Opinión

Mundial en la pantalla, Cuba en la mira

Por: Mónica García-Durán | Rompecabezas

Mientras México y buena parte del continente siguen el Mundial, en Washington Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, vuelven a apretar el cerco sobre Cuba. Esta semana el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado sancionaron a Annalie Lilliam Rueda Cardero —nuera de Raúl Castro y esposa de Alejandro Castro Espín— y a cinco empresas cubanas: Almacenes Universales, Rafin, Banco Financiero Internacional, Geominera y la siderúrgica José Martí, todas señaladas por su vínculo con el conglomerado militar GAESA.

La decisión no es menor ni casual. Rubio, hijo de exiliados cubanos y pieza clave del endurecimiento hacia La Habana, busca pegar donde más duele: las finanzas, la logística y la estructura empresarial que sostiene al régimen de Miguel Díaz-Canel y al viejo aparato construido por Raúl Castro. Washington vende la medida como un golpe contra la represión; La Habana, con Bruno Rodríguez al frente de la cancillería, la presenta como otra vuelta de tuerca al bloqueo. Entre ambos relatos queda la misma pregunta de siempre: quién paga realmente la factura.

Porque el castrismo ha demostrado una notable capacidad para administrar el asedio y convertirlo en discurso de resistencia. La población cubana, en cambio, sigue atrapada entre apagones, escasez, fuga y una economía exhausta. Ahí está el punto incómodo de esta historia: Trump castiga a la cúpula, Rubio endurece el expediente y Díaz-Canel se atrinchera, pero el golpe cotidiano vuelve a caer sobre una isla donde la crisis ya dejó de ser noticia para convertirse en rutina.

El Mundial pone la música. Washington, otra vez, marca el paso.

PIEZAS SUELTAS

México y España: las paces también sirven para hacer negocios

La reunión entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI la tarde de hoy jueves no es nada más una foto diplomática para la colección. Es, sobre todo, una señal de que México y España quieren bajarle al ruido y retomar una relación que en el sexenio pasado se tensó de más.

La herida ahí seguía. Los desplantes del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, sus reclamos a la Corona y el congelamiento político dejaron una relación incómoda, rara, como en pausa. Pero el contexto mundial no está para caprichos ni pleitos viejos. Hay guerras, aranceles, mercados temblando y una economía global que obliga a moverse con más cabeza.

Por eso esta cita importa. México necesita inversión, certidumbre y aliados fuera de la órbita de Washington. España, por su parte, quiere cuidar su peso económico en un país que sigue siendo clave para Europa y para América del Norte.

La foto vale, sí. Pero más vale lo que venga después: menos ideología, menos resabio y más negocio.

Trump rompe la mesa y exhibe las grietas republicanas

Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe: patear la mesa cuando el juego deja de girar a su favor. Lo que en el Capitolio querían vender como un raro logro bipartidista, republicanos y demócratas, rumbo al verano terminó convertido en otra escena de disciplina por la fuerza, reclamos y lealtades a prueba de humillación pública.

El pleito con el congresista Bill Cassidy no fue una anécdota. Fue la señal de fondo: hay republicanos incómodos con tragarse, sin chistar, la opacidad sobre Irán, el gasto militar que viene y la obsesión de Trump con la Ley SAVE. El presidente no fue al Senado a construir acuerdos; fue a pasar lista, cobrar facturas y recordar quién manda en el partido.

El problema para los republicanos en el Congreso es que cada vez que intentan presumir gobernabilidad, Trump les revienta la vitrina. Y así, entre berrinches, amenazas y exigencias de obediencia, el partido vuelve a parecer menos una bancada y más una corte.

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