Opinión

Musa Verde | Especies invasoras

Por: Horacio de la Cueva

Nuestra mejor explicación del origen de la vida es que todo lo vivo —o discutiblemente vivo, los virus— se originaron de un primer ser. La variedad de vida que ha existido y existe es producto de su evolución por selección natural. En estos 3.5 a 4.2 miles de millones de años en que la vida ha existido han aparecido y desaparecido no sólo especies, también taxa (plural de taxón, grupos taxonómicos más amplios, p. ej., géneros, familias y órdenes.

Conocemos los mecanismos que dan origen a especies nuevas pero creo que aún no tenemos un mecanismo aceptado de cómo se originan los taxa superiores. Las evidencias indican que de todas las especies que han evolucionado a través de la historia del planeta sólo el 5% son nuestras contemporáneas. Todas las especies tienen un origen y un momento de extinción.

Las especies han ocupado todos los sitios posibles e increíbles del planeta, creando, a través de la selección natural, “nichos” —espacios híperdimensionales— en los cuales vivir y evolucionar. Ahora sabemos que hay vida en las rocas, en profundidades abisales y en altas temperaturas. Si hay fuentes energía disponibles, la selección natural hallará, ciegamente, la forma de explotarlas.

Nuestra vida está rodeada de plantas, animales, hongos y otros seres vivos de los cuales dependemos, junto con el clima, las corrientes marinas y los ciclos de agua, nitrógeno, etc., para el flujo de energía —alimento— y nuestro bienestar. Para que el flujo de energía y el bienestar continúen debemos permitir y asegurar que no estemos perturbando permanente e irremediablemente estos flujos y los procesos de selección natural.

Esto no quiere decir que regresemos a una era dorada donde vivíamos en armonía con la naturaleza. Este estado nunca existió; todo organismo modifica su ambiente para sobrevivir.

Sí implica que hemos tenido una huella grande y medible sobre el planeta. Actualmente, nuestra preocupación más visible es el cambio climático que influye negativamente nuestras vidas. En 2025 el número de partículas en suspensión en el aire por incendios forestales a causa del cambio climático superará al año récord, 2024. Partículas con daños inmediatos y a largo plazo a nuestra salud y la ambiental.

Hay otro riesgo a los flujos de energía y el bienestar que provocamos, la invasión de especies a ecosistemas que no están adaptados para incorporarlas al flujo normal de energía. La llegada de especies nuevas a un ecosistema es un proceso natural sujeto a competencia y disponibilidad de recursos, las invasiones no. Sirva de ilustración el movimiento de especies que acompaña a los períodos glaciales e interglaciales.

Hay una rama de la ecología dedicada a lista llegada de especies a nuevos sitios aislados, la biogeografía de islas. Nos ayuda a predecir cuántas especies debe haber en la isla una vez que está en “equilibrio”.

Son las especies originarias de otros lugares, climas y ambientes que hemos acarreado, voluntaria o accidentalmente que alteran el flujo de energía, traduciéndose en el desplazamiento de especies con funciones equivalentes, cómo fotosíntesis o depredación.

Estos desplazamientos se dan por que las especies invasoras no tienen enemigos naturales y aprovechan mejor la energía. En nuestro mediterráneo los pastos y avenas europeos han desplazado a hierbas y arbustos afectando la periodicidad de los incendios, una característica esencial para el flujo de energía y la salud de este ecosistema.

Las especies invasoras más conocidas y combatidas son las que han llegado a islas oceánicas —islas que petéritamente no estuvieron conectadas a algún continente. Las especies nativas a estas islas no tienen enemigos naturales, así que cuando introducimos deliberada o accidentalmente una o más especies, estas invasoras, ¡o nosotros!, pueden acabar con la fauna nativa.

Nosotros acabamos con el Dodo, un ave que no volaba, en la isla de Mauritania. Los perros, burros, gatos, ratas, ratones, borregos, plantas y etc. que hemos introducido a un sinfín de islas han diezmado o extinguido especies nativas.

Debemos evitar, con protocolos de bioseguridad, la llegada de especies invasoras; llegan como polizontes en contenedores, barcos y otros transportes.

También debemos eliminar a las especies invasoras en islas. Las islas son ecosistemas más sencillos que los continentales y un experimento de evolución natural donde hemos aprendido mucho. Ambos son razones suficientes para liberarlos de especies invasoras, además de proteger y conservar especies únicas.

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