Musa Verde | Jóvenes. Ciencia. Presupuesto
Hay un camino seguro, entre muchos otros, para que México prospere: la inversión en las ciencias. Esta inversión debe hacerse sin fijarse mucho si el proyecto científico en sí va a resolver directamente problemas de salud, pobreza, educación, contaminación, cambio climático, huachicol o lo que sea. Eventualmente algunos descubrimientos científicos serán muy redituables. Actualmente dedicamos el 0.17% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) a la ciencia. En 2023 China dedicó el 2.56%, Japón 3.41 y Estados Unidos 3.59 de sus PPIIBB a la ciencia. Estos gobiernos ven a la ciencia como una inversión, no un gasto innecesario. Debo hacer un paréntesis y mencionar que el gobierno de Trump ha recortado significativamente el gasto en las ciencias, sin asumir las consecuencias de esos recortes. Sólo espero que las instituciones federales, las universidades y las investigadoras lo sobrevivan y el trabajo científico pueda regresar a la normalidad.
Ninguna cantidad de subsidios a los más necesitados creará el bienestar, los empleos, conocimiento, creatividad individual y riqueza material e intelectual en la sociedad. Estos beneficios sociales y personales sólo pueden ser generados por las ciencias y las artes, más bien por el trabajo arduo y original de quienes trabajan estos dos quehaceres. También, sólo las ciencias pueden dar lugar a aplicaciones prácticas puede crear riqueza y bienestar.
No niego que la industria, la manufactura, el ensamblaje, las finanzas y el sector primario —agricultura, pesquerías, acuicultura y ganadería— generen empleos y riqueza. La diferencia con las ciencias y las artes es que no crean conceptos u objetos nuevos, sólo aprovechan y explotan aquello que hay a su alrededor, incluyendo los productos de las artes y las ciencias.
El Mundo nos da ejemplos de la redituabilidad de la inversión en las ciencias. La medicina, los teléfonos celulares, los carros eléctricos y hasta los hornos de convección son resultado de investigaciones científicas. Sin cuestionar su historia y políticas actuales podemos listar a China, Corea del Sur y Dinamarca como países que han sabido usar sus recursos primarios para invertirlos en ciencias y emerger como países productores de nuevos conocimientos y tecnologías que han beneficiado, en diferentes medidas, a sus poblaciones. Mientras que países, como México, que no invierten en las ciencias, se mantienen rezagados en la generación de conocimiento y riqueza, con distancias económicas y culturales cada más grandes que cubrir para generar beneficios y riqueza sociales.
¿Qué tiene que ver la juventud con la ciencia y el desarrollo?
Una de mis tareas favoritas cada año es participar en el Taller de Ciencia para Jóvenes que organizamos el personal académico de la UABC, la UNAM y el CICESE. Este año cumplimos con 23 años de talleres, sólo interrumpidos por la pandemia y a pesar de obstáculos financieros múltiples y constantes En este taller seleccionamos a 20 de entre 300 y 400 solicitudes—en épocas de más apoyo a la ciencia eran 40– estudiantes de bachillerato con un promedio mínimo de 8 y menores de 19 años. Estas solicitudes, calificadas por académicos de primer nivel con criterios muy diferentes, se distinguen por su frescura, candor, creatividad, entusiasmo y solidaridad.
Quienes vienen a participar en el taller disfrutan una semana de ciencia a la mexicana, donde conocen que el intelecto, la curiosidad y las preguntas difíciles no tiene fronteras, también conocen cómo se produce ciencia a pesar de las limitaciones presupuestarias y burocráticas de cada institución. Aprenden, indirectamente, que se puede vivir trabajando en la ciencia mexicana y que los campos posibles son muchos y hay lugar para desarrollarse.
Un objetivo último del evento es que algunas de las personas que han participado y participarán en los talleres se incorporen a la ciencias después de haber cursado una licenciatura y un doctorado. ¿Son sueños guajiros?
No lo son. La continuidad en las ciencias y su crecimiento se dan porque se transmite de generación en generación a través de una forma de enseñanza parecida a la de los gremios medievales. Con este conocimiento también viene una evaluación honesta de la condición de la ciencia en México y de las soluciones que provee no sólo a los problemas locales y nacionales, sino también al conocimiento humano. Un presupuesto del 1% del PIB a la ciencia creará riqueza nacional y dará trabajo a las nuevas generaciones que pueden construir un mejor país.




