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Opinión

Otis: urgen sistemas eficientes de protección civil

Por: Simón Vargas Aguilar*

In Principio Erat Verbum

La madrugada del 25 de octubre será difícil de olvidar porque la debacle que produjo Otis no sólo nos recordó el poder de la naturaleza y su volatilidad, sino que, además, nos reiteró de forma cruel que, aunque el cambio climático pareciera uno de los temas más abordados por los líderes y políticos, las acciones implementadas hasta el momento no han logrado transformaciones sustanciales.

Las imágenes de la tragedia nos han dejado una huella profunda: 80 por ciento de los hoteles se encuentran afectados; durante días se perdieron los servicios de electricidad y telefonía, por lo que la comunicación fue escasa o nula; los agricultores vieron deshechos sus cultivos y los pescadores su medio de subsistencia, y se prevén hasta el momento unas 300 mil viviendas con daños parciales o totales, sólo por mencionar algunas de las situaciones a las que se enfrenta Guerrero.

Después de lo atípico del comportamiento de Otis, pero sobre todo a raíz de las acciones previas y posteriores efectuadas por los distintos niveles de gobierno ante la crisis, diversas preguntas han surgido. ¿Por qué no se alertó adecuadamente a la población?, ¿qué factores influyeron para que en 12 horas se pasara de tormenta tropical a huracán categoría 5?, ¿cuál es la razón de los ineficientes protocolos para brindar ayuda a la población? o ¿fue negligencia o desconocimiento?, entre otras.

Es innegable que el comportamiento del huracán sorprendió a los expertos, y Otis será catalogado como un hito para el pacífico en México. Existe una amplia relación entre el cambio climático y la fuerza de los fenómenos naturales, incluso Yale Climate Connections menciona que el calentamiento global influye considerablemente, ya que es absorbido por los océanos y cuando la temperatura aumenta se retiene mayor cantidad de vapor, lo que libera calor: el principal combustible; aunque muchos son los elementos que deben ser analizados.

Para nuestro país el panorama podría volverse complicado. De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza, que estos eventos serán cada vez más frecuentes y México es altamente vulnerable al cambio climático debido a sus condiciones geográficas, económicas y sociales. Y es que un porcentaje importante de la población habita en las zonas costeras, donde también se encuentra gran parte de la riqueza natural.

Sin embargo, lo inédito del evento no exime el hecho de que, lamentablemente, los diferentes niveles de gobierno minimizaran la amenaza y omitieran brindar las recomendaciones adecuadas a la población; se subestimó el impacto y las consecuencias no se hicieron esperar. A las inadecuadas acciones previas, hay que aumentarle la deficiente reacción a la tragedia, la precaria organización, la carencia de procedimientos oportunos, las tareas insuficientes en materia de rescate y la limitada ayuda, que han sumergido a Guerrero en un escenario atacado por la desolación, la angustia y el dolor, donde los saqueos y la indignación se han hecho presentes en un amplio porcentaje de la población.

Cuando una tragedia sucede, buscar responsables es una de las primeras reacciones y posiblemente la más común, pero no consideramos que mucho de lo que enfrentamos sea la consecuencia de décadas de políticas inadecuadas, de falta de presupuesto destinado a la profesionalización de tareas de protección civil, pero sobre la insuficiencia de procedimientos y acciones certeras para desacelerar el cambio climático.

Se requiere escuchar mucho más a la sociedad, principalmente a los jóvenes y, claro, a los líderes comprometidos. Por ejemplo, la Coordinadora de la Defensa de la Transformación, Claudia Sheinbaum Pardo, ha mostrado su preocupación sobre el tema. En 2021, frente a la Cumbre de Líderes sobre el Cambio Climático presentó los siete ejes del programa ambiental de la Ciudad de México, mencionando que para reducir el efecto catastrófico del cambio climático hace falta un nuevo modelo de desarrollo, de educación, salud, acceso al agua y un ambiente sano, los cuales son derechos de las personas, no privilegios.

En muchas ocasiones la emergencia se politiza, más en el panorama electoral en los que nos encontramos; sin embargo, hoy ante las múltiples preguntas que quedan aún sin respuesta y frente a la dolorosa pérdida de vidas y bienes materiales, se requiere empatía, solidaridad y asistencia y claro, acciones radicales porque nuevamente una catástrofe nos recuerda brutalmente que el tiempo corre en nuestra contra.

*Analista en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.

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