmente en el norte del país, dependen de la exportación de camiones pesados. Un arancel del 25% encarecerá estas unidades, desincentivando la producción en México y presionando a las empresas a trasladar operaciones a EE. UU.

En el sector salud, el impacto puede ser menos visible al inicio, pero igualmente grave. El encarecimiento de medicamentos de marca importados afectará a hospitales públicos y privados, y puede agravar el ya existente desabasto en México. Cada dólar extra que se gaste en aranceles es un dólar que no se invertirá en tratamientos, investigación o infraestructura hospitalaria.

Lo evidente es que el mandatario republicano vuelve a poner a México en el centro de su tablero político. Con cada arancel, el presidente estadounidense envía un mensaje doble: presionar a la industria para relocalizarse y recordar a su vecino que cualquier negociación comercial se dará bajo sus reglas. El T-MEC, que debería ser garantía de equilibrio, corre el riesgo de convertirse en rehén de la campaña electoral y del proteccionismo de la Casa Blanca.

El reto para México no está en reaccionar a cada golpe, sino en construir una estrategia que defienda con firmeza el tratado, proteja sus sectores clave y diversifique su economía. Es decir, que su desafío es doble: por un lado, defender el T-MEC como marco de certidumbre y al mismo tiempo diversificar la economía para reducir la vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de Washington.

monique.duran@outlook.com

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