Los silbidos que Trump no pudo tapar
Donald Trump llegó al MetLife Stadium como llegan los hombres acostumbrados a controlar la escena: rodeado de seguridad, cámaras y poder. Pero el estadio le devolvió algo que no estaba en el guion. Silbidos. Muchos. Una reacción incómoda, espontánea, imposible de maquillar con protocolo.
No fue una derrota política. Tampoco un plebiscito. Trump salió del estadio con las mismas facultades, la misma agenda y la misma capacidad para imponer condiciones a aliados y adversarios. Pero el momento importó porque exhibió algo que la Casa Blanca intenta disimular: Estados Unidos sigue profundamente dividido, incluso cuando presume músculo ante el mundo.
Y Trump tiene demasiadas cartas abiertas. Migración, deportaciones, aranceles, presión comercial, Ucrania, Medio Oriente, China, la relación con México y la revisión del T-MEC. En cada frente apuesta alto, amenaza con romper la mesa y obliga a los demás a reaccionar. El problema es que, mientras proyecta fuerza afuera, acumula desgaste adentro.
Eso fue lo que se escuchó en Nueva Jersey. No solo rechazo a un hombre, sino cansancio frente a una forma de gobernar que convierte todo en confrontación. Trump domina la conversación, sí. Pero dominarla no significa ganarla.
Claudia Sheinbaum y Mark Carney pasaron casi inadvertidos. Trump, en cambio, absorbió toda la atención. Para bien y para mal. Esa es su ventaja y también su condena: nadie ocupa tanto espacio, pero nadie concentra tanto rechazo.
Los silbidos no le quitaron poder. Le recordaron que el poder también tiene costo. Y que ni siquiera en una final del Mundial, con el planeta mirando, pudo construir la imagen de unidad que quería vender. El estadio no cambió la política de Estados Unidos. Solo rompió, durante unos segundos, la escenografía. Y dejó que el ruido de la calle también entrara, sin invitación, al palco presidencial.
PIEZAS SUELTAS
La sentencia de “El Mayo” abre un nuevo frente para México
La reunión privada que sostuvieron este domingo Donald Trump y Claudia Sheinbaum, al concluir la final de la Copa del Mundo, ocurre en un momento especialmente delicado para la relación entre México y Estados Unidos. Aunque no se conoce el contenido de esa conversación, este lunes un juez federal en Nueva York dictará sentencia contra Ismael “El Mayo” Zambada.
Pero el tema ya no es sólo el destino del fundador del Cártel de Sinaloa.
En el memorando presentado ante la Corte, la Fiscalía estadounidense sostiene que esa organización pagó millones de dólares en sobornos a policías, militares, funcionarios y políticos mexicanos para operar durante años sin interferencias. El documento no identifica a personas específicas ni formula acusaciones contra servidores públicos en particular, pero deja claro que la investigación no termina con la condena del capo.
En ese mismo contexto, Derek Maltz, ex alto funcionario de la DEA, publicó un mensaje en el que afirmó que, para derrotar a los cárteles, también deben responder ante la justicia los funcionarios y políticos corruptos que los protegieron y facilitaron sus operaciones. Aunque se trata de una opinión personal y no de una postura oficial del gobierno estadounidense, coincide con la línea que hoy sostienen los fiscales federales.
La sentencia de “El Mayo” puede convertirse en el inicio de una nueva etapa. Si aparecen nuevos testimonios o pruebas, la presión ya no se concentrará únicamente en los líderes del narcotráfico, sino también en las presuntas redes de corrupción que hicieron posible su permanencia durante décadas.




