Musa Verde | De virus y cosas peores
En las últimas semanas los virus han acaparado los encabezados de noticieros y periódicos. El primero fue el hantavirus, generalmente transmitido a través de la orina o las heces de roedores, con pocas transmisiones de persona a persona. Los casos de primeras plana son de esos pocos casos. La variedad andina, que contaminó al paciente cero de este brote, sí puede ser transmitida de persona a persona, siempre y cuando estén cercanas.
Este brote fue en el crucero MV Hondius, un crucero naturalista. Se trataba de visitar sitios para encuentros con la naturaleza y conocer más especies. Este es el caso del paciente cero, un holandés que, junto con su esposa, acudió a observar aves a sitios en Chile y Argentina, incluyendo tiraderos con roedores infectados con hantavirus. Puedo suponer que la finalidad de estas visitas era agregar nuevas especies a su life list, en la que se apuntan las aves que se observan o escuchan durante toda la vida. Fueron las últimas aves de su lista: murió por hantavirus en el crucero.
El crucero era el mejor lugar para el virus. En los camarotes y áreas comunes del crucero, el aire circula impulsado a través de un sistema de ductos. Dudo que los camarotes de los huéspedes tengan claraboyas que abran al mar abierto; sus instalaciones médicas no están preparadas para atender estas situaciones.
El equipo médico a bordo y un especialista que abordó hicieron lo posible para aislar a la tripulación y pasajeros. Debían desembarcar a pasajeros y tripulantes para un mejor monitoreo y tratamiento. España ofreció abrigo en Tenerife, Islas Canarias; la Organización Mundial de la Salud dio seguimiento al proceso de desembarco. Todos los desembarcados están en cuarentena, pues el virus tiene un tiempo de cultivo de unos 42 días; han surgido otras personas infectadas, todas bajo control. La probabilidad de que este brote se convierta en una pandemia es poco probable: tiene una transmisibilidad relativamente baja. Dependemos de la capacidad de seguir los pasos de las personas que desembarcaron en condición supuestamente saludable después de que el paciente cero abordara y se manifestara su infección.
Mientras se acercaba el MV Hondius a las Canarias, empezaron a surgir noticias sobre la irrupción del ébola causada por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo y Uganda. El ébola es una enfermedad mortal, y el contacto mínimo sin la protección adecuada garantiza la infección; su transmisión es rápida y mortal. Vivimos bajo la ilusión de que, por suceder en África, estamos libres de contraer ébola. Hay casos de médicos que, apoyando a pacientes, han llegado infectados a Francia y han sido tratados médicamente. La propagación del SARS-CoV-2 a través de viajeros globales, creando la pandemia de COVID-19, es una lección que no debemos olvidar: no queremos que el ébola siga ese curso.
El sarampión, de transmisión rápida y efectiva, puede ser mortal. Reaparece en el mundo ya que el número de personas vacunadas bajó, rompiendo el efecto rebaño, por el cual, con la vacunación del 95 % de la población, la probabilidad de transmisión es casi cero. El nivel de vacunación ha bajado por dos malas razones. La primera: un mito infundado de que las vacunas infantiles causan autismo. El síndrome autista tiene muchas causas; las vacunas no son una. La segunda es que las campañas de vacunación perdieron presupuesto y visibilidad. La campaña de vacunación actual está buscando a todos los menores de 60 años para vacunarlos; así podremos prevenir que el sarampión persista en las poblaciones.
¿Qué es peor que los virus? La falta de vacunas y su inaccesibilidad cuando las vacunas existen. Con la pandemia de COVID-19 se pudo probar que es posible desarrollar y poner a disposición de todos las vacunas que la previenen; se prometió que habría acceso universal a las vacunas, pero estas rara vez llegaron a los países más pobres del mundo, quedando sus habitantes a merced del control de la pandemia en los países de ingresos altos y medios, como México. Antes del regreso de Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América, sabíamos que la investigación y producción de vacunas que no afectan a la sociedad —blanca— de ese país no era prioridad.
Uso el pretérito porque, con el nuevo y obtuso secretario de salud y servicios sociales, Robert F. Kennedy Jr., la actitud antievidencia sobre vacunas y ciencia permea a ese gobierno, abandonando la investigación en medicina y ciencias que nos mejoran la vida a todos. Peor que los virus es no querer controlarlos.




