Opinión

Musa Verde | Lo difícil ¿Cuántos?

Por: Horacio de la Cueva

Asistí al congreso conjunto de dos sociedades de estudiosos de mamíferos marinos y acuáticos de Latinoamérica y México, Solamac y Somemma, respectivamente, No faltan— tampoco sobran—las presentaciones que hablan de la “recuperación” de alguna especie de mamífero —marino o acuático— que ha pasado o está pasando por riesgos ambientales o antropogénicos que disminuyeron sus poblaciones y pudieran llevarla a la extinción.

Es motivo de celebración que se estén tomando medidas de protección a los organismos para que sigan existiendo en el ecosistema, proveyendo así los bienes necesarios para nuestra salud y supervivencia y que se estén impulsando las modificaciones de la conducta humana, eufemísticamente llamadas manejo de fauna silvestre, para permitir que la especie siga su curso, incluyendo su extinción por causas naturales y no por nuestra explotación de la especie o la destrucción de su hábitat.

¿Qué implica la toma de estas medidas de protección? Primero, que hemos empleado métodos aceptados por la comunidad científica y aprobados por las autoridades a cargo de la protección ambiental para investigar a la especie, su entorno y las causas y tasa de la disminución de su número. Segundo, tenemos un plan asequible, medible, con indicadores y comprobable para implementar y seguir la recuperación de la especie—con oportunidades para lidiar y superar las contingencias naturales y antropogénicas. Tercero, tenemos los recursos humanos y económicos (no sólo en papel) para cumplir con el plan de recuperación. Al final, si todo sale bien, tendremos a la especie y su hábitat en camino a la recuperación. ¿Qué es lo que queremos lograr para la especie, su entorno y nosotros?

Algo que sabemos, dada la caída en los números de la población de las especies, es que algo cambió en el ambiente por lo que la especie no tiene suficientes recursos para mantenerse, o las presiones humanas son tales que le es imposible superarlas. Si somos responsables y queremos que persista la especie y el ambiente, debemos actuar. De lo contrario tendremos un mundo más frágil, o para usar una palabra de moda, menos resiliente.

La suposición más atrevida del proceso de recuperación es que la especie puede llegar a los números del pasado y que el ambiente en que prosperaba aún existe. Todo esto sin que conozcamos realmente ese número pretérito o que tanto ha cambiado el ambiente para restaurarlo a su condición anterior, aún cuando en muchas ocasiones sólo suponemos ese número y ese ambiente. Debería ser un reto y requisito de investigación determinar cuántos organismos pueden existir y la decisión de las poblaciones humanas afectadas y los tomadores de decisiones determinar el número deseable y sostenible y la cantidad de recursos que debemos usar para recuperar y mantener la especie.

Es un reto, un cambio de paradigma y de estrategias de investigación determinar de antemano cuál es el número aceptable y la extensión que ocupará una especie en recuperación. Aquella de la que se habló en el congreso con tanta ilusión. Casi siempre la cuestión más importante es cómo modificamos los comportamientos humanos para que la especie prospere.

El lobo fino de Guadalupe (Arctocephalus townsendi) y el elefante marino del norte (Mirounga angustirostris) son dos pinnípedos —mamíferos marinos carnívoros con aletas que se reproducen en tierra— llevados al borde de la extinción por el uso comercial de su piel y grasa, respectivamente. Estas especies se han recuperado por el aislamiento de isla Guadalupe, donde se reproducen. El elefante marino, más grande que el lobo fino, se ha recuperado más rápidamente, debido a su capacidad para bucear y desplazarse grandes distancias en busca de alimento. El lobo fino tiene una dieta restringida a pulpos y calamares. Con el aumento de la temperatura del océano en sus áreas de alimentación la presa es más escasa. Conocemos el aumento de la población y los cambios en su ambiente de alimentación. ¿Debemos regular su población una vez se acerque al límite de alimento disponible? ¿Cómo compiten nuestras pesquerías por los mismos recursos?

La vaquita (Phocoena sinus), un cetáceo al borde de la extinción, vive en un ambiente donde las pesquerías, legales y furtivas, amenazan su existencia. Conocemos su biología y sus amenazas. Si pudiéramos modificar las artes y costumbres de pesca en el alto golfo de California ¿cuántas vaquitas debe haber para que su población sea viable dadas las condiciones presentes y futuras del golfo de California?

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