Opinión

Rompecabezas | “Dos países, dos versiones y una misma frontera”

Por: Rompecabezas | Mónica García Durán

Enigma del voto hispano: Donald Trump, encuestas y el peso de los mexicanos en EE.UU.

La política estadunidense se nutre de símbolos y números. Entre ellos, pocos generan tanto ruido como los índices de aprobación presidencial. El caso de Donald Trump, de regreso en la Casa Blanca desde enero de 2025, no es la excepción. Una encuesta reciente de The Economist y YouGov se muestra un repunte significativo en su aprobación entre los votantes hispanos: un salto de diez puntos en un solo mes, pasando de 26% a 36%. Aunque aún se trata de una minoría, el dato resuena en un electorado históricamente inclinado hacia el Partido Demócrata y con un peso decisivo en estados clave.

Lo cierto es que, en la más reciente actualización del sondeo interactivo, en solo 231 días del mandato de Donald Trump, el índice de aprobación neta del presidente es de -14%, 0,3 puntos más que la semana pasada. El 41% lo aprueba, el 55% lo desaprueba y el 3% no está seguro.

Una comunidad diversa y decisiva

Los hispanos en Estados Unidos no son un bloque monolítico. Agrupan a más de 62 millones de personas, según el censo de 2020, con orígenes que van desde México hasta Puerto Rico, Cuba, Centroamérica y Sudamérica. Dentro de este conjunto, los mexicanos representan alrededor del 60%, lo que los convierte en la base más numerosa y políticamente influyente. Su distribución no es homogénea: predominan en estados fronterizos como Texas, California, Arizona y Nuevo México, pero también tienen peso creciente en lugares como Nevada, Colorado, Illinois y, más recientemente, Georgia y Carolina del Norte.

En un artículo publicado por el Newsweek, se señala el viraje registrado en la encuesta que apunta a una realidad compleja: a pesar del discurso antiinmigrante y las políticas restrictivas que Trump ha enarbolado durante años, un sector de votantes hispanos –incluidos mexicanos de tercera o cuarta generación– se siente identificado con valores conservadores, posiciones religiosas y políticas de seguridad fronteriza. Para ellos, la narrativa de “orden” y la crítica al “woke” resultan más atractivas que las promesas de inclusión de los demócratas.

El incremento en la aprobación del presidente Trump entre hispanos no puede explicarse únicamente por razones ideológicas. Hay también factores económicos. Una parte de esta población percibe beneficios en políticas como la reducción de impuestos para pequeñas empresas, los proyectos de infraestructura y hasta en las disputadas medidas arancelarias, que algunos interpretan como mecanismos de protección laboral. La percepción de que “la economía va mejor” pesa tanto o más que los debates sobre migración o derechos civiles.
En paralelo, la inflación y el costo de vida se mantienen como preocupaciones centrales para las familias latinas. La administración Trump ha tratado de capitalizar esa inquietud al presentarse como garante de estabilidad económica, aunque los indicadores macroeconómicos aún muestren volatilidad.

La paradoja de la inmigración

Para los mexicanos radicados en Estados Unidos, el dilema es mayor. Trump construyó buena parte de su carrera política atacando la migración mexicana, desde la promesa del muro en 2016 hasta las redadas masivas de ICE. Sin embargo, la encuesta revela que incluso dentro de esta comunidad existen fisuras. Mientras los inmigrantes de primera generación tienden a rechazar la retórica de Trump, sectores de segunda, tercera o cuarta generación muestran una mayor distancia frente a las causas migratorias. En algunos casos, adoptan posturas más duras contra la migración irregular, alineándose con el discurso republicano.

Esto explica en parte el análisis de expertos como Robert Collins, quien recuerda que no son pocos los hispanos socialmente conservadores que coinciden con Trump en temas como el aborto, la identidad de género o la seguridad fronteriza. En ese segmento, los mexicanos de larga residencia en EE.UU. juegan un papel clave.

Conviene, sin embargo, tomar los resultados con cautela. La volatilidad de las encuestas de aprobación es evidente: en julio Trump tenía apenas 26% de respaldo hispano; en agosto, 36%. Se trata de variaciones que pueden responder tanto a coyunturas mediáticas como a la forma en que se formula la pregunta. Además, el margen de error ronda los tres puntos porcentuales, lo que reduce la contundencia del dato.

Craig Agranoff, analista citado en Newsweek, lo advierte con claridad: es posible que estemos frente a una fluctuación momentánea más que a un cambio estructural. Y, aun si el movimiento es real, no garantiza fidelidad duradera en las urnas de 2026.

Implicaciones políticas para 2026

Para los demócratas, la encuesta es una señal de alerta. Si Trump logra consolidar avances entre los votantes hispanos, la diferencia en distritos clave podría inclinar la balanza. Estados como Nevada, Arizona o Georgia dependen en gran medida del voto latino, particularmente del voto mexicano-estadunidense. Perder ese terreno equivaldría a ceder la Cámara de Representantes y quizá el Senado.

Para Trump y los republicanos, el reto será sostener y ampliar esa base. No basta con un repunte momentáneo: necesitan políticas que convenzan a un electorado diverso, que va desde empresarios de origen cubano en Florida hasta trabajadores agrícolas mexicanos en California. Si logran articular un discurso que combine seguridad económica con valores conservadores, podrían afianzar un realineamiento histórico.

El papel de los mexicanos en EE.UU.

Más allá de las cifras, la pregunta de fondo es qué implica este escenario para los mexicanos radicados en Estados Unidos. La respuesta es doble. Por un lado, confirma que su peso electoral es decisivo y que ninguna fuerza política puede ignorarlos. Por otro, muestra que no existe un “voto mexicano” uniforme: los de reciente llegada se movilizan por causas migratorias, mientras que los de varias generaciones votan con otras prioridades, muchas veces similares a las del electorado blanco conservador.

Este mosaico plantea un desafío para México como país. La relación bilateral se verá inevitablemente condicionada por la manera en que los mexicanos en EE.UU. se posicionen frente a Trump y los republicanos. Un mayor respaldo al discurso duro contra la migración podría limitar la capacidad de presión de México en temas de derechos humanos y protección consular.

El salto en la aprobación de Trump entre hispanos no significa una adhesión incondicional ni un cambio irreversible, pero sí un recordatorio de que este electorado es diverso, estratégico y está en disputa. Para los mexicanos en Estados Unidos, el mensaje es claro: su peso político crece, pero también se fragmenta. Y en esa fragmentación se definirá buena parte de la contienda de 2026. 

monique.duran@outlook.com

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