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Opinión

Miami se escribe con eme de mafia

Por: José Steinsleger

Uno. Algunos politólogos y sociólogos de Cuba creen que el control de la ultraderecha en los votos del estado de Florida sería “un mito”. Idea que durante la presidencia del demócrata Barack Obama (2009-17), guardaba una rara mezcla de lógica y esperanza.

Dos. Luego, la golondrina que no hizo verano. Cosa que el comisario Hubert Arturo Acevedo entrevió a inicios de 2021, tras ser nombrado jefe de la policía de Miami. Nacido en Cuba y con impecable hoja de servicios en Austin y Houston, el cándido Art comentó en una reunión informal: “Miami está dirigida por la mafia cubana”. Y entre sus primeras medidas solicitó, formalmente, que se investigue a tres concejales de la ciudad.

Tres. Pobre Art. Acusado de “comunista” por los medios, el defensor del orden y la ley refutó en patética rueda de prensa: “Si alguien me dice que soy socialista, que se atreva a decírmelo en la cara. Yo soy un gusano, de familia gusana y siempre me opondré al socialismo”.

Cuatro. Inútil. Francis X. Suárez, el alcalde de Miami (en ejercicio), lo suspendió seis meses, diciendo: “Acevedo tiene las calificaciones para el cargo, “…su personalidad y estilo de liderazgo eran incompatibles en la estructura del gobierno de la ciudad” (sic). Por ejemplo, su solidaridad con la familia de George Floyd, asesinado por un policía blanco de Mineápolis, o por pedir mayor control de armas de fuego.

Cinco. Brochazos de historia. En septiembre de 1933, el sargento Fulgencio Batista lideró en Cuba un golpe de Estado, y en un abrir y cerrar de ojos apareció en la isla el temible Lucky Luciano, jefe de jefes de las mafias estadunidenses. Según Batista, Cuba estaba “en trance de convertirse en una república soviética” (sic, Paradojismo, Cuba: víctima de las contradicciones internacionales, Ed. Botas, México, 1965), y esto lo llevó a la represión contra los líderes sindicales de las centrales azucareras.

Seis. En el decenio de 1940, Cuba se convirtió en el mayor centro financiero de lavado de fortunas ilícitas provenientes de Estados Unidos, creándose un conjunto de instituciones bancarias y financieras, con más de 50 bancos y 200 sucursales legales hacia una economía de servicios.

Siete. Simultáneamente, tomaba forma el esquema de dominio entre la mafia estadunidense y los servicios de inteligencia de Estados Unidos. En 1942, por ejemplo, el presidente Franklin D. Roosevelt entregó esa misión a Meyer Lansky (lugarteniente de Luciano), por su cercanía con Batista.

Ocho. El maridaje entre Washington y las familias de la mafia instaladas en La Habana fue acuciosamente investigado en 1950-51 por una comisión del Senado presidida por el demócrata Estes Kefauver. La comisión dio cuenta de una “conspiración monstruosa y ultrajante”, probando que Miami, Tampa y Nueva Orelans eran las ciudades más afectadas por una indisoluble trinidad de intereses: crimen organizado, negocios y política.

Nueve. “No había en el sur de Florida, ni siquiera en Estados Unidos, lugar tan impune para las operaciones, como Cuba”, observó el senador Kefauver. Pero sus descubrimientos quedaron en agua de borrajas, a través de un dilatado proceso manipulado en las más altas instancias. Hasta que llegó el comandante y mandó a parar.

Diez. El 1º de enero de 1959, con 17 millones de dólares del tesoro nacional, aterrizó en Miami el primer terrorista cubano: Rolando Masferrer (1918-75). Fortuna que le permitió organizar La Rosa Blanca, primera organización contrarevolucionaria del exilio, y matriz de grupos como Cuba Libre, Alpha 66, Movimiento 30 de Noviembre, Hermanos al Rescate, etcétera.

Once. Como en el sudeste asiático, los políticos derechistas de Washington forjaron una alianza entre la CIA y el crimen organizado en el sur de Florida. Y así nació el próspero y multimillonario negocio de la “lucha por la libertad”, en el que, indistintamente, terroristas cubanos y republicanos o demócratas fueron controlando, gradualmente, la política exterior estadunidense (casos Watergate, fraude comicial en Florida que dio la presidencia a George W. Bush en 2000, y buena parte de los golpes derechistas de América Central y el Caribe).

Doce. Durante 65 años, el tema de Cuba ha servido para promover carreras de políticos que encandilan a sus votantes para que crean que el fantasma de Fidel aún los persigue en el sur de Florida.

Trece. De 538 delegados en el Colegio Electoral estadunidense, California y Texas tienen 58 y 38, y 29 Florida y Nueva York. En noviembre de 2020, Trump dijo: “Si tenemos Florida”. Con lo cual, la interrogante acerca del “mito”, vuelve por sus fueros: ¿las mafias son grupos marginales del sistema capitalista o agru paciones funcionales del poder real?

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